Hombre que tiene un dolor de cabeza de migraña.

La impotencia… ¡un problema con solución!

La impotencia… ¡un problema con solución!

Última actualización: 07-04-2019. Equipo Nutricioni

¿Tiene dificultades para conseguir una erección y mantener relaciones sexuales satisfactorias con tu pareja? Es muy probable que estés padeciendo de impotencia sexual.

Este trastorno también recibe el nombre de disfunción eréctil y se caracteriza por la imposibilidad recurrente o temporal de un hombre de disfrutar de la dureza suficiente de su pene para realizar el coito.

Concepto de hotel, viaje, relaciones y problemas sexuales: hombre molesto sentado en la cama con una mujer en la espalda

La disfunción eréctil puede ser total cuando el hombre no logra una erección que le permita penetrar a su pareja o también puede ocurrir que logra la penetración pero su pene pierde turgencia durante la realización del coito y antes de lograr el orgasmo.

Los orígenes de la disfunción eréctil o impotencia masculina pueden ser muy variados.

Las causas pueden ser psicológicas (no hay daños somáticos o fisiológicos que los expliquen), también pueden ser somáticas o anatómicas y algunas veces nos conseguimos con que las causas son fisiológicas.

Como quiera que las causales de la impotencia masculina pueden ser muchas, entonces es razonable suponer que también los tratamientos pueden ser variados. Aunque, a grandes rasgos, las estrategias terapéuticas pueden ser generalizadas.

Si la impotencia se debe a deformaciones o alteraciones anatómicas o a problemas de funcionamiento fisiológico, las terapias se basan en tratamientos farmacológicos e incluso cirugía.

Siempre las terapias para controlar o erradicar la impotencia masculina o disfunción eréctil incluyen como indicación, la ayuda psicológica. La disfunción eréctil siempre incluye un componente psicológico, independientemente de su origen.

Cuándo la disfunción eréctil es de origen psicológico, las causas pueden ser el estrés, la inseguridad, disfuncionalidad de la relación de pareja, etc. Si las causas son de origen somático o fisiológico, siempre terminan por afectar psicológicamente al paciente.

Existen tratamientos farmacológicos como el tadalafilo, el vardenafilo, el avanafilo o el sildenafilo que ayudan al hombre disfuncional a lograr una erección en el momento del coito, pero no resuelven el problema de fondo.

Para enfrentar la impotencia masculina con esperanzas reales de éxito debemos introducir cambios sustanciales en nuestro estilo de vida.

Para lidiar con la disfunción eréctil debemos erradicar el sedentarismo y practicar algún deporte o actividad física, desarrollar un plan alimenticio adecuado a este objetivo y llevar nuestra vida con paz, sosiego y tranquilidad, apuntalando nuestra autoestima.

Factores de riesgo para la disfunción eréctil

Hay ciertos factores condicionantes para que un adulto masculino pueda llegar a ser paciente de disfunción eréctil o impotencia masculina. Entre estos factores podemos destacar:

La edad. Estadísticamente, son muchísimo más frecuentes los casos de pacientes con disfunción eréctil si estos son mayores de 40 años. Las estadísticas hablan de que alrededor del 30% de los hombres mayores de esta edad sufren algún tipo de impotencia sexual.

El tabaquismo. Se ha comprobado un efecto nocivo del fumar sobre el funcionamiento eréctil del hombre. Esto se debe a que la nicotina es un potente vasoconstrictor, impidiendo una buena irrigación sanguínea en el pene.

Cirugía o traumas a nivel de cualquier órgano que intervenga en la función eréctil. Lesiones del pene, las caderas, la columna vertebral o sistema vascular suelen inducir a un mal funcionamiento eréctil.

De la misma manera puede ocurrir si la alteración es creada por una cirugía a estos niveles.

Efectos secundarios de algunos fármacos. Algunos medicamentos utilizados para tratar la depresión o la hipertensión arterial pueden tener como efecto secundario la disfunción eréctil. Esta patología suele desaparecer cuando se suspende el tratamiento.

La depresión. Esta patología altera el funcionamiento psicológico, fisiológico y hasta metabólico del paciente. Por ello se somatiza con la disfunción eréctil, entre otros síntomas.

Además, algunos de los medicamentos que se utilizan para su tratamiento pueden tener como efecto secundario, una acción negativa sobre la función eréctil.

La hiperlipidemia. Especialmente valores elevados de colesterol en las sangre pueden alterar nuestra capacidad para lograr una erección satisfactoria.

La hiperlipidemia altera nuestra hemodinamia, lo cual dificulta la adecuada y conveniente irrigación sanguínea a nivel del pene y el llenado satisfactorio de los cuerpos cavernosos (los cuerpos cavernosos son las áreas del pene que se llenan de sangre para lograr la erección).

El alcoholismo. En bebedores eventuales el problema de disfunción eréctil suele desaparecer al disminuir los niveles de alcohol en la sangre, pero en los alcohólicos consuetudinarios la disfunción se torna crónica.

El alcohol afecta el funcionamiento del sistema nervioso central y por ende la capacidad de excitación sexual de un número aproximado al 75% de alcohólicos.

Tu mente y la disfunción eréctil

La disfunción eréctil ocurre cuando el proceso de llenado de sangre del pene está interrumpido por alteraciones psicológicas, fisiológicas o estructurales.

La erección es un proceso que comienza con la excitación sexual. Este es un proceso psicológico que se da a nivel cerebral y se dispara por estímulos sensoriales. También puede activarse por la memoria o la imaginación.

La excitación sexual desata procesos fisiológicos, hormonales que activan el flujo sanguíneo hasta el pene.

Cuando los cuerpos cavernosos del pene se llenan de sangre, entonces se produce la erección. Es necesario que esta rigidez dure lo suficiente (por lo tanto la excitación debe mantenerse) como para que se logre el orgasmo o la eyaculación.

La función eréctil puede verse impedida o alterada por factores fisiológicos, anatómicos o psicológicos.

Refirámonos por un momento a las causales psicológicas de la disfunción eréctil.

Cuando un hombre tiene relaciones sexuales con una mujer por la cual se siente realmente atraído, es menos probable que enfrente problemas con su funcionamiento eréctil.

El nexo mental, anímico, afectivo que se establece aumenta la excitación, hace que el encuentro sea “más animal”. Que la motivación real del encuentro sea la atracción física y no simplemente el deseo de “colgar otro trofeo” sobre el muestrario de conquistas femeninas logradas.

La atracción física real descarga presión sobre las dudas de si puede ser un buen amante. La atracción real, el instinto animal, aleja los pensamientos sobre tus capacidades amatorias, incluidas tus habilidades funcionales desde el punto de la erección.

Entonces, el primer consejo es que te limites a relaciones sexuales con mujeres que realmente te atraigan.

Aprende a amar y disfrutar de su presencia. Podemos decir que el sexo es un viaje, un exquisito viaje sensorial.

Aprende a disfrutar de la apariencia, del olor de tu pareja. Acaríciala y llénate  de la tersura de su piel. Recorre todo su cuerpo para catarla en su totalidad. Deja tus sentidos llenarse de ella.

Extiende las caricias hasta casi hacerlas un sufrimiento, deja que tu excitación alcance el paroxismo.

En ese punto no tendrás espacios para dudar de tus capacidades, solo las desplegarás.

Tratamientos farmacológicos para la impotencia

Hay 2 tipos de tratamientos farmacológicos para combatir la disfunción eréctil. Uno tiene que ver con el control sistémico de enfermedades endocrinas. Al regular la enfermedad endocrina, desaparece la disfunción eréctil.

El otro tipo de tratamiento farmacológico es puntual, y está dirigido a lograr que los cuerpos cavernosos del pene se inunden de sangre al momento del coito o acto sexual. Cuando los cuerpos cavernosos se llenan adecuadamente con sangre, se produce una erección.

Los tratamientos de origen farmacológico se pueden administrar por vía oral y son los más populares entre los pacientes de disfunción eréctil; pero también pueden inyectarse a nivel del pene o insertarse en la uretra mediante un supositorio.

Entre los fármacos más utilizados por los pacientes de disfunción eréctil para lograr erecciones puntuales durante el acto sexual o coito, se encuentran los siguientes:

Sildenafilo. El más popular es el conocido como Viagra. Se consume en píldoras de unos 50 mg, una hora antes del coito. Activa la acción del óxido nítrico, un relajante de los músculos lisos del pene, permitiendo así una mejor irrigación sanguínea del miembro.

Está contraindicado para pacientes con problemas de tensión arterial que se encuentren bajo tratamiento con nitratos.

Otros fármacos aplicados por vía oral y de efecto inmediato para el coito son el vardenafil (Levitra, Staxyn), el tadalafil (Cialis) y el avanafilo (Stendra).

Alprostadilo. Fármaco inyectable que se aplica directamente sobre el pene. Comercialmente, el más popular es el Caverject. Produce una erección a los 5-10 minutos de aplicada la inyección, y por lo general logra una erección fuerte de aproximadamente una hora de duración.

Como efectos secundarios están los riesgos del priapismo, así como cicatrices y endurecimiento del área de la inyección.

Evita siempre consumir medicamentos contra la disfunción eréctil si estás en tratamiento por cualquier causa cardiaca. Si deseas hacerlo, es obligatorio que antes consultes con tu médico tratante.

También hay contraindicaciones con el uso de bloqueadores alfa de los empleados para combatir el agrandamiento de la próstata.

La reacción entre estos medicamentos puede causar disminución drástica de la tensión arterial.

Consecuencias de la disfunción eréctil

La disfunción eréctil o impotencia masculina es la incapacidad de lograr una erección que permita la penetración coital de la pareja, pero también es la incapacidad de mantener esta erección hasta lograr el clímax sexual o la eyaculación.

Esto acarrea consigo algunas consecuencias que van minando la calidad de vida del paciente.

La primera y más obvia consecuencia es que el paciente va perdiendo por completo su capacidad de llevar una vida sexual placentera. El hombre se pierde del placer que produce el roce sexual con su pareja y, por supuesto, del éxtasis que provoca el orgasmo.

Como no puede penetrar a su pareja o tiene dificultades para lograr una eyaculación, entonces también tendrá limitaciones para embarazarla.

La incapacidad del paciente de lograr una penetración o de sostenerla de manera satisfactoria propicia el deterioro de la relación de pareja. Comenzando por enfriar y luego destruir la relación sexual.

Más temprano que tarde también empiezan a aflorar los problemas psicológicos. La tensión aumenta el estrés, se exacerba la ansiedad y hasta la depresión se hace presente.

Como el paciente está impedido de una erección o está limitado de mantenerla el tiempo y con la firmeza suficiente como para lograr placer, entonces su autoestima empieza a desaparecer.

Y entonces, cada acercamiento sexual hacia su pareja se va convirtiendo en un verdadero drama.

El hombre se siente incapaz de penetrar a su pareja, de saciarla y mucho menos de embarazarla. El paso siguiente es que comience a evitar cualquier acercamiento sexual con su pareja.

Otra consecuencia de la disfunción eréctil es que el paciente se va haciendo dependiente de los fármacos, especialmente aquellos de efecto inmediato y temporal. Llega el momento en que es incapaz de funcionar -ni siquiera medianamente- sin ayuda farmacológica.

Esto también ocurre en varones sanos que comienzan a utilizar las píldoras para mejorar y potenciar su funcionamiento sexual.

Cada una de estas consecuencias se irá agravando si la disfunción eréctil no es atendida pronta y oportunamente por un médico debidamente entrenado en el tema.

La dieta para potenciar tus erecciones

Como cualquier anomalía que pueda afectar nuestro buen funcionamiento fisiológico, metabólico, psicológico o de cualquier índole, la disfunción eréctil o impotencia masculina puede verse afectada (para mejorar o para empeorar) por la observancia o no de unas buenas normas nutricionales.

Forma de Corazón de Frutos Secos

Como otro cualquier mortal, el paciente de disfunción eréctil debe desarrollar un eficiente plan de alimentación que le permita participar en el proceso de enfrentar esta depredadora patología.

Está comprobado que hay algunos alimentos que conspiran contra tus capacidades de lograr una erección suficiente y competente para obtener placer en tus relaciones sexuales. Pero también que existen otros que potencian estas capacidades y te ayudan a ser “una verdadera fiera” en la cama.

Como quiera que el asunto es preocupante, te compartimos algunas recomendaciones para hacer de tu dieta un verdadero auxiliar de tu virilidad:

  1. Asegúrate una dieta balanceada. Con una proporción equilibrada de alimentos de los 3 principales grupos (carbohidratos, lípidos y proteínas).
  2. Para mejorar la absorción, digestión y metabolismo de tus alimentos, distribuye tus comidas a lo largo del día. Desayuno, almuerzo y cena. Y 2 meriendas, una a media mañana y la otra a media tarde.
  3. Se ha demostrado que el consumo de cafeína favorece el buen desenvolvimiento sexual y la función eréctil.
  4. La vitamina D apoya la formación de testosterona, la hormona del deseo sexual masculino y hace que los vasos sanguíneos se relajen mejorando la irrigación sanguínea del pene. Consume huevos, pescados de carne azul, leche, etc.
  5. Los frutos secos. Son ricas en ácidos grasos poliinsaturados, lo cual te ayuda a mejorar tus niveles de colesterol. Además ayudan a aumentar los niveles de óxido nítrico, un dilatador de los vasos sanguíneos.
  6. Consume alimentos ricos en flavonoides como las naranjas, las uvas y las moras o arándanos.
  7. Las legumbres, los pescados de carne azul (ricos en Omega 3, 6 y 9), el aceite de oliva, las carnes blancas suelen ser excelentes para lograr y mantener salud cardiovascular.

Como las enfermedades cardiovasculares son la primera fuente de disfunción eréctil, al controlarlas se mejora la disfunción.

  1. Evita el consumo de alcohol.

¿Disfunción eréctil? ¡Muévete!

Toda deficiencia en la función eréctil tiene su origen, en mayor o menor grado, en la incapacidad de tu cuerpo para irrigar apropiadamente con sangre los cuerpos cavernosos de tu pene.

Entonces, parte de la solución de los problemas de disfunción eréctil pasan por aumentar esa capacidad irrigadora y llevar convenientemente la sangre hasta tu pene.

Y no hay mecanismo más idóneo para estos fines que la actividad física o deportiva.

De entrada, parece elemental que la realización de rutinas de ejercicios apropiados para mejorar tus funciones cardiovasculares redundará en una mejor función eréctil.

Caminar, spinning, aerobics, natación son algunas actividades que te ayudarán a mejorar tu desempeño cardiovascular y por extensión, tu función eréctil.

También son convenientes los ejercicios pélvicos.

A mediados del siglo pasado el ginecólogo Arnold Kegel desarrolló una rutina de ejercicios que actúan sobre el suelo pélvico.

Se ha realizado una adaptación de esta rutina a las necesidades y características masculinas y son una verdadera ayuda para mejorar nuestro desempeño funcional eréctil.

Otra actividad que se reporta como una verdadera ayuda al paciente con problemas de disfunción eréctil es el yoga. Además de mejorar las condiciones cardiovasculares del paciente, también le reporta un inusitado bienestar psicológico.

El yoga reduce el estrés, la ansiedad y la depresión brindando una mejor actitud ante la vida.

También algunos pacientes se ayudan con el Tai chi. Se cree que los ejercicios de esta técnica masajean la próstata y activan la circulación sanguínea hacia el interior de la pelvis.

También se reportan mejorías con algunas rutinas de ejercicios con pesas.

Como primer paso, puedes practicar los ejercicios básicos de calentamiento: abdominales, flexiones de piernas, brazos y pecho. La idea es diseñar una rutina de ejercicios que de alguna manera imite el uso de la musculatura que se logra con el acto sexual.

Para que la terapia surta efecto, es necesario gradualidad, perseverancia, disciplina.

De esta manera potenciaras los efectos benéficos de los ejercicios. Te sentirás mejor, te verás mejor y funcionarás mejor (y tu pareja lo agradecerá).

Los ejercicios de Kegel

A mediados del siglo XX, el ginecólogo Arnold Kegel diseñó una rutina de ejercicios para el suelo pélvico de las mujeres, como una ayuda para facilitar el parto y controlar los problemas de incontinencia urinaria.

Como los ejercicios de Kegel actúan sobre los músculos del piso pélvico (hace que se contraiga el músculo pubocoxígeo), en algún momento determinado se aplicó como tratamiento de problemas de disfunción eréctil.

Aunque no hay estudios concluyentes sobre los beneficios obtenidos por esta terapia, no es menos cierto que cada vez más hombres con problemas de disfunción eréctil los practican con la esperanza de mejorar su condición.

Los ejercicios se focalizan sobre los músculos del piso pélvico, específicamente los que tienen que ver con los esfínteres de la vejiga y el ano.

El éxito del tratamiento depende de la pulcritud con que se aplique la técnica. Por ello es esencial detectar apropiadamente los músculos del piso pélvico.

Para identificar los músculos del piso pélvico, comienza a orinar y luego detén la micción. También puedes contraer el ano, como si quisieras detener las ganas de defecar.

Entonces, contráelos durante 3 segundos y luego relájalos otros 3 segundos más. Comienza a practicar tu rutina acostado en el suelo.

Luego de perfeccionada tu técnica, intenta realizar la rutina sentado, parado o caminando, e ir incrementando el tiempo que permaneces con los músculos contraídos, verificando que tu respiración sea normal.

Intenta ejercitar solo los músculos del suelo pélvico. Aisladamente.

Evita ejercitar muslos, glúteos o abdomen. ¡Concéntrate!

Antes de realizar cualquier actividad que ponga presión sobre el bajo vientre (reír, estornudar, toser o levantar pesos) trata de ejercitar los músculos de suelo pélvico.

Esta rutina de ejercicios tonificará tu musculatura a ese nivel y mejorará su irrigación sanguínea en el área periférica del pene.

Trata de realizar sesiones diarias de 10 minutos continuos. Y procura que esta rutina de ejercicios te acompañe de por vida.

Una vez aprendida la técnica, verás que puedes practicarla en cualquier momento, sin importar el lugar donde estés (los demás no lo notarán).

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