Virus y bacterias: ¿cómo actúan en el organismo?

Virus y bacterias: ¿cómo actúan en el organismo?

Última actualización: 25-08-2018. Equipo Nutricioni

“Virus y bacterias…” Es posible que hayas oído hablar de ellos en tus clases de biología de la escuela, pero, ¿qué recuerdas sobre ese tema?

Quizás el profesor te dijo que los virus no cuentan como seres vivos porque no pueden vivir sin un portador, mientras que este no es el caso para las bacterias.

Lo que sí es cierto, es que ambos afectan la manera en como nos desenvolvemos con el medio ambiente, ya sea para bien o para mal.

¿Cómo empezó todo?

Los virus y las bacterias han rondado por aquí mucho antes de que existieran siquiera los primates.

Sin embargo, fué apenas en el siglo XIV, que la humanidad comenzó a intuir la existencia de las bacterias, cuando la peste llegó al mundo musulmán.

Allí teorizaron que la infección había sido causado por pequeños organismos que entraban al cuerpo.

Lo cierto es que la Peste Negra mató a cien mil personas en todo el planeta y la mitad de la población de Europa.

La causante era una bacteria llamada Yersinia pestis, de la cual era portadora una pulga, que a su vez llevaban las ratas.

En cambio el primer virus se conoció apenas en 1899, porque Martinus Beijerinck descubrió el virus del mosaico del tabaco.

Se trata de un virus que ataca a las plantas, y produce manchas en estas, dañando las cosechas. Tiene su nombre porque principalmente pone en peligro al tabaco.

Hay que mencionar que hasta 1930 no se le catalogó como virus, aunque de todos modos tiene el mérito de ser el primer caso de estudio.  

Otro antecedente importante fueron las investigaciones y teorías de Louis Pasteur, tanto sobre la fermentación, como la teoría germinal de las enfermedades.

En esta última explica que las enfermedades son causadas y propagadas por algún “tipo de vida diminuta” que se multiplica.

Con nuestros conocimientos modernos, sabemos que si se habla de vida, las bacterias serán más merecedoras de la acepción.

El punto es que Pasteur proponía que esta “vida diminuta” al reproducirse, pasaba a otros organismos más y los hacía enfermar.

Esto lo determinó trabajando con la rabia, reconociendo que la enfermedad era contagiosa y se contraía con un mordisco, sin verse el germen por ningún lado.

Esta circunstancia la atribuyó a que era demasiado pequeño para ser visto.

Y cierta razón tenía, porque no podemos ver ni a los virus ni a las bacterias a simple vista, sino que debemos hacer uso de un microscopio.

Sabiendo de dónde salió todo, entonces hablemos primero de los virus

La palabra virus viene del latín y significa veneno, anunciando sus terribles consecuencias. Lo cierto es que la mayoría de los virus es inocua.

Esto es bueno, porque la cantidad de virus que se cree que existen es bastante grande: un 1 seguido de 31 ceros. Si todos fueran patógenos, es decir, capaz de causar enfermedades, ninguno estaría aquí.

Probablemente el ejemplo más conocido de virus patógeno, sea el del resfriado común, que sufrimos todos de vez en cuando.

Sin embargo, existen otros más graves como el ébola o el VIH. No siempre que se contrae virus resultará en una enfermedad, porque nuestro sistema inmunológico puede ser capaz de combatirlo.

Como se dijo antes, los virus necesitan portadores. Es decir, su supervivencia depende de un organismo vivo cuyas células matará o hará mutar, en su objetivo de multiplicarse.

Y no todos los virus patógenos atacan al mismo tipo de células, ni la misma zona de tu cuerpo. Ese es el motivo por el cual estos secuestradores varían en gravedad y en los síntomas que producen.

La mayoría de las células atacadas por virus mueren, más los efectos que estos causan en ellas no siempre son los mismos.

Dicha muerte ocurre porque el virus impide su funcionamiento normal, al suprimir ciertas proteínas de ellas.

Los cambios no siempre son evidentes y se debe tener cuidado, porque la actividad habitual de la célula, no indica la ausencia de un virus.

Los virus patógenos pueden clasificarse según el tejido que atacan:

  • Dermatrópicos (la piel).
  • Pneumotrópicos (los pulmones).
  • Neurotrópicos (el sistema nervioso).
  • Viscerotrópicos (las vísceras y órganos internos).

Un virus se alimenta de las células vivas (ese es el motivo por el que no pueden existir sin portador) y se multiplica a una velocidad exponencial.

A diferencia de las bacterias y otros agentes, su núcleo posee una sola forma de ácido nucleico, ya sea ARN o ADN, que contiene su genoma envuelto en la cápsula vírica.

Carecen de metabolismo y se reproducen reorganizando sus componentes, eso sí, utilizando su genoma.

Ahora hablemos de las bacterias

Las bacterias son bastante más complejas. Ellas son organismos generalmente unicelulares y están por todos lados, existiendo con y sin un huesped.

Cuando poseen uno, la relación puede ser simbiótica si es productiva y hay provecho mutuo, o parasitaria, cuando hay daño hacia el mismo, como es el caso de un patógeno.

Se clasifican de distintas maneras. Por ejemplo según su forma:

  • Cocos, redondeadas (aisladas, a pares o en cadenas).
  • Leptothrix, de gran tamaño, con filamentos (tabicados).
  • Bacilos, alargadas (curvas o rectas, con o sin flagelos).
  • Espirilos, de apariencia curva helicoidal.

Otra clasificación en órdenes según familias y especies puede ser eubacteriales, espiroquetales, pseudomonadales y  varias más.

Una tercera clasificación tiene que ver con su tolerancia al oxígeno en estado gaseoso. Esta sería:

  • Aerobias, para las bacterias que crecen en la presencia del oxígeno y lo requieren para su existencia.
  • Anaerobias, para las que no pueden tolerarlo.
  • Anaerobias facultativas, para las que no lo requieren, pero prefieren crecer en su presencia.

Tienen núcleo con ADN y ARN, realizan metabolismo, crecen y se reproducen por división celular, en esto se diferencian de los virus.

Tratándose del más simple y abundante de los organismos, es capaz de vivir en tierra, agua, materia orgánica, en aguas termales y hasta en desechos radiactivos. Su hábitat es muy variado.

No sólo los seres humanos pueden portar bacterias, sino también los animales y las plantas.

En la naturaleza se presentan en los ciclos del nitrógeno, del oxígeno, del carbono, fósforo y demás. Tienen la habilidad de transformar sustancias inorgánicas en orgánicas y viceversa.

Muchas ni siquiera son nocivas. Las que habitan nuestro sistema digestivo y nos ayudan a procesar mejor los alimentos, son un gran ejemplo de lo beneficiosas que pueden ser.

Por su parte, la industria las aprovecha para las fermentaciones, como por ejemplo la del yogurt, y para la producción de antibióticos.

Además, descomponen la materia orgánica muerta y se está estudiando su posible uso en la genética o para crear productos cosméticos como antiarrugas.

Para ponerlo de manera simple, no podría existir la vida como la conocemos sin ellas. Son esenciales para la funcionalidad de los ecosistemas, a pesar de que por su tamaño no podamos verlas.

¿Cómo virus y bacterias interactúan conmigo?

La gran preocupación es generada por los virus y bacterias patógenos, es decir, los que son capaces de causar enfermedades.

Puedes contraer un virus patógeno por medio de la saliva, una picadura, la ingesta de agua o alimentos contaminados o incluso el aire. Si te hace daño, quiere decir que está activo.

De lo contrario, se le llama inactivo y existe la posibilidad de que permanezca así por años.

En cuanto a las bacterias, recuerda que gracias a ellas, tu tracto digestivo funciona tan efectivamente como siempre, siendo un buen ejemplo de una relación simbiótica.

Pero otro tipo de bacterias sí podrían causarte enfermedades, como el cólera y la salmonella, que dañan las membranas mucosas, logrando acceder a zonas que por lo general están fuera de su alcance.

Las bacterias que te hacen daño tienen un poder patógeno. Esta es su capacidad para implantarse en ti y crear trastornos, que pueden ser:

  • Causar lesiones en el tejido, mediante enzimas de la bacteria o productos tóxicos de su metabolismo.
  • Producción de toxinas, proteicas, exotoxinas que se transportan a través de la sangre y actúan sobre órganos sensibles o glucoproteicas, endotoxinas que actúan sólo al momento de la destrucción de la bacteria.

En cuanto a los virus, como particularidad, sin necesidad de estar inactivos, podrían permanecer “durmientes”, fenómeno llamado latencia, para activarse posteriormente.

Esta es una característica de todos los herpesvirus, por ejemplo.

Es sorprendente que algunos virus pueden ser aliados eficaces en la lucha para combatir ciertas enfermedades.

Algunos virus latentes son capaces de incrementar la inmunidad del cuerpo contra otros patógenos, como por ejemplo la bacteria Yersinia pestis, que se mencionó al principio.

Incluso se está estudiando la posibilidad de utilizarlos contra el cáncer, mediante virus que ataquen únicamente a las células tumorales, los virus oncolíticos.

Los virus patógenos pueden causar infecciones crónicas o permanentes. En estos casos, se siguen replicando en el cuerpo a pesar de los mecanismos de defensa del huésped.

Un ejemplo muy típico es el virus de la hepatitis B y de la hepatitis C. Se conoce como portadores a los enfermos crónicos, porque el virus prolifera en ellos.

Cuando existe una población cuya proporción de portadores es muy elevada, se considera que la enfermedad es endémica de la zona.

Si un virus se refuerza contra los antivirales que deberían combatirlo, se conoce como una mutación. Algunos virus tienen facilidad para reorganizar su material genético, adaptándolo a nuevos entornos.

Así sucede con el virus de la gripe, por ejemplo. Los virus que contienen ADN, como el de la viruela, mutan más lentamente, pero los que contienen ARN, como la gripe y el ébola, pueden hacerlo más rápido.

¿Qué hay de los síntomas?

Tanto si contraes un virus como una bacteria patógenos, los síntomas dependen de la enfermedad que resulte y pueden ser muy variados.

Síntomas típicos y presentes en muchas de ellas son:

  • Fiebre
  • Tos
  • Escalofríos
  • Debilidad y cansancio
  • Dolores localizados
  • Congestión
  • Secreción nasal
  • Contracturas
  • Espasmos musculares
  • Temblores
  • Rigidez
  • Náuseas, vómitos
  • Sensibilidad a la luz

Algunas enfermedades transmitidas por ellos más bien atacan las defensas de tu cuerpo para permitir que otras patologías puedan atacarte sin problemas, como el VIH/SIDA.

Otras causan directamente condiciones como la otitis, meningitis, sinusitis o neumonía, que pueden llegar a agravarse de modo que pongan en peligro tu vida, tal es el caso del neumococo.

Asimismo, existen también aquellas que afectan el estado mental del paciente, ya sea inicialmente o en etapas avanzadas, como la sífilis.

Estas no deben subestimarse, porque el daño es igual de grave que si fuera físico.

Sin embargo, hasta lo más leve requiere de atención y cuidado.

Uno de los indicadores clásicos de un malestar es que te duela el estómago. Es una zona de acción bastante característica para cualquiera de los dos, ya sea virus o bacteria.

En especial si a partir de la enfermedad se desarrolla una diarrea.

Como toda condición que afecte nuestra salud, no es algo que queramos que agrave, sino que hemos de buscar alivio cuanto antes.

Afortunadamente, productos como SúperBio pueden ayudar no sólo en el proceso de combatir la diarrea, sino a tener una digestión más saludable.

¿Cómo funciona SúperBio? Lo hace estimulando tu sistema digestivo e inmunológico, impidiendo la proliferación de la diarrea, los patógenos que la causan u otras afecciones digestivas.

Además, restaura la flora intestinal después del uso de antibióticos. Crea bacterias que ayudan a tu cuerpo y destruye las que te hacen daño.

Esto lo hace proporcionándote miles de millones de microorganismos vivos, beneficiosos para el organismo, que propiciarán tu buena salud.

¿Probióticos? ¿Con qué se come eso?

Los probióticos son microorganismos vivos, beneficiosos para el sistema digestivo y para la salud en general, aún más allá de su significado nutricional.

os acompañan desde hace mucho tiempo, pues abundan en el yogurt y los productos fermentados a base de lácteos, entre otros.

Estos alimentos son lo que se conoce como alimentos funcionales: nutren y además son buenos para la salud.

No hay que estar enfermo para consumirlos, porque de todos modos tienen muchas ventajas para el organismo.

Tampoco hay un límite de edad. Desde bebés hasta ancianos reciben sus beneficios.

Como es lógico, no todas las bacterias ejercen esta acción beneficiosa, las que tienen actividad probiótica reconocida son:

  • Lactobacillus acidophilus, L. casei, L. reuteri, L. plantarum, L. casei GG
  • Bifidobacterium brevis, B. longum, B. infantis, B. animalis
  • Streptococcus salivarius subespecie thermophilus
  • Algunas variedades de levaduras como Saccharomyces boulardii

Haciendo uso de investigaciones que evidencian estas propiedades saludables de las bacterias para nuestro cuerpo, SúperBio ha seleccionado aquellas cuya acción te favorece especialmente:

Algunas de las bacterias que SúperBio contiene son:

  • Lactobacillus acidophilus.
  • Lactobacillus rhamnosus.
  • Bifidobacterium longum.
  • Bifidobacterium breve.
  • Lactobacillus plantarum.
  • Bacillus subtilis.

Más específicamente, Bacillus subtilis no sólo se ha utilizado por años para tratar condiciones como la disentería, sino que propicia la formación de una endospora protectora contra condiciones ambientales extremas.

En cuanto al Lactobacillus plantarum, hay estudios señalando que incluso mejora el estado de salud general en personas de edad avanzada.

¿Cómo lo consiguen? Los probióticos protegen la flora intestinal e impiden que las bacterias patógenas se instalen y desplacen a las bacterias nativas beneficiosas para tu digestión.

Si buscas defensa probiótica, SúperBio es tu opción idónea para fortalecer tu sistema inmunológico.

Sus componentes tienen una variedad de beneficios para tu salud incluso si no sufres de ningún padecimiento. En la lucha contra los virus y aquellas bacterias dañinas, SúperBio será un valioso aliado para tu cuerpo.

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