Ilustración de evolución de una chico joven obeso

Obesidad y desnutrición: dos caras de un mismo problema

Obesidad y desnutrición: dos caras de un mismo problema

Última actualización: 14-09-2018 por Editor Roselis.

La mala alimentación es el factor preponderante a la hora de medir la obesidad y la desnutrición: peligrosas hermanas gemelas que vamos a desenmascarar en este artículo.

Obviamente, también hay factores externos (socioeconómicos, culturales), que influyen en las deficiencias alimenticias; sin embargo, lo ideal es ajustar mis hábitos dietéticos a dichos factores.

Ilustración de evolución de una chico joven obeso

Los gurús nutricionales sugieren la posibilidad de desaprender y reaprender formas positivas de alimentarnos.

Esta reeducación nos enseña a comer para vivir y no a vivir para comer, evitando la llamada “doble carga”, en términos nutricionales.

Esta “doble carga” es producto de un fenómeno típico en países en vías de desarrollo y naciones del primer mundo: desnutrición y obesidad.

Ambas condiciones, aparentemente antagónicas, nos dicen a gritos que debemos repensar nuestra forma de comer, y empezar un tiempo de educación nutricional.

Es un error creer en la mentira de que podemos comer cualquier cosa y después pretender quemar esos excesos en dos horas de entrenamiento en el gimnasio.

No es tan fácil, no basta con ejercitarse bien, ni siquiera sumándole a eso una “alimentación balanceada”; la premisa es aprender a comer de forma saludable.

Alimentación balanceada vs Alimentación saludable

Probablemente esto te va a escandalizar: no necesariamente una alimentación balanceada es sinónimo de una alimentación saludable.

Sin embargo, una alimentación saludable siempre será una alimentación balanceada.

En este sentido existe un concepto muy interesante llamado “desnutrición proteica”; eso significa ingerir a través de los alimentos suficiente energía pero escasas proteínas.

No basta solo con “comer”, hay que hacerlo bien, logrando el equilibrio perfecto entre los hidratos de carbono y las proteínas.

Muchos apelan al contexto en el que están viviendo para intentar justificar sus errores nutricionales.

Podría ser el caso de las personas de bajos recursos, que optan por las harinas para sentirse más llenos, sacrificando la ingesta de proteínas.

Otros callarán, mientras piensan en voz alta “bah, tengo dinero para comprar y comer lo que me dé la gana”.

Mientras tanto, la desnutrición en un caso, y la obesidad en el otro, comienzan a comerse nuestros mejores años, dejándonos al mismo tiempo problemas de salud.

Una alimentación balanceada se compone, básicamente, de carnes, huevos, verduras, frutas y legumbres; ella reúne todos los nutrientes necesarios para que el organismo funcione perfectamente.

De forma detallada, las proteínas, los hidratos de carbono, los minerales, las vitaminas, y el agua, es lo que el cuerpo necesita para mantenerse sano.

Ahora, esto no necesariamente se traduce en comer de forma saludable.

La alimentación saludable habla del equilibrio entre los nutrientes y el buen hábito de comer solo las porciones que necesito y no las que mi sensación de hambre demande.

Algunas personas se sienten seguras de que comen “balanceado” y aun así tienen problemas de salud, como triglicéridos y colesterol alto, hipertensión, entre otros. Incluso, y aunque suene paradójico, situaciones de sobrepeso.

Siendo, entonces, la obesidad y la desnutrición las dos caras de una misma moneda ¿Cuáles son sus características? ¿Cómo saber si ya he llegado al punto de declararme con problemas de obesidad o con problemas de desnutrición?

Cuando la obesidad se ha vuelto un problema

Lo malo de la obesidad no son solo recibir los motes como gordito, rechoncho, cachetón, o rellenito. Es necesario entender que la obesidad es un problema bastante serio.

Cuando el tejido adiposo supera lo recomendable el primer problema que se presenta es de tipo respiratorio porque la grasa se acumula debajo del diafragma.

También surgen inconvenientes gastrointestinales, básicamente en forma de reflujo gastroesofágico.

Pero quizá lo más preocupante sean las complicaciones cardiovasculares manifestadas como infartos de miocardio, trombosis venosas, e insuficiencia cardiaca.

De igual forma, el desarrollo de sobrepeso te expone mucho más a la hipertensión arterial.

Existen dos tipos de obesidad: la obesidad central y la obesidad periférica.

La primera es más común en hombres, de hecho es conocida como obesidad masculina; en este caso la grasa se sitúa alrededor del abdomen formando la popular “barriga”.

Por otra parte, la obesidad periférica es típica de las mujeres ya que la grasa se acumula en la cadera, glúteos y muslos.

La obesidad central o androide provoca que el cuerpo tome forma similar a una manzana; mientras que en la obesidad periférica o ginoide la figura es más parecida a una pera.

Sean manzanas o peras, la expectativa de vida se va acortando porque ambas implican trastornos muy delicados de salud.

Para el año 2014 el 13% de la población mundial, unos 600 millones de personas, ya eran considerados con problemas de obesidad; eso sin contar los 42 millones de niños menores a cinco años que también entran en esta categoría.

Desnutrición, la prima de la obesidad

La desnutrición no es sinónimo de pobreza, más bien es una patología que no hace distinción de estratos sociales.

La falta de nutrientes elementales no es la única causa, sino también la variedad y las cantidades ingeridas.

Inclusive, es probable padecer de una incapacidad para absorber dichos nutrientes, aunque estés alimentándote muy bien.

Si esta situación se agrava, es posible pasar de la desnutrición a la malnutrición; es decir, un estado en el que hay falta de nutrientes sumado a un importante déficit de vitaminas y minerales.

Existen otros factores causantes de la desnutrición, por ejemplo el psicológico, representado en una depresión leve o una anorexia nerviosa.

En dichos casos hay un descontrol manifiesto en las horas de las comidas, las cantidades ingeridas, y en los alimentos seleccionados.

No importan las causas, las consecuencias siempre serán las mismas, siendo la primera de ellas la más evidente: pérdida de peso. Palidez, pómulos salientes, falta de concentración, caída del cabello, son otras características clínicas de esta condición.

No nos engañemos, tanto la obesidad y su exceso de alimentación, como la desnutrición y su falta de ella, son problemas de ayer y de hoy que rayan en lo pandémico.

El abundante tejido adiposo o formaciones óseas no hacen más que denunciar un mismo problema: la malnutrición.

En ambas, su forma leve es solucionable y no genera graves consecuencias, pero por el contrario, si se encuentra en un estado avanzado puede ser irreversible provocando la muerte de la persona.

Se calcula que a diario mueren al menos 24 mil personas por consecuencias directas o indirectas del hambre.

Los niños, principales afectados

Una encuesta acerca de obesidad realizada en 2012 por un importante ente mexicano arrojó datos demoledores: 35% de los niños interrogados padecen sobrepeso. Y, a mayor porcentaje de desnutrición, mayor riesgo de desarrollar sobrepeso.

Desde que están en el vientre de sus madres, el niño ya está a merced de la nutrición de su progenitora, del consumo adecuado de las vitaminas, ácido fólico y proteínas.

Fallar en esto, es traer al mundo un bebé propenso, paradójicamente, a la obesidad.

Las manos de la enfermera pediátrica sostienen y usan un medidor de sangre y glucosa con una hoja de verificación y un bebé recién nacido enfermo para controlar la glucosa en su sangre en las

Otro aspecto muy importante es el de la lactancia materna porque muchas mujeres, en vez de la amplísima recomendación de darle seis meses de exclusiva leche materna al niño, se valen del uso de fórmulas.

Es claro que esto afecta su peso corporal, provocando en muchos casos desnutrición aguda.

Un estudio del año 2006 de la UNICEF comprobó que todos los años nacen en el mundo aproximadamente 20 millones de niños y niñas con deficiencias de peso. De esa cifra, casi cuatro millones pertenecen a América Latina y el Caribe; un escándalo.

Ya en el 2007, según el mismo organismo, uno de cada cuatro niños y niñas tiene peso inferior al normal. En cifras actuales, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, aproximadamente mil millones de personas se alimentan de manera deficiente.

Alrededor de 200 millones de niños menores de cinco años padecen desnutrición crónica, 13% de ellos ha llegado ya al punto de desnutrición aguda, cuyas consecuencias se harán presentes por el resto de sus vidas.

La otra cara de la moneda es la obesidad infantil, la cual se ha convertido en un gravísimo problema de salud en la actualidad.

La obesidad infantil, el monstruo del siglo XXI

Datos suministrados por la Organización Mundial de la Salud establecen que para 2016 más de 41 millones de niños menores de cinco años en el mundo sufrían de sobrepeso.

Cerca de la mitad viven en el continente asiático y aproximadamente un 25% en África.

Eso nos deja con casi otro 25% en el continente americano: unos 10 millones de niños y niñas; una completa barbaridad. Lo que demuestra la tendencia es que el niño o niña con problemas de obesidad, los seguirá teniendo de adultos.

¿Qué hacemos? Lo más importante siempre es desarrollar políticas preventivas y no reactivas; y esto aplica para todo en la vida.

El sobrepeso y la obesidad son patologías absolutamente previsibles.

La principal y más importante recomendación va dirigida a que los padres aprendan a valorar y respetar la importancia de la lactancia materna exclusiva.

Los nutrientes, vitaminas y minerales provistos por este néctar del cielo, no pueden ser igualados por ninguna fórmula hecha por el hombre.

Mientras los niños van creciendo es fundamental enseñarles a comer, inculcarles la trascendencia de comer a diario frutas y verduras.

No se trata de si les gusta o no, sino de aprender a comer para vivir y no vivir para comer; como alguien bien dijo “que la mitad de tu plato sean verduras y hortalizas, y con el resto haz lo que quieras”.

Padres y madres: ustedes deben controlar la ingesta en exceso de dulces, azúcares, aditivos, químicos, e hidratos de carbono refinados. Que los niños lloren un poco, no importa, mañana se lo van agradecer profundamente.

Una desnutrida obesidad

Te propongo mejorar lo que ya sabemos acerca de “comer bien” y comenzar una campaña de desaprender y volver aprender acerca de la construcción de buenos hábitos de salud.

Tanto la obesidad como la desnutrición tienen una causa común de la que poco se habla: la ignorancia.

Te sorprenderías al saber que hay familias con niños o niñas en situación de bajo peso y adultos con sobrepeso u obesidad; es decir, desnutrición y obesidad coexistiendo en la misma familia.

Es la ignorancia la que muchas veces nos lleva por la senda de los malos hábitos alimenticios propulsores de algunas de estas patologías. Ella misma impide que hagamos una correcta selección de alimentos y cada día nos hundamos en vidas más y más sedentarias.

Podríamos suponer que la abundancia económica promueve la obesidad y la falta de recursos la desnutrición, pero se ha comprobado que no necesariamente es así.

Alimentos ricos en vitaminas y nutrientes en fondo negro

Son muchos factores los implicados en estos fenómenos sociales; sin embargo, con muchos o pocos recursos, la adecuada selección de alimentos es la clave.

Comer bien se traduce en sentirnos bien, lo que nos alejará de forma casi automática del estilo de vida sedentario típico del obeso o de aquel con problemas de bajo peso.

Es común creer que realizar “actividades físicas” es solamente hacer ejercicios o practicar algún deporte; pero realmente va mucho más allá.

Camine en vez de tomar el bus o su auto, suba por las escaleras en vez de usar el ascensor; vea menos televisión y reduzca el tiempo que pasa frente a la computadora.

Olvídese de vez en cuando de esa comodidad tecnológica y vaya en bicicleta por un café, su cuerpo y su salud en general se lo van agradecer.

Tanto la desnutrición como la obesidad, de seguir con la tasa de crecimiento que anualmente vienen mostrando, podrían parar en una pandemia de dimensiones apocalípticas. Es necesario reflexionar en cuanto a este tema.

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