Ajo fresco aislado sobre fondo blanco

El ajo y sus extraordinarios usos terapéuticos

El ajo y sus extraordinarios usos terapéuticos

Última actualización: 13-01-2019. Equipo Nutricioni

El ajo común (Allium sativum L.) es una de las plantas más familiares en todo el mundo, gracias a sus cualidades culinarias y medicinales.

La herbolaria tradicional de cada región le ha atribuido numerosas propiedades: desde proporcionar sabor a los guisos hasta alejar a los malos espíritus.

Se cree que es originario de Asia Menor, desde donde se extendió llevado por las sucesivas olas migratorias, tanto al este como al oeste, hacia Europa. El origen de su consumo se pierde en la noche de los tiempos.

Imagen en primer plano de cabeza de ajos. En fondo de madera

Hay evidencia arqueológica que cuenta cómo los médicos, sabios y sacerdotes de la antigüedad lo empleaban de distintas maneras para curar, pues se le creía eficaz para combatir cardiopatías, mordeduras, dolor de cabeza, tumores y mucho más.

Por ejemplo los antiguos egipcios fortalecían a los esclavos mediante la ingesta de dientes de ajo. En la tumba del faraón Tutankamón se encontraron cabezas de ajo, por si lo necesitaba como condimento y medicina en el más allá.

En la antigua Grecia, los atletas olímpicos consumían ajo antes de las competencias para tener la fuerza y energías necesarias.

Los romanos lo conocían y lo incluyeron en sus recetas de cocina, llevándolo consigo a todos los rincones del imperio. Los nobles lo consumían con vino a modo de antídoto contra venenos.

El ejército lo utilizaba para mantener el vigor de las tropas. De esta forma el ajo se extendió por Europa y posteriormente llegó a tierras americanas, donde ha sido igualmente apreciado por todas sus virtudes.

El ajo está, definitivamente, ligado a la humanidad y su cultura desde sus mismos inicios.

La planta del ajo, su cultivo y su composición

Existen unas 300 variedades de plantas del género Allium. Además del ajo, también pertenecen a este género la cebolla y los puerros, entre otras plantas comestibles. Se caracterizan por su aroma característico y penetrante, que les valió su denominación, pues Allium significa “oloroso” en latín.

Hay ajos silvestres, pero la planta que conocemos como ajo doméstico, ha perdido la capacidad de reproducirse de forma independiente pues sus semillas son estériles.

La parte apreciada de la planta es el bulbo subterráneo o cabeza, que a su vez contiene los bulbillos o “dientes” de ajo, dispuestos alrededor de un eje central. El número de dientes es variable según se trate de ajos comunes o ajos nobles.

Los ajos comunes tienen más de 15 dientes pequeños, con menor valor culinario, mientras que los ajos nobles, tienen menos de 15 dientes medianos y grandes, de con gran valor culinario.

Las túnicas o pieles exteriores de los dientes y de la cabeza del ajo, tienen diversas tonalidades, dando origen a variedades blancas, violetas, rosadas, moradas, coloradas y castañas.

La larga tradición del ajo como medicina, hizo que la ciencia pusiera sus ojos en él, para determinar a cuál o cuáles componentes debe sus efectos. Y también para verificar si las cualidades atribuidas a su uso son ciertas o no.

A mediados del siglo XIX el alemán Werthein puso manos a la obra e identificó el disulfuro de alilo, la sustancia que le otorga al ajo su típico olor. A partir de entonces se han encontrado unas 100 sustancias activas en el ajo.

La composición del ajo varía mucho, ya que como todas las plantas, depende del tipo de suelo y la forma de cultivo y cosecha. Podemos citar los siguientes compuestos:

  • Compuestos sulfurosos o compuestos organosulfurados: aliina, alicina, ajoeno, disulfuro de alilo, Trisulfuro de dialilo, alilcisteína, alil-mercapto-cisteína y más.
  • Aminoácidos, unos 17 en total.
  • Enzimas; alliinase, peroxidasa, mirosinasa
  • Minerales: azufre, hierro, selenio, yodo, zinc, germanio y otros.
  • Vitaminas: A, B1, B3, B6, C.
  • Polisacáridos, unos 10 tipos distintos
  • Saponinas
  • Flavonoides como la quercetina
  • Adenosina, un ácido nucleico.

Cuando el ajo se machaca, la aliina, que es un compuesto inestable, es transformada en tiosulfonato de alicina gracias a la enzima alinasa, cuya naturaleza volátil hace que el aroma se desprenda rápidamente. Una transformación posterior da lugar al disulfuro de alilo ya mencionado.

Ajo y prevención del cáncer

Numerosos estudios, tanto epidemiológicos como llevados a cabo en animales, demuestran que los compuestos activos del ajo tienen un gran potencial preventivo de distintos tipos de cáncer: colorrectal, gástrico, de mama, cervical y otros más.

Los investigadores han propuesto diversos mecanismos mediante los cuales esta acción tiene lugar, como por ejemplo:

Captación de radicales libres: como producto del metabolismo, así como provenientes de múltiples reacciones químicas en el exterior del cuerpo, se producen sustancias químicas altamente reactivas, conocidas como radicales libres.

Los radicales libres interactúan con las moléculas de importancia biológica, alterándolas de tal forma que no logran cumplir sus funciones. Esto se traduce en daños a órganos y tejidos, así como también envejecimiento prematuro.

Pero ¿qué tal si contáramos con sustancias capaces de interactuar con estos radicales libres, antes de que logren dañar las moléculas importantes para el organismo? Estas sustancias existen y son los antioxidantes, de los cuales el ajo es sumamente rico.

Por ejemplo, el ajo ayuda a evitar la oxidación de las lipoproteínas, no sólo de la piel, sino otros de otros órganos. Esto le otorga poder protector sobre el cerebro, las paredes de los vasos sanguíneos y como regulador de los niveles de colesterol.

El ajo aumenta los valores de glutatión: el organismo produce sustancias para combatir la agresión de los radicales libres. El glutatión es uno de ellos, así como la enzima superóxido dismutasa y la catalasa.

Hay  evidencia que apunta a que el ajo fortalece la producción endógena de glutatión, reforzando los mecanismos de defensa del organismo.

Modulación de la actividad enzimática: hay enzimas capaces de activar las células cancerígenas, pero es posible que los compuestos activos del ajo se encarguen de inhibir su acción.

Se sabe que el consumo de ajo puede inhibir el factor kappa-B, un complejo proteico del organismo, que regula muchas funciones celulares.

Cuando el factor kappa-B está hiperactivo, se traduce en inflamaciones, asma, trastornos autoinmunes y se cree que contribuye al desarrollo de células cancerosas.

Esta apenas es una de las muchas acciones que se han observado del ajo sobre las células, pues es capaz de actuar sobre otras enzimas vinculadas al desarrollo de las células cancerígenas.

Reparación de ADN y prevención de alteraciones en los ácidos nucleicos: de esta manera la replicación celular se lleva a cabo correctamente y se evitan malformaciones en los tejidos.

El ajo como antifúngico y antibacteriano

Louis Pasteur determinó las propiedades antisépticas del ajo y la cebolla en el siglo XIX, mientras que el premio Nobel suizo Arthur Stoll junto a Ewald Seebeck, describieron la composición total del ajo e hicieron saber a todos que estas propiedades se debían a la alicina.

A falta de antisépticos, el ajo fue utilizado durante la Primera Guerra Mundial para limpiar las heridas. Además se lo utilizó para evitar los brotes de disentería y antidiarreico, por ser eficaz para combatir las bacterias dañinas que causan los problemas intestinales.

Los experimentos realizados con el ajo han demostrado que actúa contra bacterias grampositivas y gramnegativas, como Bacillus proteus, E. coli, pseudomonas y estafilococos, comparándose favorablemente con antibióticos como el cloranfenicol, si bien su acción es más suave.

Su actividad como antimicrobiano se debe no solo a la alicina, sino al ajoeno y al trisulfuro de dialilo. El ajoeno es una sustancia que se deriva del calentamiento en agua y solventes de la alicina.

Los compuestos organosulfurados del ajo impiden la acción de ciertas enzimas que las bacterias requieren para su crecimiento y desarrollo, esto reduce su multiplicación y permite que las defensas naturales del organismo intervengan para eliminar la infección.

Si bien las infecciones severas y agudas deben ser combatidas con antibióticos, el ajo es apropiado para infecciones leves o que están comenzando a manifestarse.

El ajo es efectivo contra un gran número de bacterias, carece de efectos secundarios y hasta ahora no se conoce que cause la resistencia a los antibióticos, un problema que está causando seria preocupación a la comunidad médica en la actualidad.

El ajo también presenta actividad como antifúngico, ya que combate la Candida albicans y otros hongos, siendo muy útil en el tratamiento de la candidiasis oral, la tiña y el pie de atleta. Esta propiedad se extiende también a otros ámbitos, como la industria y la agricultura.

El jugo de ajo funciona eficientemente contra la cándida, no solamente en personas, sino también en animales. Experimentos han demostrado que el ajo puede eliminar el pie de atleta en algunos casos, con más rapidez que los antimicóticos.

Sin embargo se recomienda precaución, ya que el ajo en contacto prolongado con la piel puede causar irritación, picazón e incluso ampollas.

Beneficios del ajo para el corazón

Esta es una de las virtudes más reconocidas del ajo y se debe a que el ajo tiene propiedades para regular los niveles de colesterol en sangre y hacerla más fluida.

Ya a medicina ayurvédica de la India lo aseguraba hace cientos de años atrás, afirmando en el Charaka samhita, uno de sus textos que data del siglo II, que el ajo fluidifica la sangre y vigoriza el corazón.

Ahora se sabe que es gracias a sus principios activos, entre los cuales están la adenosina, la alicina y el ajoeno. Al fluidificar la sangre y evitar los coágulos, la sangre fluye con mayor facilidad a través de los vasos sanguíneos.

  • Ajoeno y adenosina tienen efecto antitrombótico tan eficaz como la de la aspirina.
  • El ajo inhibe la agregación plaquetaria y evita la formación de trombos o coágulos en la sangre.
  • El ajo produce vasodilatación.

Todas ello hace que el ajo tenga acción hipotensora, es decir, la presión arterial disminuye y el paso de la sangre se facilita.

Mediante experimentos en animales, se verificó que el extracto de ajo macerado, tenía efecto semejante al del conocido antihipertensivo captopril, gracias a la acción de los compuestos organosulfurados. Aunque hay que advertir que esto depende del tiempo de maceración.

Sin embargo, se hace necesaria una mayor experimentación antes de hacer afirmaciones concluyentes.

¿Le gustaría comprobar estos beneficios? Es muy fácil, macere ajos en aceite de oliva durante al menos tres semanas y utilice este aceite en sus ensaladas.

Además añada ajo a todas sus preparaciones culinarias, porque los componentes anticoagulantes del ajo no se destruyen con la cocción, sino que más bien ésta los libera. Siga estas recomendaciones en su cocina:

  • Machaque el ajo en vez de picarlo, para que se liberen las enzimas y la alicina, que se transformarán en ajoenos.
  • El aceite ayuda a liberar los ajoenos, por ello saltee ligeramente el ajo machacado.
  • El ácido también libera ajoenos, así que añada tomate, el cual tiene licopeno, un antioxidante muy poderoso.
  • Otras formas de liberar ajoenos: macerar en bebidas alcohólicas o leche fermentada y aceite de oliva, al estilo griego.

Finalmente el ajo disminuye los valores de colesterol total y de colesterol malo (LDL), sin cambiar los niveles del colesterol HDL y ni los triglicéridos, y contribuye a evitar la placa de ateroma, previniendo la arteriosclerosis.

Remedios tradicionales a base de ajo

Como hemos dicho, la medicina tradicional en distintos lugares del mundo, le han atribuido al ajo numerosas propiedades, y lo han hecho formar parte de variadas medicinas.

El ajo no solamente es útil crudo, aunque la mayoría está de acuerdo en que es la mejor forma de aprovecharlo.

Otras presentaciones del ajo a efectos medicinales incluyen aceite esencial, extracto alcohólico, macerado de ajo y aceite, ajo en polvo y suplementos de ajo. De ellas, el macerado de ajo y aceite mantiene intacto el contenido de alicina.

A continuación mencionamos algunos de los usos tradicionales del ajo más conocidos:

  • Contra las picaduras de insectos: esta aplicación data de los tiempos del antiguo Egipto. El jugo de ajo mezclado con sal es eficaz para aliviar las picaduras de insectos, incluyendo ciempiés, garrapatas y escorpiones.
  • Para aliviar el dolor de muelas: se debe frotar la muela y la encía afectada con un diente de ajo pelado, un par de veces la día.
  • Tratamiento de la tos: para la tos persistente, nada mejor que el jugo de ajo y la miel varias veces al día.
  • Antiparasitario: experimentalmente se ha determinado que los extractos alcohólicos del ajo tienen acción antiparasitaria contra el ascaris lumbricoide.
  • En el alivio de la garganta irritada: se sugiere chupar un trozo de diente de ajo crudo, el jugo alivia la irritación y combate las infecciones.
  • Para el herpes: frotar un diente pelado de ajo sobre la lesión, pero hay que tener en cuenta que puede causar irritación en la piel de personas sensibles, por lo que no conviene prolongar el contacto.

Jarabe de ajo para el alivio del asma

  • Los ingredientes necesarios son: una cabeza de ajo, agua, vinagre y azúcar.
  • Los dientes de ajo se pelan y se ponen a cocinar en agua hirviendo hasta que se hayan reblandecido.
  • Después se retiran del agua y se reservan. Al agua de la cocción se le agrega vinagre y suficiente azúcar.
  • Seguir cocinando este líquido hasta obtener un jarabe, el cual se vierte sobre los dientes de ajo cocidos.
  • Se guarda todo en un frasco con tapa y cada mañana se consume un diente de ajo junto a una cucharada del jarabe.

Contra las garrapatas

Repelente de garrapatas

Este repelente de uso externo es completamente natural y sirve para proteger a personas, mascotas y jardín del asedio de las garrapatas y otros bichos. Es muy sencillo de hacer:

  • Se requieren 2 dientes de ajo, aceite mineral, lavaplatos líquido y una botella plástica con rociador.
  • Picar muy finamente el ajo y poner a macerar en el aceite mineral toda la noche.
  • Llenar la botella con agua (¾ partes) y agregar un chorro de lavaplatos.
  • Agregar el macerado de ajo y mezclar todo muy bien
  • Probar el funcionamiento del rociador. Si se atasca con pedacitos de ajo, colar la mezcla y desechar los trocitos.
  • Rociar sobre la mascota, el jardín o sobre las personas para repeler las garrapatas.

¿Son el ajo y la cebolla tóxicos para perros y gatos? Ingeridos crudos en grandes cantidades sí, sobre todo la cebolla cruda, porque esta contiene mayor cantidad de una sustancia llamada n-propil disulfuro, que les causa anemia a las mascotas, misma que puede ser mortal.

Los gatos son muy sensibles a los efectos de la cebolla cruda. Una pequeña cantidad inclusive puede causarles síntomas severos. Afortunadamente es un vegetal que no suele ser de su agrado y es raro que la coman cruda. En caso de dudas conviene consultar al veterinario.

Si las mascotas comen comidas caseras con ajo y cebolla cocidos ocasionalmente, no deberían tener problemas. En cuanto a los perros, el ajo puede usarse crudo en pequeñas dosis, durante las temporadas cálidas, para combatir pulgas y garrapatas.

A estos parásitos no les atrae el aroma del ajo, el cual se queda en la capa del perro y esto disuade a los bichos de instalarse en ese huésped.

La cantidad de ajo depende del tamaño de la mascota. Para perros pequeños basta con ½ diente de ajo al día, machacado y mezclado con la comida, en cambio perros muy grandes pueden necesitar dosis mayores.

Para la dosis adecuada a cada perro, es recomendable consultar con el veterinario y es conveniente saber que el ajo debe evitarse en las hembras preñadas y los cachorros menores de 6 meses.

Precauciones en la ingesta y el uso del ajo

El ajo que se ingiere a través de la dieta regular no tiene contraindicación alguna. Tampoco suele causar problemas al ingerirlo mediante suplementos.

Los beneficios del ajo son apreciables cuando se lo consume crudo, porque la cocción destruye la alliina, principal sustancia activa del ajo, pero no la única. Aún el ajo cocido tiene beneficios para la salud.

Usualmente se recomiendan de 1 o 2 dientes de ajo diarios. Pero esto no siempre es adecuado en estómagos sensibles o propensos a la acidez, puesto que puede causar malestar estomacal, irritación en la mucosa gástrica y flatulencia.

Como se dijo anteriormente, el ajo es un irritante potente de la piel, y esto lo saben bien los cocineros y ayudantes de cocina, por lo tanto no deben aplicarse cataplasmas con gran concentración de ajo sobre la piel de personas sensibles o al menos no dejarlo largo tiempo sobre ella.

El ajo ha causado alergias en animales de experimentación. Hay personas en quienes el ajo puede causar dermatitis, e incluso reacciones más severas, como hipotensión o taquicardias.

Asimismo quienes necesitan tomar anticoagulantes, necesitan tener precaución con la ingesta de suplementos de ajo, o grandes cantidades de ajo, ya que aumenta el riesgo de hemorragias.

Por ello es necesario suspender el ajo al menos dos semanas antes de cualquier intervención quirúrgica. Y no olvide comunicar a su médico si está tomando suplementos a base de ajo.

Durante el embarazo puede consumirse ajo a través de la dieta regular, pero es importante destacar que de acuerdo al saber tradicional, el ajo en grandes dosis puede ser abortivo, porque promueve las contracciones uterinas, por ello es mejor evitar los suplementos durante ese período.

También es conveniente evitar el exceso de ajo, sobre todo crudo, durante la lactancia, ya que altera el olor y el sabor de la leche, de forma que no es agradable al bebé, gracias a los compuestos sulfurados que pasan significativamente a través de la leche materna.

Y por último y no menos importante, está la cuestión del olor a ajo, que afecta seriamente las relaciones sociales. No solamente es problemático el aliento, sino que muchas personas reportan un olor a ajo generalizado en todo el cuerpo, que va desapareciendo tiempo después.

Nuevamente son los compuesto organosulfurados los responsables. Masticar hierbabuena, perejil o albahaca después de comer ajo crudo es buena idea para disminuir un poco el impacto del olor, así como consumir el diente de ajo con una cucharada de aceite de oliva.

El ajo en suplementos habitualmente no causa este problema, pero hay que asegurarse de que contenga alicina, su compuesto activo más importante. De esta forma se asegura el aprovechamiento de todos los beneficios que este bulbo maravilloso tiene para ofrecer.

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