¿Quieres tener más energía? ¡Tomas estas vitaminas!

¿Quieres tener más energía? ¡Tomas estas vitaminas!

Última actualización: 23-11-2018. Equipo Nutricioni

“Vitaminas”, una palabra muy usada al referirnos a un estilo de vida saludable y positivo, lleno de vitalidad y energía.

Esta es una palabra compuesta por dos vocablos: “vita” (que significa “vida”) y “amina” (que significa “sustancia”); entonces las “vitaminas” son “sustancias necesarias para la vida”.

Los ciudadanos de esta generación nos hemos acostumbrado a un ritmo de vida bastante acelerado: trabajo, reuniones, los hijos, y más.

Nunca falta quien nos diga “deberías tomar vitaminas”, y es cierto ¿Pero cuáles son las más recomendables si me siento débil o tipo “batería baja”?

Honestamente sería mucho más fácil conectarnos a un cargador humano y recargarnos mientras dormimos, pero no funciona así.

Comer y dormir bien es lo fundamental, sin embargo, existen algunas vitaminas esenciales a la hora de que necesitemos un plus de energía.

Son tantas y tan variadas, procesadas en un laboratorio o producidas orgánicamente, que es necesaria una guía para poder dar en el blanco.

Justamente es lo que vamos hacer a continuación; estas son las vitaminas más importantes a la hora de incrementar nuestros niveles energéticos.

Complejo B recargado

Tenemos que empezar con todas las vitaminas del grupo B porque son las encargadas del suministro de energía a partir de los alimentos ingeridos.

El rendimiento físico, la memoria, y la actividad cerebral, también se verán ampliamente beneficiadas por todo este “Complejo B”.

El ácido fólico (vitamina B9), el ácido pantoténico (B5), la biotina (B8), y la cobalamina (B12), son probablemente las más importantes de este grupo.

Ellas representan la energía de sus comidas diarias y apoyarán en la producción de glóbulos rojos.

Alimentos como el pollo, el pescado, huevos, carnes de res, y productos lácteos, son ricos en vitaminas del grupo B.

Es recomendable también, junto a una dieta saludable, ayudar al organismo con un suplemento multivitamínico de tipo Complejo B.

Recientemente, se ha descubierto una coenzima denominada Q10; la coenzima es un nutriente usado por el cuerpo para generar energía extra.

Esta sustancia se encuentra de forma natural en el interior de las células de nuestro cuerpo.

Q10, la bujía del cuerpo humano

La coenzima Q10 es una sustancia con propiedades muy similares a la de una vitamina, no en vano se le ha llamado también vitamina 10.

Todas las células del organismo la poseen, pues es ella quien le provee el oxígeno a cada una.

Otras funciones importantes de Q10 son: convertir los alimentos en energía y vigilar el funcionamiento del sistema vascular y el inmunitario.

¿Por qué es llamada la bujía del cuerpo? Porque esta coenzima es la llave que libera la producción de energía.

Cuando las células del cuerpo reciben este suministro energético, los músculos se mantienen mucho más activos para soportar cargas importantes de movimiento.

Afortunadamente, es relativamente sencillo encontrar este nutriente en muchos alimentos de nuestra dieta cotidiana.

Podemos encontrar altas cantidades de la coenzima Q10 en el jamón y el hígado de res, el maíz, la soja.

El pollo, los huevos, y las semillas de girasol también poseen este nutriente pero en pequeñas cantidades.

Su carácter antioxidante le mantiene en una constante lucha con los radicales libres, los cuales dañan nuestras células y aceleran el envejecimiento.

Muchos expertos no le consideran una “vitamina” ya que puede ser producida de forma natural por el organismo.

A medida que envejecemos, la producción de la coenzima Q10 baja notablemente por lo que es muy provechoso procurarla a través de suplementos o alimentos ricos en ella.

Con este ejemplo podemos ver claramente como la nutrición afecta de forma directamente proporcional a la longevidad.

Comer bien no se traduce simplemente en tener más energía, sino en una herramienta para vivir mejor y más tiempo.

La tiamina o vitamina B1

La tiamina no es una tía lejana de la cual teníamos poco conocimiento, sino una vitamina hidrosoluble (que puede disolverse en el agua) encargada de aumentar la producción de energía celular.

Su ausencia o bajos niveles en el cuerpo se traducen en fatiga, debilidad e inclusive problemas cardíacos.

La vitamina B1 participa en el metabolismo de los hidratos de carbono y los transforma en energía.

Las frutas y verduras, el pescado, y las carnes magras son fuentes inmejorables de tiamina; pero sobre todo el pescado.

Los cereales, el pan integral, las salchichas, mortadelas, frutos secos, y levadura de cerveza, también nos proveen esta importante vitamina aunque en menor escala.

Es extremadamente raro encontrar algún caso de efectos secundarios por el uso de tiamina, sin embargo, alguna reacción alérgica o afección cutánea podría presentarse.

En otro orden de ideas, la vitamina B1 tiene un olor muy particular, bastante útil para espantar insectos voladores; especialmente a los mosquitos.

Cuando se quiere extraer su máximo rendimiento, lo recomendable es combinarla con el resto de las vitaminas del grupo B.

La ingesta de tiamina está condicionada por diversos agentes: alcoholismo, embarazo, problemas de drogas, alguna enfermedad en particular, entre otras.

Por supuesto, también dependerá el sexo de la persona y la edad.

Las mujeres embarazadas o en período de lactancia, igual que las mayores de cuarenta años, necesitan mayores niveles de vitamina B1 a diario.

Sin embargo, es importante hacer ver que la mejor manera de obtener todas las bondades de estos nutrientes es procurando una dieta planificada y balanceada.

El hierro: vida para la vida

Acostumbramos decir que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, tristemente en el caso de este micromineral llamado hierro, es doblemente verdad.

Mientras sus niveles se encuentran bien en el organismo, pareciera no ocurrir nada; pero si falta, inmediatamente lo notamos.

El hierro es necesario para el buen funcionamiento celular, además, la hemoglobina (presente en los glóbulos rojos) y la miobina (presente en los músculos) son proteínas encargadas de llevar el oxígeno desde los pulmones hasta los tejidos.

Algunas consecuencias de la falta de hierro en el cuerpo son: desánimo, falta de apetito, uñas quebradizas, frecuente cansancio, palidez, poca concentración, y la lista sigue.

Incluso existe un tipo de anemia el cual es atribuido directamente a la carencia de hierro. Esta condición es llamada anemia ferropénica o simplemente anemia por deficiencia de hierro; los niveles de hierro bajan principalmente cuando perdemos sangre.

Sin embargo, una alimentación deficiente o la incapacidad del cuerpo de mantener el hierro, son otras causas.

En palabras sencillas este tipo de anemia se presenta cuando los glóbulos rojos no poseen suficiente hemoglobina por la carencia de hierro.

Las mujeres que sangran mucho en su ciclo menstrual y los niños pequeños son los más propensos a contraerla.

Esta patología produce falta de aliento, frecuentes arritmias, y dolor en el pecho similar a cuando se está sufriendo un infarto.

De no ser atendido a tiempo, puede desembocar en enfermedades cardíacas, y en niños pequeños y bebés, problemas de crecimiento.

Aunque es aconsejable de vez en cuando ingerir algún suplemento rico en hierro, lo mejor es actuar de forma preventiva y no reactiva.

Para ello podemos planificar nuestra dieta con alimentos ricos en hierro, por ejemplo: huevos (principalmente la yema), atún y granos enteros.

Las carnes de aves y las rojas (especialmente la de res), las legumbres secas, las frutas deshidratadas, y los cereales fortificados con hierro, son también una excelente fuente de suministro de este importantísimo elemento.

Vitamina A para una visión 20/20

También conocida como retinol porque mantiene saludable la retina produciendo el pigmento necesario para ello.

La vitamina A abarca un amplio espectro de nuestra salud: mantenimiento del sistema óseo, del aparato reproductor, los pulmones, la piel, entre otras.

Esta vitamina es bien conocida por sus beneficios para todo nuestro sistema ocular, pero también para el sistema inmunitario e incluso si se quiere unos dientes blancos.

Podemos encontrar retinol o vitamina A de forma natural en muchos alimentos y en suplementos dietéticos.

Los productos lácteos, el pescado, la carne de res, son excelentes fuentes de vitamina A, igualmente las frutas, verduras y cualquier otro producto de origen vegetal.

La cantidad requerida de esta vitamina depende principalmente del sexo, edad, peso de la persona, y si está lactando o posee alguna patología importante.

En este sentido es importante hablar de los betacarotenos, mejor conocidos como pro-vitamina A, un compuesto producido por los riñones.

Se le llama de esta forma porque cuando ingerimos alimentos ricos en betacarotenos el cuerpo los transforma en vitamina A, si fuere necesario.

Su rango de acción abarca el cuidado de la piel, el blindaje del sistema inmunológico, y estimula la producción de glóbulos blancos en la sangre.

Quizá la bondad más preciosa de los betacarotenos sea su capacidad de desintoxicarnos del exceso de colesterol en el cuerpo.

De la misma forma, está comprobada su efectividad contra el riesgo a contraer cáncer y la reducción de las úlceras estomacales.

La cebolla, la zanahoria, el tomate, el brócoli, entre otros, son alimentos con altas cantidades de betacarotenos.

Ácido ascórbico o vitamina C

Si hablamos de antioxidantes naturales, sin duda el ácido ascórbico o vitamina C lleva la delantera. La vejez, y su consecuente pérdida de energía, es básicamente el resultado de la oxidación celular.

Esta oxidación es progresiva y se da en forma natural dentro del organismo conforme vamos entrando en años.

Los antioxidantes retrasan dicho proceso, disminuyen los rasgos de la vejez y nos aportan energías; en ese orden de ideas, la vitamina C es un poderoso recurso antioxidante.

También, ayuda a que el organismo pueda absorber el hierro de forma correcta, a la producción de colágeno y al mantenimiento de la piel.

Un consumo adecuado mantiene el sistema inmunológico fuerte y ¡hasta cuida de las encías!

El doblemente Premio Nobel y padre de la medicina ortomolecular Linus Pauling, sugiere el consumo de ácido ascórbico de entre 3000 mg a 18000 mg al día.

En caso de ser un fumador activo o poseer alguna enfermedad en particular, su ingesta se incrementaría notablemente.

La mayoría de las frutas cítricas poseen altos concentraciones de vitamina C, principalmente la naranja, el limón, y la uva, recién cosechada.

La acerola y el camu camu son los productos número uno en el suministro de ácido ascórbico.

Dos hechos curiosos acerca de esta vitamina son esa tradición de que la vitamina C es un coadyuvante a la hora de prevenir resfriados o la gripe común.

Y sin embargo, hoy día, los adelantos científicos han comprobado que esto es un mito; aunque ciertamente acorta el tiempo de su padecimiento.

La otra curiosidad es que existen muchos tipos de verduras portadoras de una enzima archienemiga de la vitamina C: la ascorbato oxidasa.

Esta enzima “rompe” el efecto del ácido ascórbico produciendo pérdidas considerables del mismo en el organismo.

Vitamina B12 o cianocobalamina

Cuando hablamos de vitaminas elementales para tener más energía y sentirnos mucho más activos, probablemente la vitamina B12 sea la más importante.

Estudios recientes demuestran que una de cada cuatro personas posee deficiencias de cianocobalamina.

Sin duda, el nutriente básico para producir energía y ayudarnos a mantenernos concentrados en nuestras tareas diarias es la vitamina B12.

La apatía y falta de motivación son parte de la evidencia de carencia de este poderoso elemento.

Debilidad muscular, cambios de humor repentinos, dificultad para recordar cosas sencillas, entre otras, también reflejan falta de vitamina B12.

Este déficit afecta a prácticamente todos los sistemas del cuerpo, por ello es tan importante para una vida normal.

Paradójicamente, a menos que la persona se haga frecuentes análisis de sangre, las consecuencias de la ausencia de vitamina B12 se manifiestan muchos años después. Y cuando lo hacen, por lo general, es con efectos ya casi irreversibles.

A partir de los 45 años es absolutamente necesario aumentar la ingesta de cianocobalamina para evitar que el cerebro se vaya “reduciendo” con el paso de los años.

Dicen los expertos que a partir de esta edad, el cerebro va encogiéndose un 1% y el riesgo de padecer de Alzheimer o Parkinson aumenta drásticamente.

La vitamina B12 la encontramos, principalmente, en los alimentos de origen animal: huevos, carnes, pollo y mariscos.

La leche y todos sus derivados lácteos representan también fuente importante de cianocobalamina.

Es importante aclarar que este nutriente no se almacena en el organismo, por lo que su “deficiencia”, más que una falta de este, sería un problema de absorción del cuerpo provocada por cirugías estomacales, abuso de antiácidos, o patologías ya diagnosticadas como la enfermedad de Crohn o sufrir celiaquía.

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