Los mil y un usos de los probióticos

Los mil y un usos de los probióticos

Última actualización: 02-01-2019. Equipo Nutricioni

Representación de los probióticos. Buenas bacterias y microorganismos para la salud humana. Fondo blanco.

Aunque no puedan observarse a simple vista, los microorganismos se encuentran en cada una de las cosas que vemos alrededor, desde las plantas del jardín hasta en el control del televisor. Los probióticos son parte de este mundo pequeño y sirven para muchas cosas.

Entre los diferentes tipos de microorganismos, se pueden distinguir a las bacterias, término que engloba a una inmensa diversidad de entidades vivas que tienden a asociarse con enfermedades. Lo que pocos conocen es que existen muchísimas bacterias que son benéficas para el hombre.

Si bien es cierto que patologías como la meningitis o la tuberculosis son originadas por estos organismos, se debe tomar en cuenta que nada más en el tracto digestivo, existen millones  de bacterias que coexisten de modo pacífico en el cuerpo humano.

De hecho, estas bacterias resultan increíblemente beneficiosas, no sólo en los procesos digestivos y la absorción de nutrientes, si no como colaboradores del sistema inmune, regulando las poblaciones de otras bacterias.

La flora bacteriana se adquiere desde edades muy tempranas, (incluso durante el parto), siendo la leche materna, uno de los alimentos que favorece su proliferación, pues contiene bacterias benéficas que pasarán a instalarse en el tracto intestinal del bebé.

La leche materna es por lo tanto el primer alimento probiótico que consume la mayoría de los infantes, siendo innegables todos los beneficios nutricionales e inmunológicos que la leche materna aporta al desarrollo del neonato.

Un tracto intestinal sano requiere de millones de bacterias para su buen funcionamiento y es por esto que consumir alimentos o suplementos que puedan mantener el equilibrio de la flora intestinal, debe ser parte de la dinámica de alimentación de toda persona.

Entre las múltiples funciones de la flora intestinal están desde la asimilación de nutrientes y la producción de vitaminas hasta la prevención de enfermedades.

¿Qué es exactamente un probiótico?

Los probióticos son alimentos que contienen microorganismos provechosos para el hombre, los cuales, además, pueden sobrevivir a los ácidos estomacales y a las condiciones fisicoquímicas del tracto intestinal.

La mayoría de los probióticos vienen de la leche y sus derivados, siendo el yogurt uno de los más populares. Sin embargo, otros derivados lácteos como el queso, el suero o las natillas, también pueden ser considerados probióticos, aunque no sean tan ricos en bacterias como el yogurt.

Además de los lácteos, diferentes alimentos de origen vegetal o animal, que pasen por procesos de fermentación, pueden entrar en esta categoría, como ocurre con el tofu o el kimchi. Cada cultura tiene predilección por ciertos tipos de probióticos, pero el comercio global permite actualmente que se pueda  diversificar su consumo.

Para quienes son intolerantes a la lactosa, y por lo tanto consumen escasas porciones de estos alimentos, o para quienes desean mejorar sus funciones intestinales, el consumo de suplementos como el SúperBio, se ha transformado en una de las opciones de mayor viabilidad, para optimizar la digestión y todos los mecanismos que dependen de esta.

Un probiótico no solo incorpora bacterias al aparato digestivo, si no que fomenta el equilibrio adecuado entre los diferentes tipos. Se estima que existen entre 1500 y 2000 especies de bacterias asociadas al intestino y cada especie, cuenta con millones de individuos  en constante reproducción.

Conociendo estas cifras, no es lógico que se ignore la importancia de mantener un balance biológico, puesto que buena parte de las enfermedades gastrointestinales son consecuencias del desequilibrio de estas poblaciones.

Adicionalmente, se debe considerar que a través del intestino se adquiere todo lo que necesita el cuerpo para vivir. El alimento es el combustible, pero sin una maquinaria que lo procese eficientemente, se pierde toda su riqueza nutricional, por lo que preservar su flora bacteriana, es de suma importancia.

Una mejor calidad de vida gracias a los probióticos

Concepto intestinal de la flora con los iconos de las bacterias y de los probioticos. Fondo azul.

Siendo el aparato digestivo tan rico como es en bacterias, y estando expuesto continuamente a nuevos microorganismos que ingresan junto a los alimentos, es evidente que este sistema, juega un rol relevante en la inmunidad del cuerpo.

Las bacterias que habitan en el aparato digestivo, pueden promover la producción de anticuerpos como los macrófagos y servir como controladores poblacionales de otras bacterias que pueden resultar nocivas ante cambios drásticos de su abundancia.

Varias patologías intestinales y estomacales como el colon irritable, la colitis o la gastritis, pueden ser tratadas con probióticos e, incluso, éstos son recomendados como tratamiento complementario en casos de cáncer de colon.

La absorción de nutrientes y líquidos también se ve beneficiada por la flora bacteriana, teniendo una gran participación en la absorción de las vitaminas K y B, hierro y calcio, además de facilitar la asimilación de los lácteos.

También se ha sugerido cada vez con más fuerza, que los probióticos pueden ser un aliado en la lucha contra el sobrepeso, ya que pueden restringir la absorción de grasas haciendo que éstas se desechen junto con las heces, pudiendo regular a su vez los niveles de colesterol y otros valores dependientes del consumo de lípidos o grasas.

En las mujeres, estos suplementos probióticos favorecen de manera adicional el equilibrio de la flora vaginal, lo que ayuda a prevenir infecciones tanto vaginales como urinarias, y a fomentar la presencia de bacterias idóneas para esta región, la mayoría perteneciente al género Lactobacillus.

Como se puede observar, los beneficios del consumo de probióticos son múltiples, con muy pocas contraindicaciones. En general, los productos que promueven la proliferación de la flora intestinal, se asimilan fácilmente y mantienen la estabilidad de la microbiota.

Ricos en sabor y ricos en probióticos

Como se mencionó anteriormente, el yogurt es uno de los más conocidos probiótico, tanto por su valor nutritivo como por ser fuente de vitaminas B5 y B12, y minerales como calcio, fósforo y potasio, como por su valor medicinal.

El yogurt o yogur, refuerza al sistema inmunológico, actúa como un protector gástrico, reduce el riesgo de cáncer y diabetes, mejora la apariencia de la piel, cabello y dientes, además de ser un probiótico por excelencia.

Bacterias como Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus salivarius presentes en el yogurt, facilitan la asimilación de los lácteos y transforman la lactosa en ácido láctico, que actúa controlando las poblaciones de bacterias nocivas en el intestino. Además del yogurt, existe un fermentado de leche de procesamiento similar llamado kéfir.

Las mantequillas naturales, los quesos frescos hechos con leche cruda y otros derivados lácteos que no hayan sido pasteurizados, son alimentos probióticos ricos en bacterias como las thermophillus, bulgaricus y acidophilus, todas de acción benéfica.

Algunos quesos procesados mantienen parte de su flora bacteriana como son el queso mozzarella, el queso cheddar, el gouda (queso de origen holandés) y el requesón o ricota que se obtiene a partir del suero de leche. Adicionalmente, se puede optar por el consumo de cremas de leche, sueros y natas no pasteurizados.

En la cocina asiática, son comunes los alimentos derivados de la fermentación de la soya, los cuales resultan probióticos muy saludables, tales como el tofu, el miso y el tempeh. Estos alimentos resultan muy nutritivos y son parte de la dieta tradicional de los veganos, pues les permiten sustituir las proteínas animales.

Los encurtidos artesanales marinados en sal (e incluso en vinagre) también se consideran probióticos, pues contienen bacterias ácido lácticas. Algunos ejemplos podrían ser las aceitunas y los pepinillos, aunque puede encontrarse toda una variedad de vegetales encurtidos, e incluso pueden elaborarse en casa.

En Europa también es común el consumo de chucrut, que no es más que col especiada fermentada en vinagre, también rico en bacterias lácticas como la Lactobacillus plantarum, siendo además fuente de vitaminas A, B y C, potasio y fósforo.

Por último, también existen bebidas probióticas como el kéfir de agua, el kvass y el Kombucha. Todas ellas son bebidas fermentadas aunque de distintas fuentes y que cada vez ganan más popularidad en el mercado.

Los probióticos en suplementos

Los suplementos probióticos son comunes en la alimentación de los infantes, ya sea tanto en las fórmulas alimenticias que intentan emular la leche materna, como en muchos medicamentos, especialmente para tratar  trastornos intestinales como cólicos y diarrea.

En adultos el consumo de suplementos probióticos puede ser también de importancia nutricional y médica, pues estas cepas bacterianas pueden intervenir en procesos fisiológicos, como la descomposición y asimilación de los alimentos, hasta en el tratamiento de ciertos tipos de cáncer, sólo por poner un ejemplo.

A medida que crecemos el cuerpo humano va perdiendo de manera natural la capacidad de procesar los lácteos, y es aquí cuando se debe recordar que el hombre es el único mamífero que sigue tomando leche aun en su etapa adulta, y que ésta ha sido una adaptación más cultural que biológica.

Las bacterias presentes en los suplementos probióticos como el SúperBio, facilitan la digestión de la lactosa, pues renuevan la flora bacteriana que se va perdiendo en la medida que se deja a un lado la lactancia, logrando que se aproveche incluso en edades avanzadas, de todos los beneficios nutricionales que ofrecen los lácteos.

Cuando se presentan gases, cólicos o diarrea, en general son síntomas indicativos de algún desequilibrio en la flora bacteriana, ya sea causada por una alimentación inadecuada, un patógeno o enfermedad, o incluso por algún tratamiento médico como el uso de antibióticos.

Los antibióticos no distinguen entre un organismo bacteriano u otro, sino que son las bacterias quienes pueden o no ser resistentes a un determinado compuesto y muchas veces, cuando por alguna afección se toma antibióticos, se afecta involuntariamente la flora benéfica del tracto digestivo.

Para restablecer el equilibrio la opción más recomendada es el consumo de suplementos probióticos, que permitan restablecer la abundancia bacteriana idónea y así restablecer rápidamente las funciones fisiológicas esenciales del intestino.

¿Qué contienen estos suplementos?

Probióticos Yogurt con Duraznos

Si bien se pueden consumir yogures y otros probióticos naturales, se debe recordar que muchas veces el procesamiento y manufactura de estos alimentos, hace que se sacrifiquen muchas de sus propiedades a favor de una mayor durabilidad del producto, o simplemente de un mejor sabor.

Al consumir suplementos probióticos, se puede estar seguro de que está ingiriendo no sólo las cepas bacterianas que necesita, si no en las cantidades adecuadas, (que tienden a ser mucho más bajas en los productos naturales) y cuya viabilidad ha sido probada científicamente.

Un probiótico de calidad como el SúperBio contiene más de una cepa bacteriana, en este caso seis, en cantidades tales que asegura que un buen número de estas cepas de bacterias podrá sobrevivir y reproducirse en el exigente medio intestinal, es decir, varios millones de bacterias en cada comprimido.

Tales números pueden en un principio resultar algo alarmantes, pero es justamente lo que el cuerpo necesita para restablecer las abundancias naturales y necesarias, para un funcionamiento óptimo.

Adicionalmente, los suplementos contienen alimentos para estas cepas bacterianas, que sirven para estimular la proliferación de estos organismos, así como compuestos que fungen como protectores para las mucosas y tejidos gástricos.

También es importante consumir estos productos de la manera adecuada, preferiblemente en ayunas y los que deben diluirse, hacerlo en un solvente como el agua a una temperatura similar a la del cuerpo humano, unos 37 grados, a fin de disminuir los factores de estrés biológico y facilitar el establecimiento de las bacterias.

En resumen, los suplementos probióticos aportan cepas certificadas en las cantidades adecuadas, los elementos o estimulantes necesarios para activar estas cepas y los compuestos específicos para proteger las mucosas intestinales y propiciar un establecimiento equilibrado de la flora bacteriana.

Ayudando a los probióticos

Existe otra gama de productos que se conocen como prebióticos, que complementan el uso de probióticos aportando nutrientes y cofactores necesarios, para el crecimiento de las cepas bacterianas del tracto digestivo.

Si bien el cuerpo humano no es capaz de procesar estos compuestos, las bacterias del tracto digestivo sí pueden hacerlo y son a ellas a quienes van dirigidos estos alimentos. Los prebióticos más comunes son la inulina, los fruto-oligosacáridos y la lactulosa, presentes en numerosos vegetales.

El consumo de cereales como la avena o el trigo, además de vegetales como las alcachofas, las espinacas, el ajo, los puerros como el ajoporro o el cebollín, la cebolla y los espárragos aportan importantes cantidades de inulina y oligosacáridos.

Las legumbres como las papas, zanahorias y las remolachas contienen otros prebióticos como la rafinosa, verbascosa y estaquiosa, y son ricos en vitaminas y carbohidratos como el almidón, que aportan energía al cuerpo.

Frutas como el cambur y los plátanos, las fresas y las manzanas también contienen fruto-oligosacáridos. Además, alimentos probióticos por excelencia como son los lácteos aportan a su vez prebióticos como la lactulosa, especialmente el queso de cabra.

Por último la miel de abejas, alimento altamente nutritivo, es también una fuente de prebióticos, lo que resulta una excelente noticia para quienes disfrutan del consumo de miel como sustituto de la azúcar blanca y otros azúcares procesados.

Los prebióticos, por tanto, se encuentran en muchos productos que, seguramente, están presentes en la dieta diaria de la mayoría de las personas, por lo que la clave es mantener cierta variabilidad y balance en las comidas, a fin de incorporar no sólo los prebióticos necesarios, si no vitaminas, minerales y proteínas de manera proporcional.

Hay ciertas prácticas que también pueden ayudar a mejorar la digestión, así como otros alimentos que sin ser prebióticos, son digestivos naturales, como el hinojo, la piña o incluso el aceite de oliva, entre muchos.

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