Consecuencias de la obesidad: visión integral

Consecuencias de la obesidad: visión integral

Última actualización: 08-08-2018. Equipo Nutricioni

A lo largo de la historia del hombre, la buena apariencia física ha jugado papel importante en la sociedad.

No obstante, hay quienes dejan de lado esta consideración social y sin más, dan rienda suelta a la satisfacción de su apetito, sin tomar en cuenta los riesgos que representan sus acciones para su salud.

Comer para vivir debe ser el principio; vivir para comer es poner en peligro tu vida.

Cuando vives para comer, el fantasma del peso excesivo te apunta con su más largo dedo, condenándote a sufrir consecuencias desagradables y a la vez muy temibles. Te expones a sufrir de obesidad.

Si eres obeso, tendrás que acostumbrarte a problemas como estos:

  • Trastornos en la piel.
  • Dificultades ortopédicas.
  • Dolores de cadera por lumbalgia.
  • Si sufres de artrosis, agravamiento de esta enfermedad.
  • Problemas respiratorios.
  • Ahogos habituales.
  • Asfixia del sueño.
  • Letargo durante el día.
  • Abscesos en pies y  tobillos.

No hay que olvidar que el sobrepeso es un estado, mientras que la obesidad es una enfermedad.

Es común que ocurra la confusión entre ambos, por cuanto hay personas que no distinguen entre quién es obeso y quién pasa por un estado de sobrepeso.

Se dice que un individuo tiene sobrepeso cuando talla y estatura no guardan esa relación; el volumen de su musculatura hace que tenga un peso considerado excesivo respecto al normal.

Pero en esta situación, no es el tejido adiposo quien marca el volumen. Es el caso de muchos deportistas.

Causas de la obesidad

No hay edad para sufrir de obesidad; sobre todo, en la actualidad, cuando desde el mismo seno familiar se predispone al niño y al adolescente al consumo de comidas más por la cantidad que por la calidad.

Se pierde de vista el rasgo saludable que debe tener cada comida y, antes que productos frescos, manufacturados en casa, se prefieren enlatados, gaseosas y cereales empaquetados, saturados de sal, azúcar, grasa y otras sustancias que en nada favorecen al organismo.

Se multiplica el aumento calórico y de grasas de las comidas diarias; cunden la mesa alimentos elaborados industrialmente favoreciendo el uso de comida procesada, grasosa y de bajo costo.

De esta forma, el hogar se convierte en una máquina de fabricar obesos. Padres, madres e hijos, indiferentemente, se presentan corpulentos, rollizos, con la falsa idea de gozar de plena y satisfactoria salud.

Los tiempos que vivimos constituyen un cúmulo de procesos de conmoción y afán en el mundo entero.

El trabajo, la escuela, la universidad, y hasta las actividades recreativas, se han vuelto rutinas que dejan muy poco tiempo, dando paso al estrés, a la ansiedad.

Autopistas, calles, avenidas, carreteras, todas atascadas de tráfico y de gente. El mundo se encoge, se hace pequeño.

Ello trae como consecuencia que ante la prisa el habitante de ciudades y poblados recurra a platillos y bebidas que no son los más apropiados.

La alimentación, en vez de una solución, se transforma en un problema permanente que se resuelve de manera rápida y cómoda con las consabidas comidas chatarra.

Ingestas, en fin, que arropan de tejido adiposo a cuerpos que se vuelven voluminosos, pesados, perezosos; se torna fácil caldo de cultivo para enfermedades de todo tipo

Para muchos, la familia es el comodín a su problema de gordura. Tras el escudo de los factores hereditarios pretenden justificar la gula que les domina.

Pero, no se puede negar que hay casos en los que la genética heredada se erige como factor determinante y responsable de la obesidad de una persona.

Todo tiene que ver con su ritmo metabólico y también con su ritmo de vida.

El metabolismo se refiere al proceso llevado a cabo por el organismo con el fin de convertir los nutrientes de los alimentos que se ingieren en energía para el cuerpo.

No en todos los seres humanos este proceso se da a la misma velocidad.

Dependiendo de factores hereditarios, en ciertas ocasiones el metabolismo de un sujeto puede ser más o menos lento que el de otro.

Incluso, en personas que forman parte de un mismo núcleo familiar puede ocurrir que haya diferencias en este aspecto entre sus miembros.

Solo el hacer ejercicio acelera el metabolismo

Hacer ejercicio acelera el metabolismo; de eso no cabe la menor duda. Patinar, escalar, jugar fútbol, son buenas maneras de quemar calorías; es decir, de consumir o gastar la energía que ingresa al cuerpo con cada ingesta de alimentos.

Sin embargo, hay que aclarar que el cuerpo humano también consume energía aun cuando está en estado de reposo.

De toda la fuerza que aportan los nutrientes al cuerpo, un alto porcentaje se gasta en respirar, en mantener la temperatura, en la digestión y hasta en pensar.

La insulina es una hormona producida por el páncreas después de las comidas.

Esta participa en el proceso metabólico, a nivel celular, permitiendo a las células incorporar el azúcar que corre en el torrente sanguíneo. Pero hay individuos que son resistentes a la insulina.

Cuando se presenta el caso de resistencia a la insulina, el organismo es incapaz de quemar el azúcar, provocando que esta se acumule en el cuerpo.

Si ello ocurre, se puede generar en la persona la diabetes de tipo II, con las indeseables consecuencias que esta condición acarrea.

Además, parece ser que los niveles bajos de leptina (hormona liberada por el tejido adiposo), influyen en el peso corporal. La leptina puede inducir el control de depósitos de grasa, ya que envía al cerebro señales con el anuncio de que el cuerpo se ha saciado de alimentos.

Así, cuando los niveles de leptina son bajos, actúa sobre el comportamiento alimentario de la persona, induciéndolo a ingerir más comestibles, provocando un insaciable apetito, puesto que los signos de hartazgo que llegan al encéfalo son insuficientes.

La leptina, además, inhibe la producción de una enzima que juega un papel importantísimo en la producción de grasa.

Se sobreentiende que bajos niveles de leptina en el organismo provocan que la enzima produzca mayor cantidad de sustancias grasas.

Irregularidades cromosómicas y anomalías endocrinas

La obesidad muy pocas veces es consecuencia de defectos congénitos o de trastornos del sistema endocrino.

Esta condición depende más del tipo de alimentación, de la frecuencia de la misma, de su cantidad y de su calidad, así como de la actividad física del individuo.

En ocasiones, el hipotiroidismo, dolencia más común en las mujeres que en los hombres, puede estimular aumento de peso al provocar disminución del metabolismo basal, que no es más que la energía que necesita el cuerpo para su funcionamiento diario.

La disminución del metabolismo basal dispara de manera directa la acumulación de grasas y la formación de tejido adiposo, al no quemarse toda la energía que ingresa al organismo.

De allí la importancia de la práctica diaria de algún tipo de ejercicio físico.

El factor socioeconómico es otra variable que juega papel importante en la multiplicación de los casos de obesidad.

Una mala situación económica conlleva muchas veces a una mala alimentación. Resulta difícil en estos casos consumir los alimentos más apropiados.

En ocasiones, trabajos mal remunerados arrastran consigo toda una espiral de circunstancias de las que se hace difícil, por no decir imposible, escapar.

Circunstancias que afectan la economía de la familia y, por ende, la alimentación de sus integrantes.

Comunidades deprimidas económicamente recurren a ingestas mal balanceadas y poco nutritivas; pero cargadas de elementos que promueven la acumulación de grasas en el cuerpo.

Entiéndase por estos elementos: refrescos embotellados y comida chatarra, entre otros.

A ello se suma la imposibilidad (por falta de tiempo, por escasez de dinero o por simple desidia), de apuntarse en programas que promuevan las actividades físicas, la buena salud y el bienestar corporal y mental.

Antes, por el contrario, el individuo opta por vías que, no obstante dañar su organismo, le originan sensación de placer y felicidad, mientras merman aún más su ya gastado presupuesto: drogas, alcohol, tabaco, ingresan a la receta que alimenta con fuerza la obesidad.

Factores psicológicos de la obesidad

El medioambiente condiciona física y psicológicamente el estado del sujeto y las tareas que emprende en aras de resolver el día a día.

El hombre de la prehistoria  enfrentó un hábitat árido, salvaje; cualquier limitación física lo predisponía a ser presa fácil de depredadores.

El hombre moderno, con regularidad asume trabajos sedentarios, en el confort y la comodidad de una oficina de clima regulado y mejor iluminada. Desde allí, con sus tareas de poca acción física, gana el pan para sus hijos. No vive los riesgos ni la agitación del Neanderthal.

Automóviles, motos, bicicletas, transporte público, le permiten llegar con rapidez y sin mucho esfuerzo a su sitio de trabajo. Aquí, la espiral se vuelve contra el individuo y hace su aparición la obesidad.

Se cierra un círculo en el cual la solución es dejar el ejercicio físico para otros. Es común oír la expresión, en ocasiones con algo de frustración: “yo no puedo; estoy muy gordo. Eso es para los flacos”.

Existen personas que se autolimitan en razón de su peso. Es cierto que el peso excesivo impone restricciones, pero no hasta el punto de incapacitar al individuo para asumir prácticas físicas que le permitan quemar un buen porcentaje de calorías extra.

Con la orientación apropiada y de la mano de un especialista, hasta la persona más obesa puede abandonar el sedentarismo y dedicarse a la ejecución de ejercicios que se correspondan con su condición y que le concedan mantener un relativo estado saludable.

Querer es poder, se ha dicho siempre. Si verdaderamente hay voluntad, disposición física y mental y se tienen los recursos a la mano, la obesidad no debería constituirse en obstáculo para llevar adelante una vida mejor, más sana y más placentera.

Razones de tipo médico, económico, nutricional y socio ambiental se juntan a causas de tipo psicológico para definir una enfermedad que afecta a un número cada día más creciente de individuos.

Ya se ha dicho que los hábitos alimenticios poco saludables, sedentarismo y una alimentación muy pobre y peor balanceada, contribuyen al incremento de los casos de obesidad, tanto en adultos como en niños y adolescentes.

No obstante, hay razones de tipo psicológico que merecen estudio aparte, que actúan en el organismo del ser humano para desarrollar esta dolencia. Se pueden mencionar entre estas causas:

  • El estrés.
  • La mengua del auto concepto.
  • La ansiedad.
  • Las adicciones, de tabaco, alcohol o drogas.
  • La depresión.
  • Los trastornos de la conducta alimentaria.
  • La neurosis.
  • Los conflictos emocionales.
  • La baja autoestima.

Consecuencias de la obesidad

La obesidad puede dar pie a la generación de diversas enfermedades que ocupan tanto el plano físico, como el plano mental o psicológico. Destacan entre estas enfermedades:

Enfermedades de tipo respiratorio, entre las que se cuentan: enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), asma, apnea obstructiva del sueño, síndrome de hipoventilación pulmonar.

Cáncer: los más comunes y afines a grandes acumulaciones de grasa corporal son: a nivel reproductivo (mama, útero, cérvix, próstata); los relacionados con el aparato digestivo (colon, esófago, estómago, páncreas e hígado) y el cáncer de riñón.

Afecciones cardíacas, tales como: insuficiencia cardíaca congestiva, coágulos en los vasos sanguíneos (trombosis), disminución de los niveles de lipoproteínas de alta densidad (HDL, elimina el exceso de colesterol de tejidos y de vasos sanguíneos).

Síndrome metabólico: de alguna manera, la obesidad afecta el procesamiento del azúcar en el organismo, elevando los niveles en sangre y dando origen a la diabetes mellitus tipo 2

Artrosis: lesión que afecta las articulaciones; puede derivar de un trastorno metabólico (exceso de hierro en el organismo, hemocromatosis, o exceso de cobre en el hígado, enfermedad de Wilson)

Presión arterial alta o hipertensión: es la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias. Las personas obesas corren mayor riesgo de sufrir de hipertensión.

Cardiopatías coronarias: se estrechan vasos sanguíneos que suministran sangre y oxígeno al corazón, con las consiguientes consecuencias para la salud.

Accidentes cerebrovasculares: el flujo de sangre a una parte del encéfalo se detiene por efecto de un coágulo o por estrechamiento de la vena.

Colesterol y triglicéridos altos en la sangre: ocurren a causa del consumo en exceso de grasas saturadas.

Apnea del sueño, provocando fatiga, somnolencia diurna y falta de atención. Los depósitos de grasa reducen el volumen pulmonar y el diámetro de la vía aérea superior aumentando su colapso.

Cálculos biliares y molestias del hígado: la obesidad genera cálculos en la vesícula biliar y provoca hígado graso, esteatohepatitis y cirrosis hepática.

Ello, sin mencionar las consecuencias sociales, laborales y psicológicas que acarrea la obesidad.

También, en casos de requerimientos quirúrgicos, la persona obesa asume mayores riesgos que quien no lo es.

Tipos de obesidad. Diagnóstico

Ya se advirtió que sobrepeso y obesidad son dos conceptos diferentes; no toda persona gorda sufre de obesidad.

Para determinar la existencia de esta última, los médicos y especialistas en nutrición recurren a calcular el  Índice de Masa Corporal (IMC).

La fórmula usada es:

IMC = peso/estatura², medida en Kg/m².

Aplicada la fórmula, los tipos serían los que se detallan a continuación:

Normopeso, si el IMC es de 18,5 a 24,9, se considera peso normal, como bien lo indica su nombre.

Sobrepeso (no obeso), si el IMC cubre el intervalo entre 25 a 29,9

Obesidad grado 1 (de bajo riesgo), si el IMC es de 30 a 34,9

Obesidad grado 2 (riesgo moderado), si el IMC si se ubica entre 35 a 39,9

Obesidad grado 3 (de alto riesgo, obesidad mórbida), si el IMC es igual o mayor a 40

Obesidad grado 4 (obesidad extrema), si el IMC es igual o mayor a 50

Considerando los factores edad y sexo, se aplica una fórmula diferente a niños y adolescentes.

Tipos de obesidad según la distribución de grasa

Obesidad central o androide: el cuerpo adquiere forma similar a la de la manzana. El exceso de grasa ocupa la región del abdomen, el tórax y la cara. Diabetes y enfermedades del corazón atacan a quienes sufren este tipo de obesidad.

Obesidad periférica o ginoide: el cuerpo asume forma de pera. Muslos y caderas son los sitios de concentración de la grasa. Se observa más en las mujeres. Se la relaciona con problemas de varices y la artrosis en las rodillas.

Obesidad homogénea: la grasa se reparte proporcionalmente a lo largo del cuerpo.

Como se deja ver, todos los tipos de obesidad comportan niveles de riesgos; unos más que otros.

No obstante, no debe perderse de vista que todos representan un aviso, un alerta, que debe inducir a la persona a un mejor estilo de vida, que tenga en cuenta la salud corporal.

Tratamiento de la obesidad

No es fácil dar solución a los problemas de obesidad. La salida de este problema sanitario depende en gran medida, y en la mayoría de los casos, de la voluntad de la persona afectada.

Prevenirla requiere del consumo de una dieta sana, balanceada, equilibrada.

La ingesta de alimentos debe contemplar aquellos bajos en calorías, como frutas y vegetales; pero sin excluir nutrientes ricos en proteínas, hidratos de carbono y grasas no saturadas.

Otro factor de prevención conveniente para evitar la obesidad es el ejercicio físico: los deportes, la natación, el atletismo, caminatas al aire libre, son recomendados; pero siempre moderados y bajo la vigilancia y control especializados.

Combatir la obesidad requiere como primera medida bajar de peso. Diversos tratamientos médicos están adaptados para reducirla.

Se consideran contraindicadas la automedicación, así como la práctica de ejercicios físicos sin orientación y guía especializada.

En casos extremos, cuando ya la obesidad está cerca de hacerse o ya se ha hecho mórbida, se recurre a medidas quirúrgicas con el objeto de ayudar a la persona a bajar de peso.

Entre las soluciones quirúrgicas, se pueden mencionar:

  • Cirugía de derivación gástrica.
  • Cirugía laparoscópica.
  • Imposición de dispositivos: bandas gástricas, sistema de estimulación eléctrica, balones gástricos y sistema de vaciado gástrico.

Como conclusión

Para terminar, hay que recordar que la obesidad es una enfermedad crónica.

Múltiples elementos provocan un desequilibrio nutricional, en el que el carácter y la voluntad del individuo deben imponerse a la hora de buscar curas y soluciones.

El organismo de la persona es afectado seriamente por la obesidad; tanto así, que merman las esperanzas de vida del paciente, a la vez que su existencia no es del todo feliz, dadas las trabas sociales, laborales, y hasta familiares, con las que generalmente se topa.

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