Cuerpo masculino, hombre rodeado de microbioma nube esférica de bacterias, virus, microbios. Representación 3d Poca población de microbios dispersos

Guerra contra los gérmenes, ¿buena o mala para el sistema inmune?

Guerra contra los gérmenes, ¿buena o mala para el sistema inmune?

Última actualización: 19-11-2018. Equipo Nutricioni

La guerra a los gérmenes comienza con el aseo del hogar, con la limpieza que deben guardar pisos, paredes, enseres domésticos, camas, cortinas, muebles.

Este primer enfrentamiento se lleva a cabo con productos de origen industrial, normalmente desinfectantes, detergentes y jabones para el lavado de la ropa de uso diario.

Luego está la otra guerra, la que se libra en el propio cuerpo, comenzando desde el exterior.

En esta, el arma esencial es el agua; luego están el jabón para el cuerpo, el champús, las cremas dentales, los geles antibacteriales.

Finalmente, hay otro enfrentamiento contra los gérmenes que se produce internamente, desde dos frentes.

Uno, el que desarrolla el propio organismo, el sistema inmune; el otro, el que depende de sustancias de carácter medicinal, usadas para prevenir o combatir enfermedades.

¿Qué es el sistema inmune?

Se puede definir el sistema inmune como el conjunto de elementos que, a manera de escudo, actúan de manera coordinada para proteger el organismo de ataques internos y externos.

Este conjunto de elementos está conformado por distintas células, órganos y tejidos.

En este sentido, se constituye el sistema inmune  como una red con la función de defender el cuerpo, de mantenerlo exento de agentes que puedan atentar contra su integridad; en fin, conservarlo libre de enfermedades.

Tipo de sistema inmune

Ocurre que en el organismo no hay solo un sistema inmune; resulta que hay dos: el innato y el adquirido.

  • Sistema inmune innato (natural, inespecífico):

Ante ataques de los agentes perjudiciales al organismo, se activa el sistema inmune innato; de allí su nombre, puesto que reacciona inmediatamente ante cualquier peligro.

Puede hacerlo interponiendo tres mecanismos de defensas distintos, pero igualmente efectivos:

  1. La piel y mucosas forman un primer obstáculo físico con el objeto de rechazar las amenazas.
  2. Otra forma de bloquear los agentes patógenos lo constituyen las inflamaciones, a través de las cuales se rechazan los agentes infecciosos y se comienzan a recomponer los tejidos.
  3. También por fagocitosis, proceso llevado a cabo por los fagocitos, quienes adhieren, ingieren  y digieren las células y agentes perjudiciales.
  • Sistema inmune adquirido (adaptativo o específico):

El ser humano no nace con este tipo de sistema inmune: lo va adquiriendo a través de la existencia; de esa forma, concede al organismo defensas capaces de reconocer sustancias desconocidas específicas que hayan tomado al cuerpo por asalto, las cuales son destruidas.

Cuando se requiere de elementos de defensa más complejos, se recurre al sistema inmune adquirido. A través de los linfocitos, que vienen a ser sus elementos básicos, se conecta al sistema inmune innato de manera activa y por más largo tiempo.

Con el tiempo, el sistema inmune se hace capaz de identificar patógenos específicos en forma más eficiente, a la vez que desarrolla una memoria inmunitaria que le permite al organismo estar preparado ante encuentros posteriores con esos mismos patógenos específicos.

Dicha memoria permitirá al cuerpo prepararse para responder a los patógenos en forma más efectiva en segundos choques.

La vacunación es una forma de inmunidad adquirida que permite repeler agentes perjudiciales manteniendo al organismo libre de enfermedades.

Medico hombre coloca inyección de vacuna a un paciente hombre

¿Contra quién es la lucha?

Acá cabrían dos preguntas: ¿contra quiénes luchan las personas? Y, ¿contra quién lucha el sistema inmune?

Bastante conocido es el miedo a las culebras; es un temor casi universal. Ante la vista de uno de estos animales, muy pocos son capaces de pensar y discriminar entre los tipos de serpientes. Las hay venenosas; pero también las hay no venenosas.

Lo mismo ocurre con los microbios. En el concepto general, todos los microorganismos representan peligro; para la mayoría de las personas, son sinónimos de enfermedades y de grandes males. Nadie los quiere en su casa; mucho menos en su cuerpo.

Ya se puede dar respuesta a una de las preguntas: las personas luchan contra todos los microorganismos, sin discriminación.

Hay microbios que, viviendo en el interior del cuerpo humano, son beneficiosos para el mismo; pero esto no es del conocimiento general.

Ilustración de la anatomía en el sistema inmunologico de las personas cuando son contagiados por algún virus

¿Contra quién lucha el sistema inmune?

Tanto el sistema inmune innato como el adquirido emprenden una lucha común: la guerra contra los patógenos que invaden el cuerpo con la intención de apoderarse de él, generando consecuencias que afectan la salud y la integridad del organismo.

El sistema inmune innato representa el primer frente, el batallón de punta con el cual se enfrentan los gérmenes que entran al cuerpo.

Es capaz de reconocer en las células todo tipo de señales que indican peligro; o también identificar células dañadas por razones diversas.

Por su parte, el sistema inmune adquirido promueve mecanismos de defensa más complicados en una labor conjunta con el sistema inmune innato.

Es el linfocito la unidad funcional anatómica del sistema inmune adquirido.

Los linfocitos, ¿cómo funcionan?

Los elementos básicos del sistema inmune están representados por los linfocitos.

En el humano, es la médula ósea la encargada de producir alrededor de mil millones de estas unidades funcionales, a través de tres etapas: proliferación, maduración y diferenciación final.

  1. Proliferación: ocurre en la médula ósea. Un linfoblasto se transforma en linfocito, que puede ser pre-B o pre-T (B del inglés bone, hueso, y T de timo).
  2. Maduración: los linfocitos pre-T lo hacen en el timo, escuela en la cual los linfocitos aprenden a diferenciar lo que es propio del organismo y lo que no.
  3. Diferenciación final: un antígeno se encarga de transformar los linfocitos en células efectoras. Las células B mutan a células plasmáticas, generadoras de anticuerpos; mientras, las células T se transforman en células asesinas o citotóxicas.

Hay que agregar que las células T se encargan diariamente de reciclar y limpiar el billón de células que pierde el cuerpo, las cuales deben reponerse en la misma cantidad y con la misma celeridad con que se pierden.

Por su parte, las células B se dedican a elaborar anticuerpos cuya misión es poner freno a todo elemento, propio o extraño, que revista peligro para el organismo; función que cumplen desplazándose por el cuerpo con el torrente sanguíneo.

Ilustración en colores de la anatomía del cuerpo humano

¿Cuáles son los microorganismos?

Microorganismo o microbio es todo aquel ser vivo que no puede ser percibido a simple vista y para lo cual se requiere el uso de un microscopio. Son considerados las formas de vida más pequeñas que existen.

Los microbios pueden ser organismos unicelulares o multicelulares, calificados, además, como las más antiguas criaturas que hayan alcanzado vida; de valiosa importancia para la existencia del resto de los seres vivos en el planeta, incluyendo a los seres humanos.

Conocidos también como gérmenes, son cuatro principales tipos los que se conocen: las bacterias, los hongos, los virus y los protozoos.

No hay lugar en el mundo en el que no haya gérmenes: en frío, en calor, con oxígeno, sin oxígeno, en plantas, en personas y en animales.

En ocasiones, los gérmenes dan lugar a enfermedades, afectando seriamente el organismo y llegando a poner en peligro la vida del paciente. A continuación, se detallarán las características más relevantes de estos seres unicelulares:

  • Bacterias: como todo germen, las bacterias son pequeñísimas criaturas unicelulares que, para sobrevivir, obtienen los nutrientes del entorno en el cual habitan. Hay ocasiones en las que ese entorno lo representa el organismo de un ser humano.

Las bacterias pueden ser responsables de la aparición de enfermedades por efecto secundario de las dolencias que provocan: caries, neumonías, amigdalitis (o faringitis estreptocócica, con dolor de garganta) e infecciones de oído, entre otras.

Dentro del cuerpo o fuera de él, no hay sitio en cual las bacterias no tengan ocasión de reproducirse. Si bien es cierto que algunas son causantes de enfermedades, hay otras que no representan peligro para el ser humano.

Al contrario, se consideran buenas para el organismo y participan en la estabilidad y equilibrio del sistema inmune; en funciones que tienen que ver con la digestión de los alimentos, forman lo que se llama la flora bacteriana y se hallan alojadas en los intestinos.

Estas bacterias de la flora bacteriana intervienen en la generación de desechos a partir de los alimentos que se ingieren, a la vez que cooperan en el uso de los nutrientes que se han obtenido de ellos para reforzar la energía necesaria en cada actividad del día.

En los laboratorios, los científicos han estado usando bacterias desde hace mucho tiempo para la fabricación de medicamentos de todo tipo y vacunas usadas en el combate de diversas enfermedades.

  • Hongos: a diferencia de las bacterias, los hongos son organismos multicelulares con una gran similitud con las plantas. Sin embargo, no presentan la autonomía características de los vegetales en cuanto a nutrición se refiere.

Como se sabe, las plantas pueden producir sus propios alimentos con elementos básicos como agua, aire, tierra y sol. Los hongos, en cambio, se valen de plantas, personas y animales para alimentarse, mostrando preferencia por los ambientes cálidos y húmedos.

En su gran mayoría, los hongos, aunque a veces molestos como el pie de atleta, no representan mayor peligro para el ser humano.

  • Virus: son microrganismos que solo sobreviven, crecen y se reproducen en el interior de células vivas. Su vida depende de ello, de hallarse dentro de un ser vivo que a los efectos puede ser un animal, una planta o una persona.

Se conoce con el nombre de huésped el organismo receptor del virus. Proliferan rápidamente en el cuerpo de los humanos y son capaces de enfermar el organismo en el cual se alojan. Enfermedades típicas producidas por virus son: gripe, sarampión, lechina.

Una particularidad de los virus es que no son realmente organismos vivos, carecen de vida; son simplemente organismos con ciertas funciones y capacidad para multiplicarse, para reproducirse.

  • Protozoos: muchas de las infecciones intestinales que sufren niños y adultos son provocadas por estos gérmenes unicelulares. El agua es su ambiente preferido por lo que generalmente propagan enfermedades, a humanos y animales, a través de este líquido.

Algunos de los síntomas de las enfermedades producidas en el hombre por los protozoos son diarrea, dolor de barriga y náuseas.

Ilustración de un cuerpo protegiendose de virus

Otros argumentos a favor de las bacterias

Hay cierta diversidad en la manera como las bacterias son capaces de nutrirse, ya que hacen uso de diferentes formas de energía y, a la vez, de la estructura química de su pared celular.

Algunas bacterias son heterótrofas; ello quiere decir que acuden a más de una fuente que les provea los nutrientes necesarios para vivir. Otras son autótrofas, lo que las capacita para proveerse de energía fotosintetizando o quimiosintetizando sustancias simples de su entorno.

Las bacterias heterótrofas favorecen los ecosistemas en la medida en que, junto a los hongos, nutren los suelos al descomponer la materia orgánica rica en nutrientes, con lo que benefician la proliferación y el desarrollo de la vegetación.

Por último, vale mencionar que el ácido fólico presente en el organismo es tomado en su mayor parte de los alimentos y absorbido por los intestinos para ser distribuido a los tejidos a través de la sangre; pero hay bacterias de la flora intestinal capaces de producir este ácido.

¿Qué hacen en el organismo los gérmenes nocivos?

Una vez que los gérmenes nocivos han invadido el cuerpo humano, comen de los nutrientes del huésped, llegando a producir sustancias tóxicas consistentes en proteínas malignas, con características similares a un veneno.

Esas mismas toxinas son las causantes de los síntomas que por diversas vías refleja el organismo: erupciones, tos, fiebre, secreción nasal, diarrea, náuseas, dolor de cabeza, vómitos; todo debido a las infecciones, consecuencia de la invasión de los gérmenes nocivos.

De no tratarse las enfermedades, una forma de decir que de no atacarse esos microbios, podrán alojarse en el huésped por tiempo indefinido. Son los profesionales de la medicina quienes decidirán qué medidas tomar para combatirlos.

Y, ¿cómo lo harán? Lo primero es indicar exámenes de laboratorio: muestras de orina, sangre, esputos y de cualquier otro fluido corporal.

Conocidos los resultados, el médico tomará la decisión de cual medicamento usar contra el microorganismo causante del mal.

Cuerpo masculino, hombre rodeado de microbioma nube esférica de bacterias, virus, microbios. Representación 3d Poca población de microbios dispersos

¿Tienen alguna importancia los microbios?

Antes que los dinosaurios, antes que el ser humano, antes que cualquier animal de tierra, mar o aire, los microbios habían hecho de la Tierra su hábitat.

Tal vez tres billones y medio de años habitando el planeta justifiquen esta afirmación.

Podría afirmarse que no hay espacio, por minúsculo que sea, que no esté ocupado por microorganismos; espacios en los que ellos no tengan presencia.

Hasta procesos del cuerpo humano, como la digestión, requieren de microbios para culminar correctamente.

Son millones de microorganismos los que ayudan a descomponer desechos en tierra y aguas.

No sería posible el crecimiento de muchos otros seres vivos sin la presencia de los microbios.

En fin, se consideran indispensables para la vida en el planeta.

No obstante, la correspondencia entre microbios y seres humanos implica una relación de amor y odio.

Al igual que con las culebras, se les teme a todos, sin tomar en cuenta los beneficios que algunos de ellos pudieran brindar.

¿Debes protegerte de los microbios?

En ocasiones, el contacto físico con otros seres humanos representa un factor de peligro.

Hay enfermedades que pueden transmitirse de uno a otro simplemente en un apretón de manos o en otro gesto de demostración de afecto y cariño, normalmente un beso en la mejilla.

No obstante, el aire es el vehículo más idóneo para la transmisión de enfermedades como gripes y catarros: al estornudar o al toser, incluso al respirar, el enfermo puede transmitir los gérmenes a su interlocutor durante una simple conversación.

El sudor, la saliva y la sangre pueden llegar a constituirse en emisarios o conductores de microorganismos patógenos que pueden actuar en detrimento de la salud, por lo que deben tomarse medidas preventivas ante circunstancias que representen peligro de enfermedades.

¿Cómo protegerte de los microbios?

Se supone que quien no desee enfermarse, lo mejor que puede hacer es mantenerse alejado de los gérmenes o de las cosas que contribuyen a su difusión.

Pero también hay tres factores claves para mantener el cuerpo libre de dolencias que actúen en detrimento de la salud:

  1. Hay quienes afirman que la mejor medicina es la comida. Si se mantiene una alimentación variada, balanceada y nutritiva, el sistema inmune será uno de los mayores beneficiados y mantendrá al cuerpo en forma y saludable.
  2. El ejercicio físico debe ser elemento obligado en la rutina diaria. Aquello de “mente sana en cuerpo sano” comienza con evitar el sedentarismo. Entre veinte y treinta minutos de ejercicio diario fortalecen el cuerpo y previenen de enfermedades.
  3. Dormir es una necesidad: el cuerpo precisa del descanso suficiente para reponer las energías perdidas. Los que saben recomiendan un mínimo de ocho horas de feliz y reparador sueño para una vida más sana y más prolongada.

Medidas sanitarias que previenen de los gérmenes

Todo comienza con agua y jabón. El baño diario es indispensable para librar al cuerpo de una buena carga de microbios que podrían afectar la salud.

Pero también lo es lavarse las manos frecuentemente; sobre todo, ante cada acción como las siguientes:

  1. Antes de preparar los alimentos o de sentarte a comer.
  2. Después de hacer uso del baño o después de acariciar animales y mascotas.
  3. Después de toser o estornudar.
  4. Después de haber jugado en el piso o en el patio exterior.
  5. Luego de visitar a una persona enferma, sobre todo si está en el hospital.

De igual manera, debe procurarse mantener limpios los calzados, la ropa de vestir, la ropa de cama; así como usar toallas y pañuelos limpios.

Yendo más allá del propio cuerpo, también debe insistirse en la limpieza de pisos y paredes, especialmente en baños y cocina.

Una forma de evitar propagar enfermedades propias es cubriéndose la nariz y la boca al estornudar en casos de gripe.

Se recomienda usar el codo, y no las manos, cuando se tose; hacer uso de pañuelos desechables, los cuales deben ser dispuestos en papeleras tapadas.

¿Las vacunas previenen enfermedades?

En cuanto a las vacunas se refiere, hay tendencias contrarias en lo tocante al papel que como agente de prevención de enfermedades deben cumplir en el organismo. Unos se inclinan a su favor y otros se inclinan a pensar que son innecesarias y hasta peligrosas.

Hay quienes consideran que una manera de prevenir y combatir infecciones es por medio del uso de vacunas, las cuales ayudarían al sistema inmune a mantenerse fortalecido y preparado en todo momento para hacer frente a los elementos patógenos.

Los opositores esgrimen argumentos a favor del fortalecimiento del sistema inmune a partir del contacto con los elementos infecciosos.

Algo así como que el ejercicio hace más fuerte al cuerpo y las enfermedades fortalecen al sistema inmune, en tanto le permiten ejercitarse.

La hora de un armisticio con las bacterias

Ya se dijo que los microbios antecedieron al hombre en la Tierra por una gran cantidad de  millones de años.

Es posible también que mucho después de que el ser humano haya desparecido de la faz del planeta, los microbios sigan aquí junto a algunos de los insectos.

Los microbios han colonizado cualquier hábitat imaginable, haciendo gala con ello de su inigualable éxito en la evolución como seres vivos.

Se piensa, incluso, que pueden estar habitando en otros planetas, en meteoritos y hasta en los cometas.

La relación entre seres humanos y los gérmenes ha sido extremadamente larga como para pretender acabar con ella por completo.

Además, parece inconcebible la vida del hombre en el planeta sin la compañía de esos minúsculos seres.

Alguien ha expuesto que medidas exageradas de limpieza, agréguese también indiscriminadas, acabarían con microbios que son útiles y que se rompería esa simbiosis que de alguna manera ha permitido al sistema inmune fortalecerse en cada asalto de la pelea.

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