¿Qué hacer cuando se presenta un trastorno de pánico?

¿Qué hacer cuando se presenta un trastorno de pánico?

Última actualización: 15-11-2018. Equipo Nutricioni

El trastorno de pánico es un tipo de ansiedad, que nada tiene que ver con el temor que siente alguien ante un peligro real, como enfrentarse a un depredador o alguna catástrofe natural.

En un ataque de pánico, los pensamientos desencadenan un miedo intenso, aunado a las intensas sensaciones corporales que lo acompañan, sin que exista un peligro tangible que afecte a la persona.

Con frecuencia, él o ella cree sufrir de alguna afección súbita y mortal, e incluso puede estar convencida de que morirá en breve.

Los trastornos de pánico no son consecuencia de los tiempos modernos, ya durante el siglo XIX habían sido descritos en tratados médicos.

Por esta razón, es importante que las personas conozcan acerca de este trastorno, para que de esta forma, quienes lo padecen, puedan comprender de qué se trata, afrontarlo con más fortaleza cuando aparezca y evitar que les vuelva a pasar.

La crisis de pánico está estrechamente relacionada con la ansiedad, la cual es una emoción común en todos los seres humanos, y no del todo negativa, pues no prepara para afrontar peligros que a veces sí son reales.

Los expertos, han  descrito los trastornos de pánico como un trastorno de ansiedad que se caracteriza por episodios inesperados y repetidos de intenso miedo.

A menudo, el pánico se presenta acompañado por estos síntomas físicos: dolor en el pecho, latidos acelerados del corazón, carencia de aire,  o vértigos, angustias o molestia abdominal.

Pero hay diferencias entre la ansiedad y el pánico. Y radica en la duración e intensidad de los síntomas.

Los ataques de pánico son episodios de miedo agudo que duran poco tiempo;  a diferencia de la ansiedad, que surge de manera más escalonada, menos intensa y extiende su permanencia en el tiempo.

La ansiedad no está limitada a una situación en particular, como sucede en las fobias, ni se presenta exclusivamente en modo de crisis, como en el caso de los ataques de pánico.

El estado ansioso es casi persistente. Varía durante el transcurso del día y perjudica la calidad del sueño.

Por su parte, el ataque de pánico es un trastorno de ansiedad que converge en crisis concretas o repentinos sentimientos de terror, sin un porqué aparente.

¿Qué origina el trastorno de pánico?

Cuando se sufre de trastorno de pánico, estos ataques de terror suelen ser recurrentes y sobre todo, inesperados. La persona experimenta un miedo intenso y los síntomas físicos de una ansiedad severa.

La duración de los ataques es variable, pero suelen alcanzar una intensidad máxima unos diez minutos después de comenzar la crisis. Luego van cesando y en menos de una hora la persona regresa a la calma.

Sin embargo, queda agotada y temerosa de que vuelva a repetirse el episodio, lo que le genera ansiedad adicional.

Las causas del trastorno de pánico se desconocen a ciencia cierta. Puede deberse a que el equilibrio electroquímico del cerebro se haya alterado. Los medicamentos ayudan a que ese equilibrio se restablezca.

Los genes y el ambiente familiar también son importantes, los episodios de pánico pueden presentarse en varios miembros de una misma familia.

Sin embargo, el trastorno de pánico a menudo ocurre aunque no haya ningún antecedente familiar.

Es dos veces más habitual en mujeres que en los hombres. Los síntomas por lo general comienzan antes de los 25 años de edad, pero también pueden ocurrir hacia los 35 años, y su duración es variable: de unos meses o por años.

El trastorno de pánico igualmente puede aparecer en niños, pero no suele diagnosticarse hasta que son mayores.

Síntomas de un trastorno de pánico

Además del miedo intenso, hay una serie de síntomas físicos que experimenta una persona en crisis de pánico:

  • Palpitaciones
  • Sudoración
  • Temblores, sacudidas y escalofríos
  • Sensación de asfixia o falta de aliento
  • Sensación de atragantarse
  • Opresión o malestar torácico
  • Nauseas o molestias abdominales.
  • Inestabilidad, mareo o desmayo
  • Sensación de irrealidad o sensación de estar separado de uno mismo
  • Miedo a perder el control o volverse loco
  • Miedo a morir
  • Entumecimiento
  • Escalofríos o sofocaciones

La persona afectada puede experimentarlos todos, o bien algunos de ellos, depende de cada caso particular.

¿Qué puedo hacer cuando sucede?

Los expertos en el área han dicho que la mejor respuesta ante una crisis es no hacer nada.

Cuando se sufre un ataque de pánico, la mejor opción es reconocer que se está ante una crisis y simplemente pasarlo.

Pues la duración de un ataque de pánico, sin hacer nada para evitarlo, es de 15-30 minutos. Y la duración del ataque “luchando” contra el: 15-30 minutos.

Entonces es aconsejable que no se luche. Toda persona que padece esta patología debe tener claro que lo peor del ataque de pánico son los primeros 4 minutos.

Cualquier estrategia que apliquemos, debe elaborarse en la fase donde la ansiedad ya ha disminuido, y la persona se ha serenado lo suficiente como para entender lo que sucede y razone sobre ello.

En consecuencia, ante un ataque de ansiedad, simplemente hay que tener presente unas pocas cosas: asumir que estamos ante una crisis de angustia, saber que dentro de 5 minutos habrá pasado lo peor y que en 15-30 minutos todo habrá pasado.

Lo que hay que tener claro anticipadamente es: reconocer qué es una crisis de ansiedad; saber que no te vas  a morir, ni a asfixiar ni es un infarto; además que en breve te vas a encontrar mucho mejor.

Y por último buscar un espacio donde pasarlo, sin tener que huir del lugar. Si la persona está en la calle, una discoteca o fiesta, intentar encontrar un lugar que sea lo más tranquilo posible o si va conduciendo, detener el automóvil.

¿Cómo puedo ayudar a alguien que sufre una crisis de pánico?

Por otra parte, es conveniente que si alguien se encuentra ante una persona con ataque de pánico, tenga una actitud de retención, de seguridad y emplee un tono verbal cálido y afectivo.

Estas son algunas recomendaciones útiles para una ayuda efectiva:

  • Trate de serenar a la persona, llevarle tranquilidad, explicándole que todo va a pasar, que no se va a morir, que no tiene un infarto, entre otros.
  • Haga contacto corporal de la forma más cálida posible, para que la persona que tiene el ataque de pánico sienta que hay alguien dispuesto a ayudarla.
  • Ayúdele a regular su respiración y procure que se  relaje lo más que pueda. Si hiperventila, pídale que respire dentro de una bolsa de papel, ya que esto ayudará a calmarla.

He aquí la explicación: al estar en pánico e hiperventilar, la persona exhala mucho dióxido de carbono. La sangre queda entonces con una proporción ligeramente mayor de oxígeno, y su pH se altera, provocando alcalinización.

La consecuencia de la alcalinización es más ansiedad, que exacerba el pánico y puede originar convulsiones. Por ello al respirar dentro de una bolsa, inhala un poco de dióxido de carbono y el equilibrio se restablece.

Pero cuide de no tapar la cabeza completamente. La bolsa debe cubrir sólo nariz y boca. Y hay que alternar con aire fresco, hasta que la persona se calme.

  • Convénzale de que el episodio pronto terminará.
  • Déjelo manifestarse como desee, siempre y cuando esto no implique un peligro para su vida.
  • Procure llevar a la persona afectada a un lugar tranquilo, rodeado de la menor cantidad de personas posible.
  • No intente sobre proteger a quien sufre un ataque de pánico, la persona afectada debe sentirse apoyada, más no sofocada.
  • Evitar las recriminaciones, ya que la persona trastornada no es culpable de sentirse y actuar así.
  • Y si nada de lo anterior funciona, llévelo al hospital más cercano de inmediato.

Tratamiento no farmacológico

Sin un tratamiento, los ataques de pánico van y vienen, deteriorando la calidad de vida del paciente. A veces se complican con agorafobia, un temor irracional a los espacios abiertos, u otras fobias sociales.

Sucede sobre todo, cuando la persona asocia el lugar donde ha tenido una crisis de pánico, con la posibilidad de volver a tener otra.

La persona afectada puede volcarse al consumo de drogas y alcohol, porque los ataques de pánico, si bien duran pocos minutos, constituyen  una enfermedad real, y son la medicación y la terapia, las que proporcionan la cura.

El especialista ayudará a una persona a evitar los episodios de pánico, siguiendo diversas estrategias.

Lo primero es asegurarse que el paciente sepa que sus síntomas tienen una base bioquímica, y que por ello, su cerebro dispara las señales de alarma ante el peligro, de manera errónea.

Las terapias psicológicas son de carácter cognitivo-conductual y se basan en encontrar las causas, combatirlas y re-programar al cerebro, para que sea capaz de afrontar los pensamientos que originan el pánico. .

Con ayuda del psicólogo o médico tratante, el paciente logra discriminar entre las verdaderas razones para sentir miedo, y aquellas que son producto de su imaginación..

La persona trastornada aprende a modificar paulatinamente sus reacciones ante los ataques de pánico, si se expone de forma gradual y se le ayuda para que entienda cómo afrontarlos.

Las terapias de grupo también son provechosas, para que el paciente comparta sus experiencias con otras personas.

Tienen efectos liberadores y deja que la persona aprenda a planificar cómo afrontará sus temores durante los futuros episodios de pánico. Así, éstos podrán ir disminuyendo su intensidad hasta desaparecer.

Tratamiento farmacológico

El tratamiento de los trastornos de pánico tiene muchas posibilidades de éxito, al combinar las terapias psicológicas con los medicamentos adecuados.

Los más utilizados son los antidepresivos, como sertralina y benzodiazepinas, pero al comienzo, tienen efectos secundarios adversos: nauseas, mareos, disminución de la líbido, insomnio, irritabilidad, entre otros.

La irritabilidad y la ansiedad suelen disminuir al cabo de una semana más o menos, cuando se desarrolla tolerancia. Por eso conviene empezar con dosis bajas. El tratamiento seguirá por unos 8 a 12 meses, y prolongarse a juicio del médico.

El tratamiento con fármacos deberá cesar gradualmente, porque éstos pueden producir adicción, y si se suspenden bruscamente, aparecerán síntomas de abstinencia.

Los suplementos naturales a base de vitaminas y plantas son muy útiles efectivos para combatir la ansiedad.

SupraEnergía es la mejor opción, consulte con su especialista cómo tomarlo.

Variedades de pastillas al lado de un vaso con agua

Alternativas naturales para el trastorno de pánico

  • Técnicas de relajación y meditación son muy útiles para evitar la ansiedad que conduce al pánico, y para manejar a éste cuando se presenta. Constituyen excelentes maneras de inducir la tranquilidad natural.
  • Yoga conduce a un estados semejante al de la meditación, ofreciendo disciplina mental que ayuda a afrontar los miedos súbitos. Además proporciona flexibilidad y tonifica el cuerpo.
  • Técnicas de respiración,  respirar profunda y lentamente disminuye el nivel de ansiedad y disminuye la duración de las crisis, al brindarle más control a la persona.
  • El ejercicio produce endorfinas que proporcionan una sensación de bienestar que neutraliza la ansiedad.

Correr, caminar, montar en bicicleta o practicar algún deporte, son maneras de mejorar la salud y levantar el ánimo.

  • Alimentación balanceada que contenga vitaminas y antioxidantes, para fortalecer al sistema inmune y minimizar la ansiedad.

Si no se come adecuadamente el cerebro genera un estado de alerta y desata ansiedad por comer, añadiendo leña al fuego, por decirlo así.

Las vitaminas del complejo B han demostrado ser efectivas, ya que promueven la producción de serotonina, capaz de disminuir la intensidad de los episodios de pánico.

  • Evitar el consumo excesivo de cafeína, alcohol, tabaco y sustancias nocivas que producen irritabilidad y alteraciones en las percepciones.
  • La naturaleza ofrece alternativas en los compuestos de algunas plantas, que han demostrado efectividad combatiendo la ansiedad, entre ellas tenemos: la valeriana, la manzanilla, el té verde y la passiflora.

Padre e hijo haciendo yoga

Apenas tienen efectos secundarios y se combinan muy bien con todas las terapias ya descritas.

  • Masajes en el área del cuello y los hombros producen alivio de los ataques de pánico, pues son las zonas que más se tensionan durante los mismos.
  • Las plantas adaptógenas contienen principios activos que combaten el estrés y disminuyen la ansiedad: ginseng, raíz de ashwagandha, hierba de san juan y albahaca sagrada, han sido usadas durante milenios para calmar estos síntomas.

El suplemento nutricional  SupraEnergía contiene extractos de estas plantas adaptógenas, combinados con vitaminas B y C, en las proporciones correctas para combatir la ansiedad y limitar el estrés.

Son la solución rápida, efectiva y natural, junto a una dieta sana y ejercicio regular.

Consulte a su especialista sobre esta excelente opción, que le brindará rápidamente una sensación duradera de bienestar y tranquilidad.

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