Hormonas suprarrenales: un carrusel de emociones

Hormonas suprarrenales: un carrusel de emociones

Última actualización: 11-10-2018. Equipo Nutricioni

“Suprarrenal” es una palabra derivada del latín y significa “encima del riñón”.

Las glándulas que reciben este nombre sintetizan y suministran a la sangre hormonas indispensables para la vida, y aunque son pequeñas, producen casi 40 sustancias diferentes.  

Cada glándula suprarrenal posee dos partes: la corteza y la médula, que son las encargadas de producir las hormonas del mismo nombre.

La corteza segrega las hormonas llamadas esteroides,  de las cuales hay tres tipos elementales: mineralocorticoides, glucocorticoides y hormonas sexuales (andrógenos en el hombre y estrógenos en la mujer).

La médula, por su parte, segrega adrenalina y noradrenalina.

Realmente son nombres complicados con funciones sencillas de entender, veamos: los mineralocorticoides equilibran el sodio y el potasio en el organismo; de esta familia, merece mención aparte la aldosterona, porque regula la presión sanguínea.

Los glucocorticoides se encargan de controlar el metabolismo de los hidratos de carbono, las grasas y proteínas, elevando el nivel de glucosa en la sangre. En este grupo, el cortisol u hormona del estrés, juega un papel fundamental en nuestro día a día.

Las hormonas sexuales, como te lo habrás imaginado, son las encargadas de facilitar la procreación, la aparición del vello púbico y los cambios que vamos experimentando en nuestra adolescencia.

Los ovarios producen hormonas sexuales femeninas: gestágenos y estrógenos; los testículos secretan la hormona sexual masculina llamada testosterona.

Cortisol: la hormona del estrés

Diseñada para ser liberada en momentos de angustia, miedo, o como respuesta a ciertos eventos cotidianos, el cortisol, en muchos casos, ha llegado a ser casi que nuestro café para empezar el día.

Por supuesto, para que esta respuesta sea posible el cuerpo necesita reorganizarse suprimiendo por un tiempo otras funciones igual de importantes, pero no necesariamente vitales.

Imaginemos que el jefe irrumpe desaforado en tu oficina y sin saludar te pide el informe que lleva semanas exigiéndote.

Las glándulas suprarrenales empiezan a secretar cortisol por cantidades industriales como una respuesta a dicho estímulo, la glucosa comienza a aumentar generando la energía necesaria para correr lejos del jefe o admitir la cruda verdad: no has hecho el informe.

La producción de insulina es bloqueada para que la glucosa no se almacene sino que se use de inmediato como fuente de energía; ahora las arterias se estrechan, la frecuencia cardíaca aumenta y el corazón trabaja a todo el ritmo que puede bombeando mucha sangre.

El jefe esboza una media sonrisa y con algo de desdén te comunica: “Ya no hace falta el informe, tranquilo”.

Mientras te debates entre reír o llorar, los niveles hormonales vuelven a la normalidad. El cortisol ha hecho su trabajo.

El único problema es que nuestro ritmo de vida a veces le hace trabajar horas extras, generando efectos secundarios indeseados en el organismo y prácticamente obligando a las glándulas suprarrenales a secretar cortisol constantemente.

Adrenalina: ¡Listos para la acción!

Ya sea secretada por las glándulas suprarrenales o producida artificialmente en algún laboratorio, necesitamos de esta hormona y neurotransmisor que nos activa para enfrentar algún reto.

“Hormona” porque es una sustancia química que viaja en la sangre y “neurotransmisor” porque lleva información desde una neurona hasta otra.

Volviendo a nuestro ejemplo del jefe melodramático, supongamos que luego de casi provocarte una sobredosis de cortisol y en vez de decirte “ya no hace falta el informe” te comunica que, “o lo tienes para la reunión de las 4:30 de la tarde o ni te molestes en volver al trabajo mañana”.

La adrenalina, entonces, desencadena múltiples efectos que nos disponen a movernos más rápido y a actuar en consecuencia.

Paradójicamente, el resultado psicológico en algunas personas es mayor productividad y en otras es una completa parálisis frente al agente estresor externo.

Desde el punto de vista fisiológico el cuerpo responde inmediatamente: pupilas dilatadas, aumento del ritmo respiratorio, el corazón late más rápidamente y por ende nos irritamos o alegramos con mucha más facilidad.

Cuando ocurre la oxidación de la adrenalina, su prima cercana, la noradrenalina hace su aparición.

La noradrenalina es también un neurotransmisor cuyo objetivo es mantener el cerebro en estado de alerta, generando un mayor enfoque en la actividad que estamos llevando a cabo. En ocasiones, es la responsable de causarnos ansiedad al no lograr responder satisfactoriamente al estímulo estresor.

Dicho estado de ansiedad inmediatamente incrementa nuestra presión arterial y libera las reservas de glucosa para intentar equilibrar el organismo. Este exceso de hormonas de tipo glucocorticoides tiene sus consecuencias: trastornos en el sueño, dolores de cabeza, náuseas, visión más borrosa que de costumbre, y hasta espasmos involuntarios.

Hormonas sexuales masculinas

No son muy distintas a las femeninas, de hecho, su funcionamiento es básicamente el mismo.

Los testículos son los encargados de producirlas, el cerebro de controlar cuándo y cómo liberarlas, y la hipófisis regula todo este proceso.

La hormona sexual masculina, el andrógeno, se subdivide a su vez en testosterona, androsterona, y androstenediona.

El noventa por ciento de los andrógenos son segregados por los testículos y apenas un diez por ciento por las glándulas suprarrenales.

Palabras más, palabras menos, los andrógenos promueven la aparición del vello, los cambios en la voz, y dan la apariencia masculina cuyos rasgos distinguen claramente de las mujeres.

El fisiólogo y neurólogo francés Charles-Édouard Brown-Séquard demostró la existencia y funcionalidad de estas hormonas.

Enseñó también que dentro de los andrógenos la testosterona es la más importante para el hombre, porque la virilidad, la producción de espermatozoides, e inclusive la fuerza física, dependen en gran medida de ella.

Los hombres también experimentan cambios de humor repentinos, momentos emocionales fuertes, estados de ánimo variables, sucede que no se nota tanto como en la mujer debido a la producción constante de testosterona.

Algo muy interesante es que la mujer también produce testosterona, pero en comparación al hombre, lo hace en muy bajas cantidades: menos del veinte por ciento.

Obviamente esta es la razón por la cual las féminas siempre están más en contacto con sus emociones, en ocasiones lloran más, tienen más necesidad del buen trato y la dulzura de quienes le rodean.

En este sentido, pasemos a estudiar cómo funcionan y cuáles son las hormonas femeninas.

Más que un carrusel emocional

Tenemos dos tipos de hormonas femeninas, solo dos, pero vaya que son importantes para el normal funcionamiento de la mujer: estrógenos y progestágenos.

De los estrógenos el más importante es el estradiol, y de los progestágenos, la progesterona.

En el caso de la mujer, la hipófisis (pequeña glándula ubicada en el cerebro tanto de hombres como de mujeres) también regula todo el proceso siendo estimulada por otra hormona que libera el hipotálamo.

Es en la pubertad cuando la activación de estas hormonas produce el vello corporal, el aumento de los órganos reproductores, el crecimiento de las mamas, entre otras.

Estas hormonas sexuales son secretadas por los ovarios de la mujer de forma cíclica, aproximadamente cada veintiocho días (esto por lo general varía en cada mujer por diversos factores).

La testosterona, mencionada párrafos arriba, tiene como objetivo aumentar el deseo sexual y conducir dichos impulsos; quizá la parte más importante de las hormonas sexuales femeninas sea su papel en la endocrinología reproductiva.

Incluso desde antes del nacimiento las hormonas están con nosotros, viajan en la sangre hasta llegar a algunos de los órganos o tejidos, y en el caso de las mujeres, se ocupan también de preparar el cuerpo para un posible embarazo.

Las hormonas no solo juegan un rol imprescindible en la parte reproductiva, sino también en la salud y bienestar de la mujer.

Una adecuada alimentación evitará desequilibrios hormonales, principalmente en el ciclo menstrual; si estos desequilibrios se presentan, la fecundación es prácticamente imposible.

Estudios científicos han comprobado que existen alimentos muy importantes para regular de forma natural las hormonas femeninas , ¿cuáles serán?.

Una dieta bien planificada: tu mejor aliada

No hace falta recurrir de forma excesiva a la automedicación para regular las hormonas femeninas, la naturaleza ha provisto maravillosos alimentos los cuales son inmejorables aliados para una dieta que facilite el proceso hormonal.

Por ejemplo, el higo, una fruta rica en fibra y calcio, contribuye a regular los ciclos menstruales, y de “bonus” tiene propiedades anticancerígenas, e incluso ayuda a prevenir la osteoporosis. Como un té, tipo yogurt o simplemente al natural, el higo debe ser parte de cualquier plan de alimentación serio.

Otra maravilla cuando la mujer está en su periodo es la caléndula, cuya infusión en dichos momentos es un regalo del cielo: alivia los dolores menstruales y también los producidos por las alteraciones del ciclo, ¡incluso sus hojas son comestibles!

Pero abran paso, les traigo una planta que no puede quedarse fuera en este artículo, pues si te agarra “la depre” en esos días, o el sangrado es excesivo, la salvia será tu mejor compañera.

Con un inusual contenido de estrógenos, la salvia es de mucha ayuda inclusive para aquellas en período menopáusico; tómeselo en forma de un buen tecito y a dormir.

Otro nutriente muy provechoso en la búsqueda de una adecuada salud hormonal es el Omega 3, presente por lo general en pescados, huevos, y aceite de oliva.

También tenemos la grasa natural del aguacate, el ácido fólico inherente en él y las vitaminas que nos aporta, trayendo equilibrio hormonal y todo lo que eso significa para la salud.

En este contexto, por el contrario, es necesario reducir la ingesta de café, nicotina, carnes procesadas, carnes rojas, y por supuesto, las frituras.

¡Respeta tus hormonas!

Seas hombre o mujer, es tarea obligada aprender a respetar nuestras hormonas y a entender su funcionamiento.

En la mayoría de los casos no sabemos de qué forma ellas influyen en nuestro diario vivir, y para bien o para mal, siempre estarán con nosotros.

Esto es un tema tan importante que inclusive la más mínima variación hormonal, el más pequeño desajuste, puede desencadenar una serie de consecuencias de pronóstico reservado en nuestro cuerpo.

Una vida sedentaria, una alimentación muy desbalanceada o saturada de hidratos de carbono, la poca o nula presencia de ejercicio, coadyuvan a estos desbalances hormonales.

Por ejemplo, disfuncionalidades como el Síndrome de Cushing o la enfermedad de Addison, son producto de trastornos en las glándulas suprarrenales.

En la primera, el problema es el exceso de cortisol, y en la segunda es la poca cantidad; de hecho, algunas personas nacen con una incapacidad para producir de forma natural esta hormona.

Llama la atención que, por lo general, estos trastornos son más fáciles de identificar en las mujeres. Las razones de esto pueden ser de índole fisiológica y otras de carácter cultural.

Las mujeres poseen un poderoso indicador de si algo está funcionando bien o mal con sus hormonas: el periodo menstrual.

Si existe alguna disfuncionalidad hormonal la regla desaparecerá y eso le hará saber a la mujer que algo no anda bien; obviamente, los hombres no tienen una evidencia física tan notoria como la mencionada.

Por otra parte, de existir algún problema hormonal, es muy seguro que será más fácil para una mujer conversarlo abiertamente con una amiga, su ginecólogo, su esposo, un sexólogo o con quien sea necesario hacerlo.

Es bastante difícil para un hombre (a menos que ya esté en modo desesperación) hablar sin prejuicios de sus problemas de disfunción eréctil o eyaculación precoz, sin embargo, consultar al médico es la opción más inteligente y sencilla para enfrentar y solucionar estas molestias.

¡Respeta tus hormonas y ellas te respetarán! Recuerda que problemas hormonales sumamente complejos, si son tratados a tiempo, serán mucho más sencillos de solucionar. Edúcate, come bien, y evita riesgos innecesarios.

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