Vitaminas para los niños: en busca de un delicado equilibrio

Vitaminas para los niños: en busca de un delicado equilibrio

Última actualización: 16-10-2018.  

Las vitaminas son micronutrientes necesarios para el organismo, sobre todo para los niños, dado que durante sus primeros años están creciendo a gran velocidad, tanto física como cognitivamente.

Estas sustancias bioquímicas esenciales son las protagonistas de miles de reacciones químicas que se dan durante la etapa infantil.

Todas, excepto la vitamina D, que es fabricada por el propio cuerpo, se ingieren por medio de los alimentos, por lo que una dieta sana y equilibrada es esencial para aprovechar estos compuestos orgánicos.

Cada alimento contiene más de una vitamina, pero no todas, por lo que es necesario mantener una dieta variada, que contenga los seis grupos esenciales para el organismo: frutas, vegetales, proteínas, granos integrales, lácteos y grasas saludables.

La ingesta diaria de una alimentación correcta, aseguraría que nuestros niños tomasen las vitaminas que necesitan para su normal desarrollo, pero lamentablemente son pocos los pequeños que comen de todo.

Como niños que son piden lo que les produce más placer, como son las comidas azucaradas, procesadas e industrializadas, cargadas de conservantes y grasas saturadas.

Así como los infantes prefieren este tipo de productos, también pueden llegar a rechazar y hasta desarrollar fobias por alimentos naturales o procesados en casa, como sopas, ensaladas, jugos o compotas; de esta manera se va presentado un desequilibrio nutricional que puede llevar a tener niños malnutridos.

En caso de no recibir una dieta adecuada, los suplementos vitamínicos pueden resultar beneficiosos para su progreso, siempre y cuando no sirvan como sustituto de las comidas.

Hay que recordar que los nutrientes provenientes directamente de la dieta diaria son mejor absorbidos por el organismo que los de los suplementos.

La incorporación de multivitamínicos en la alimentación de los pequeños, siempre debe ser recomendada por un profesional de la salud, en especial su médico pediatra.

El momento para tomar suplementos

Las vitaminas son elementos importantes para la totalidad de las necesidades nutricionales del niño.

El cuerpo necesita estas vitaminas solo en pequeñas cantidades y en una dieta balanceada están presentes en cantidades suficientes. Así, en la edad escolar, los suplementos raramente son necesarios.

Sin embargo, en el caso de algunos infantes, los pediatras pueden recomendar un aditamento diario.

Debe considerarse el uso de un suplemento vitamínico si su hijo tiene poco apetito o hábitos alimenticios irregulares, o si consume una dieta altamente selectiva (por ejemplo, una dieta vegetariana que no contiene productos lácteos).

Los comprimidos masticables están disponibles para niños que tienen dificultad para tragar pastillas.

En estos casos la solución correcta sería suplementar al pequeño sólo con las vitaminas que no ingiera por medio de la comida, para paliar las posibles deficiencias que puedan acarrear el no seguir una dieta variada o el no tomar determinados alimentos esenciales, como puede ser no tomar frutas o verduras, algo muy común.

Por lo general, los suplementos de venta libre son seguros; sin embargo, son medicinas. Si se toman en cantidades excesivas (en comprimidos, cápsulas o en combinación con otros complementos), especialmente los que contienen las vitaminas liposolubles (A, D, E y K) pueden ser tóxicos.

Los científicos han encontrado que en algunas situaciones y enfermedades especiales, los suplementos vitamínicos pueden ser un factor importante para la salud.

Mención aparte merece el caso de los recién nacidos que son amamantado y cuya madre es vegetariana.

Aunque la lactancia materna aporta todos los nutrientes que necesita el bebé, únicamente las madres vegetarianas estrictas producen una leche sin vitamina B12, imprescindible para la formación de la sangre del bebé y, por este motivo, es importante que estos lactantes reciban un suplemento de vitamina B12 durante el periodo de lactancia.

Reiteramos que siempre hay que consultar al pediatra antes de administrar suplementos a su hijo.

Nunca se debe dejar un frasco de vitaminas sobre la mesa, como si se tratara de un condimento como la sal o la pimienta; tomar vitaminas es algo que debe hacerse cuidadosamente.

Vitaminas esenciales en la nutrición del niño

Todas las vitaminas son importantes en cualquier etapa, ya sea en la infancia, adolescencia o en la vejez, pero es cierto que hay determinadas vitaminas que tienen más protagonismo en la etapa infantil y que nuestros pequeños deben tener siempre en los niveles recomendados.

A continuación se indican algunas que son necesarias para que los niños crezcan normalmente y algunos alimentos que los contienen.

Vitamina A. Abunda en los vegetales anaranjados como la calabaza o la zanahoria, además de los de hojas verde, lácteos y pescados. Es muy importante para el desarrollo de unos huesos y dientes sanos, sin olvidar que contribuye a mejorar la visión y la piel.

Es una vitamina del grupo liposoluble. que favorece la resistencia a las infecciones y es necesaria en el proceso de crecimiento de los huesos.

Se obtiene a través de los alimentos de origen animal (huevo, lácteos, hígado).

Los vegetales de hoja verde como las espinacas o de coloración anaranjada (zanahoria, calabaza, melocotón, naranja) son ricos en betacarotenos, una provitamina que una vez ingerida se transforma en vitamina A.

Para cubrir las necesidades diarias basta con incluir en la dieta vegetales, huevo y lácteos enteros.

Cómo aprovecharla: se absorbe más si se consume junto a grasas saludables como pueden ser el aceite de oliva, las nueces o pescado azul como caballa y sardinas (si el niño tiene más de 18 meses de edad).

Por eso se recomienda aliñar las verduras con aceite de oliva virgen, servirlas como guarnición de pescados o carnes o acompañarlas en las ensaladas con frutos secos (desde los 3 años).

Complejo B. Es un grupo de siete vitaminas hidrosolubles: B1, B2, B3, B5, B6, B8, B9 y B12. Gracias a ellas el organismo obtiene la energía que necesita a diario, crece a buen ritmo y mantiene sanos los músculos, el sistema nervioso y las mucosas.

Dónde se encuentran: están en los cereales (sobre todo en los integrales y en los que desayunan los niños, enriquecidos con ellas). Otros alimentos que también las contienen son el huevo, las legumbres, la carne, las espinacas y las frutas.

Cómo aprovecharlas: la lactosa, un azúcar contenido en la leche, ayuda a que el organismo absorba mejor la vitamina B. Por esta razón conviene que en el desayuno ofrezcas los cereales al niño con un vaso de leche o con yogur.

También puedes acompañar los platos de huevo o los de espinacas con una salsa bechamel y mezclar las frutas con leche para que tu hijo se las tome en batido.

Otra idea acertada es mezclar los alimentos que son ricos en vitamina B12 como el pescado, la carne, la leche o los huevos, con los que son ricos en ácido fólico o B9 (vegetales verdes y las legumbres), ya que la primera potencia la absorción de la segunda.

Vitamina C. Participa en la actividad de las células que forman parte del sistema de defensas del organismo. También ayuda a cicatrizar las heridas y a reducir los síntomas de las reacciones alérgicas.

Dónde se encuentra: principalmente en las verduras y frutas. Son muy ricos en ella los cítricos como naranja, mandarina, el kiwi, la piña, el tomate, los pimientos, las espinacas y las coles.

Cómo aprovecharla: se trata de una vitamina muy sensible a la luz y al calor, por eso hay que protegerla de estos dos elementos.

Para aprovechar mejor todas sus propiedades es recomendable tomar la fruta cruda o en zumo (si es envasado mira que no lleve azúcar añadido).

Otro consejo es que los alimentos ricos en vitamina C se  consuman junto a los de alto contenido en hierro, ya que potencia la absorción de este mineral. Para lograrlo, acompaña la carne o el pescado con ensalada de tomate y ofrécele de postre un cítrico.

Vitamina D. Una vitamina liposoluble que mantiene sanos los huesos y los músculos y contribuye al crecimiento del niño; gracias a ella, el organismo absorbe el calcio y lo deposita en los huesos para que se desarrollen y se hagan fuertes.

Dónde se encuentra: se puede obtener a través de los rayos solares y también de determinados alimentos como el huevo, los lácteos enteros (la leche, la mantequilla) y el pescado azul (caballa, salmón).

Cómo aprovecharla: los lácteos incluyen una combinación perfecta: vitamina D y calcio; la primera favorece la absorción del segundo.

Vitamina E. Se trata de una vitamina liposoluble que protege las células y evita que se oxiden, por lo que tiene un efecto protector frente a algunas enfermedades, como los trastornos cardiovasculares.

Dónde se encuentra: son una fuente muy importante de vitamina E el aceite de oliva y los frutos secos (nueces, avellanas, almendras). Hay otros alimentos como la yema de huevo que también la contienen, aunque en menor cantidad.

Cómo aprovecharla: lo ideal es mezclarla con alimentos ricos en vitamina A (zanahoria, calabaza, verduras verdes), ya  que favorece la absorción de esta.

Utiliza siempre aceite de oliva virgen para aliñar las ensaladas o cuando prepares los purés de tu hijo. No frías nada con él.

Los expertos no se ponen de acuerdo

Los expertos no se ponen de acuerdo sobre si es o no  apropiado dar un suplemento de vitaminas y minerales diariamente a los niños.

La Academia estadounidense de pediatría, por ejemplo, aconseja darlo sólo cuando el pediatra lo recomiende, porque existen ya muchos alimentos enriquecidos con vitaminas, y la mayoría de los niños no necesita un suplemento.

Sin embargo, también afirman que un suplemento vitamínico no le hará daño al niño, siempre que no exceda la cantidad diaria recomendada de cada vitamina y mineral.

Otros expertos aseguran que este suplemento es una buena forma de asegurarte de que tu hijo obtenga suficientes vitaminas y minerales, en caso de que no las haya obtenido a través de su alimentación ese día.

¿En qué coinciden los expertos? Algunos niños (vegetarianos o con sensibilidad a ciertos alimentos, por ejemplo), quizá necesiten un suplemento de vitaminas y minerales para  asegurar que cuentan con la dosis recomendada al día.

Los complementos no sustituyen una buena comida y nunca deben utilizarse para justificar una dieta poco equilibrada. Si tu hijo no come bien, intenta siempre mejorar sus hábitos alimenticios, y comienza desde su más temprana edad.

El  peligro para los niños

Según explica la pediatra y nutricionista Kismet Encarnación Cordero, las vitaminas son esenciales para el buen funcionamiento del organismo, sobre todo durante el crecimiento a lo largo de la infancia, ya que se necesitan miles de reacciones químicas para que su desarrollo celular  se realice con normalidad.

Encarnación asegura que la carencia de vitaminas puede producir enfermedades concretas, que prácticamente ya están erradicadas en el mundo civilizado.

Así, la carencia de vitamina C produce el escorbuto; la falta de vitamina K da lugar a hemorragias y la deficiencia de vitamina D conduce al raquitismo.

Resalta que un niño con una alimentación variada y equilibrada no necesita suplementos de vitaminas, por eso es tan importante asegurarse de que al tomarlos no lo haga  en forma desproporcionada.

Un abuso de vitaminas puede resultar perjudicial, si tenemos en cuenta que las características de los dos tipos de vitaminas: hidrosolubles y liposolubles.

En las primeras, el sobrante que queda en el organismo se elimina por la orina, mientras que las liposolubles son las que se disuelven en grasas y no se desechan sino que se depositan en el hígado, por lo que un exceso puede resultar tóxico.

Tanto la carencia como el exceso de vitaminas en el organismo pueden conducir a toxicidades e incluso a lesiones cardiovasculares y de riñón, además de afectar al crecimiento y de producir problemas como la osteoporosis, la anemia y un sistema inmunitario debilitado.

Ofrecer comida poco saludable un día, en una fiesta o en las vacaciones, es algo que no afecta la salud, pero cuando continuamente se evaden las recomendaciones nutricionales, pueden observarse problemas de diversa índole.

Vitaminas y buena salud

Contrario a lo que plantean algunos mitos populares, las vitaminas no abren el apetito, pero permiten el buen funcionamiento del organismo porque actúan como catalizadores de los procesos químicos y funcionan como antioxidantes.

El déficit de determinadas vitaminas puede tener diferentes efectos negativos en la salud de su hijo, mas debe ser su pediatra el que determine mediante análisis de laboratorio y examen físico si alguna dolencia manifestada por el niño tiene su origen en esta carencia.

Aquí le ofrecemos algunas consecuencias conocidas de la avitaminosis:

Falta de vitamina A: produce problemas de visión y en la piel. Su exceso, sin embargo, tampoco es deseable, ya que puede producir problemas óseos y de coagulación.

Falta de vitamina D: produce raquitismo y otros problemas en la fijación del calcio en los huesos y dientes, aumentando el riesgo de caries.

Aunque en general la avitaminosis se ve en raras ocasiones, la vitamina D es una de las que más problemas suele acarrear en la infancia, debido a su estrecha relación con el crecimiento.

Falta de vitamina E: puede ocasionar anemia hemolítica y problemas en el funcionamiento de los músculos. Debido a esto los niños pueden sentirse cansados y bajos de energía.

Falta de vitamina K: dada su capacidad antihemorrágica, su déficit implica un aumento en las hemorragias y problemas de coagulación. Es importantísima para que las heridas se cicatricen.

Falta de vitamina C: su deficiencia causa escorbuto, enfermedad que afecta el cabello y la piel, además de aumentar la probabilidad de que aparezcan hematomas, sangrados nasales o en las encías y problemas de cicatrización.

Su estrecha relación con la absorción del hierro hace que, en su ausencia, este mineral se absorba con más dificultad, pudiendo desencadenar anemia. El niño puede sentirse débil y mostrarse apático.

Falta de vitamina B1: su déficit causa beriberi, una enfermedad nerviosa que puede desembocar, si es severo, en enfermedades neurológicas graves. Afecta la capacidad de concentración y por tanto puede tener repercusiones de bajo rendimiento escolar.

Falta de vitamina B2: su carencia provoca trastornos oculares.

Falta de vitamina B3: causante de la pelagra, caracterizada por problemas en la piel y el sistema nervioso. Pueden observarse también dramáticos cambios de humor cuando el déficit es severo.

Falta de vitamina B6: se asocia con problemas de crecimiento aunque también con la aparición de anemia, decaimiento e inapetencia.

Falta de vitamina B12: este déficit suele aparecer en dietas veganas y vegetarianas que no se suplementan, caracterizándose por la aparición de anemia perniciosa.

Más allá de las vitaminas

Dar vitaminas sin que el niño las necesite no aumenta las defensas y puede ser contraproducente.

Si lo que se necesita es ayudar a aumentar las defensas de los niños, hay otras alternativas muy eficaces.

Lactancia materna. Es el único alimento con el que los bebés reciben directamente células inmunitarias. Como estas se adaptan además al entorno directo del bebé o niño, es de un valor incalculable (si los de casa se resfrían, incluida la mamá, hará defensas para ese virus concreto, que pasarán al niño a través de la leche).

Consumir probióticos. Parecen efectivos para prevenir y tratar diversas patologías. De hecho, hasta se han visto efectivos para las mujeres en casos de mastitis, y para las diarreas, y para prevenir cuadros respiratorios.

Aire libre y tener mascotas. Durante mucho tiempo se pensó que la mejor manera de que un niño estuviera sano era evitar gérmenes y suciedad.

Ya se ha comprobado que esto no es bueno porque entonces el sistema inmunitario no tiene contra qué luchar y se corre el riesgo de producir alergias y enfermedades autoinmunes (las defensas luchan contra células del propio cuerpo).

Así que un poco de suciedad y tener una mascota, son dos factores que ayudan a que el sistema inmunitario se desarrolle y se fortalezca.

Espacios libres de humo. En el caso de que los padres fumen deben hacerlo fuera de casa y luego cambiarse de ropa, para que el niño "fume" pasivamente lo menos posible.

Hacer deporte. Y no necesariamente un deporte reglado, sino que corra, juegue, haga ejercicio, disfrute. Que haga lo que hacen los niños y no lo que hacen las personas sedentarias, que abusan del sillón.

Ser feliz. El niño debe tener tiempo libre para jugar, estar tranquilo, que no tenga preocupaciones o se sienta inseguro, pues los niños que viven pendientes de muchas cosas, o estresados, tienden a enfermar más.

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