Conoce los beneficios del condroitín sulfato para los huesos y articulaciones

Conoce los beneficios del condroitín sulfato para los huesos y articulaciones

Última actualización: 09-12-2018. Equipo Nutricioni

Los vertebrados tienen características comunes en lo que se refiere a su estructura esquelética. Algunos compuestos químicos se repiten en seres humanos y animales.

El condroitín sulfato, por ejemplo, es importante para la regeneración celular y está contenido en los cartílagos de crustáceos y vacas. Este solo puede ser consumido después de su procesamiento en laboratorio.

El cuerpo humano está formado por una serie de sistemas que coexisten dentro de la estructura corporal. A su vez está formada por los huesos y músculos que se conectan dándole forma.

Cada individuo tiene una apariencia propia que lo distingue de los demás. Los rasgos del rostro, su complexión, el largo de sus piernas y brazos, el grosor de su torso lo hace diferente a los demás.

El sistema osteomuscular, también conocido como sistema locomotor, se encarga también de darle movilidad a los seres humanos. Las articulaciones conectan los huesos entre sí y los músculos se unen a ellos a través de los tendones.

Esta estructura inanimada es dirigida por el sistema nervioso central para permitirnos correr, comer, bailar, tomar las cosas, saltar, agacharnos y acostarnos entre otros movimientos.

sistema nervioso desde optica inclinada hacia abajo, Ilustración médicamente precisa - columna vertebral

Los órganos internos son frágiles por esto se les llama órganos blandos y junto a la red neuronal y la compleja trama sanguínea son protegidos por el sistema locomotor. Este los resguarda de caídas y golpes.

Además de darles seguridad los mantiene en un ambiente apropiado sin que los afecten las sustancias tóxicas del exterior. Deben estar a una temperatura promedio de 37°C, la cual es ideal para su buen funcionamiento.

El cuidado que se tenga con los huesos y las articulaciones redundará en buena movilidad y sostén de todos los órganos internos.

La buena alimentación, la práctica de ejercicios diarios y el descanso adecuado son algunos de los hábitos que te ayudarán a tener en buen estado al sistema locomotor.

Alimentos que benefician a los huesos y articulaciones

Evidentemente el fortalecimiento de la estructura ósea y articular está muy relacionado con la alimentación diaria.

Es cierto que ingiriendo grandes cantidades de lácteos y sus derivados se garantiza fortaleza esquelética. Pero además de esto se debe complementar con los alimentos que refuerzan la estructura y el funcionamiento de los huesos y de las articulaciones.

Durante la niñez y la adolescencia la buena alimentación es un pase seguro a una salud ósea adulta.

En cuanto a la cantidad de calcio que deben ingerir los niños, ésta debe oscilar entre los 800 mg y los 1300 mg. Los derivados como el queso y el yogurt entrarían en esta categoría.

Es importante acostumbrar a los niños desde tempranas edades a consumir legumbres, frutos secos y cereales. En ellos se encuentran grandes cantidades de fósforo, elemento vital en la formación de los huesos.

Hacer platos sencillos, sin fuertes sabores,con presentaciones agradables a la vista ayuda a “entender” a los pequeños comensales platos llenos de vegetales y legumbres.

Niña sonríe mientras come vegetales. En mesa de madera blanca

Para que el calcio pueda fijarse en el hueso de los niños y jóvenes necesita la presencia de la vitamina D. El cuerpo requiere de los rayos solares para sintetizar esta vitamina.

De allí la prioridad de que los jóvenes realicen actividades al aire libre frecuentemente. El consumo de pescado y frutas debe hacerse al menos tres veces por semana.

Al llegar a la edad adulta las proteínas animales deben disminuir en cantidad debido a su alto contenido de ácido úrico. Estos deben sustituirse por alimentos proteicos de origen vegetal como las legumbres y la soja.

El sol sigue siendo un factor fundamental en la absorción y asimilación del calcio.

Los vegetales son fuente de minerales y vitaminas necesarios para mantener la integridad del esqueleto. De ellos podemos obtener magnesio, fósforo, potasio y vitamina C.

La vitamina K participa en la formación de las células sanguíneas que se lleva a cabo en los huesos, los vegetales de hojas verdes contienen cantidades abundantes.

Algunos alimentos deben evitarse o consumirse de modo restringido con la idea de disminuir el riesgo de sufrir enfermedades osteoarticulares. Siendo el café, el alcohol y la sal algunos de ellos.

También existen medicamentos que favorecen la desmineralización ósea. Entre estos se encuentran los que contienen cortisona, antiepilécticos e inmunosupresores.

A pesar de no ser parte de la alimentación, el ejercicio físico fortalece los huesos y las articulaciones. El sedentarismo es una de las costumbres adoptadas gracias a los avances tecnológicos de la vida moderna que han alejado a los individuos de los deportes y de las actividades recreativas de carácter físico.

Uno de los beneficios poco conocido de los ejercicios físicos es el desarrollo de un mayor nivel de equilibrio que reduce el riesgo de caídas.

Suplementos naturales para los huesos y articulaciones

La tecnología bioquímica desarrolla la posibilidad de combinar vitaminas, minerales, ingredientes orgánicos y sustancias producidas en laboratorios, para ayudar a mantener el equilibrio saludable del cuerpo y la mente.

A nivel mundial muchos son los laboratorios que ofrecen productos naturales para fortalecer la salud de los huesos y las articulaciones. Cada uno combina diferentes ingredientes en busca de mayor efectividad.

En el caso de las vitaminas, suplementos como Articagos destinados a cuidar la salud ósea incluyen las vitaminas A, que son parte integral del metabolismo de construcción de huesos. Cada una de ellas cumple diferentes funciones.

La vitamina A participa en la regeneración de los huesos al igual que la vitamina E.

La vitamina B facilita la desinflamación de las articulaciones durante la actividad física exigente y es eficiente para la recuperación de caídas y golpes que afecten los huesos y articulaciones.

Los minerales también son ingredientes que no pueden faltar en los suplementos naturales como Articagos.

El boro, el zinc, el manganeso, aumenta la densidad ósea, ayudan a la absorción del calcio y cumplen funciones como antioxidantes. Reducen el efecto de envejecimiento sobre las células que forman los huesos y las articulaciones.

En ocasiones los complementos naturales toman especies vegetales o animales y de algunas de sus partes extraen principios activos, solo contenidos allí para incluirlos en sus recetas.

Este es el caso del sulfato que es un componente vital de los tejidos de muchos vertebrados. Por ejemplo, en el cuerpo humano forma parte de la piel, los vasos sanguíneos, los cartílagos y tendones.

El condroitín sulfato es el encargado de proveer de elasticidad a los cartílagos ya que potencia la acción del colágeno presente. La única manera de consumir el condroitín sulfato es a través del cartílago de tiburón o de res.

Por esto es que muchos suplementos naturales como Articagos lo incluyen combinándolo con la glucosamina. Siendo esta un aminosacárido que también está dentro del cuerpo humano como ingrediente del líquido sinovial.

En las caparazones de los crustáceos se encuentran grandes cantidades y de allí es extraída para ser consumida.

El sistema locomotor

La locomoción se define como movimiento voluntario. En el caso del ser humano los elementos que forman el sistema locomotor se movilizan de manera voluntaria.

La estructura básica del cuerpo humano está formada por el esqueleto. Este nombre se le da al conjunto de huesos que se unen a través de articulaciones y ligamentos. Esta base está cubierta de los músculos que se superponen para dar las diversas formas y se conectan a los huesos por medio de los tendones.

Esta totalidad estructural se mueve gracias a las conexiones nerviosas que la unen al cerebro quien toma las decisiones según las necesidades que el cuerpo tenga que satisfacer. Cada elemento de este sistema tiene responsabilidades propias y de no cumplirla serían considerables las fallas.

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Los músculos, cubiertos por la piel, están formados por las fibras musculares. Este tejido que reúne un tipo de células llamadas miocitos recibe instrucciones del sistema nervioso central para contraerse.

La acción consecutiva de contracción muscular de dos unidades conectadas a una misma estructura articular produce el movimiento.

Un ejemplo de esto lo encontramos en el brazo. En su parte frontal se encuentra el bíceps y en el lado posterior el tríceps.

Cuando el bíceps se contrae el brazo se flexiona, se le denomina músculo agónico. Cuando el tríceps se contrae obliga al brazo a extenderse, se le denomina músculo antagónico. De esta forma en todo el cuerpo humano los músculos trabajan en parejas.

El camino seguido por los impulsos nerviosos desde el cerebro hasta los músculos se ve favorecido por las sustancias neurotransmisoras. Estas transforman el estímulo eléctrico en estímulo químico para producir la contracción de las fibras musculares.

Cada músculo participa en uno o varios movimientos a través de las conexiones con los huesos. Los tendones son correas de colágeno que se encuentran en los extremos de los músculos largos y entran en la estructura externa de los huesos.

Los tendones cuentan con cierto nivel de elasticidad que puede ser aumentado a través de la ejercitación.

Los huesos constituyen la parte sólida del sistema locomotor. Son piezas sólidas e inmóviles, encargadas de sostener y contener los órganos blandos que forman los otros sistemas.

El esqueleto está formado por más de doscientos huesos que se dividen según su forma, en planos, largos, cortos e irregulares.

Los huesos planos cumplen la función de formar cavidades que alojan órganos blandos, como por ejemplo los huesos del cráneo. Estos protegen al cerebro y las costillas que cuidan a los pulmones y al corazón.

Los huesos cortos e irregulares tienen movilidad reducida y los huesos largos son los encargados de realizar los movimientos de amplio rango.

Las conexiones nerviosas que tienen los huesos se encargan de ordenar la producción de glóbulos rojos y blancos en la médula ósea roja.

Además, envían moléculas de ATP para que sirvan de combustible en los diversos procesos orgánicos. Estos compuestos energéticos se almacenan en la médula ósea amarilla.

Las articulaciones son los puntos de unión entre dos o más huesos. Los cartílagos, que se encuentran ubicados en los extremos de los huesos, los conectan con las articulaciones.

Uno de los componentes principales de las articulaciones es el líquido sinovial que lubrica y protege los cartílagos para que no sufran desgaste con los movimientos constantes.

En resumen, el sistema locomotor cuenta con elementos que participan armónicamente para lograr el movimiento corporal. Su cuidado y la prevención de posibles enfermedades que puedan afectar es de suma importancia.

Para esto es prioritario estar atento a los dolores musculares, fallas en la movilidad o pérdida del tono muscular para acudir al especialista.

Los huesos

Los huesos representan el armazón rígido que da forma a nuestro cuerpo. Su estructura y composición química los hace responsables de variadas funciones vitales.

Para su estudio se dividen en huesos de la cabeza, tronco y extremidades.

Al nacer existen aún conexiones óseas que no han terminado de solidificarse. Por esto, la ciencia asegura que en la edad adulta se tiene un menor número de huesos que en la niñez.

Los huesos tienen capacidad de reconstrucción y esta propiedad se mantiene durante toda la vida.

Ilustración del icono ortopédico y esquelético de los huesos humanos fondo blanco

Las células que forman los huesos son de tres tipos, y difieren por la función que cumplen. Los osteocitos se encargan de transportar los nutrientes desde los vasos sanguíneos y devolverles las sustancias de desecho.

Los osteoblastos forman huesos nuevos y reparan las lesiones. Por último, los osteoclastos que le dan forma a los huesos. Los osteoblastos presentan una gran matriz extracelular compuesta principalmente por condroitín sulfato.

En cuanto a su composición química, los huesos están compuestos por calcio, fósforo, sodio y una proteína de gran importancia, el colágeno.

De estos componentes, el calcio además de estar contenido en los huesos puede ser liberado en la sangre para que sea llevado a cumplir otras funciones.

La parte sólida de los huesos es resistente y soporta grandes pesos. Contienen los vasos sanguíneos y la red nerviosa conectadas al periostio, que es la membrana que cubre el hueso.

Cada uno de los extremos del hueso se denominan epífisis y en ellos se encuentran los cartílagos que forman las articulaciones.

Los huesos también cuentan con una parte esponjosa que se encuentra en el interior formando dos cavidades denominadas médula ósea, que se diferencian por su color.

La médula ósea roja produce las células sanguíneas. La médula ósea amarilla se encarga de almacenar moléculas de grasa que son la fuente de energía para los procesos orgánicos vitales.

El esqueleto debe ser cuidado de caídas, golpes y movimientos bruscos que puedan fracturarse ya que su reconstrucción es lenta y depende de una alimentación balanceada, así como de los procesos metabólicos relacionados con el calcio.

Ante cualquier lesión debe acudirse al traumatólogo, quien tomará las medidas necesarias para restituir la movilidad de la pieza ósea afectada.

Las articulaciones

Articular se define como conectar y de allí el nombre dado al punto de conexión entre dos o más huesos. Existen tres tipos diferentes de articulación. Las inmóviles que solo son el punto de unión entre estructuras óseas.

Las semimóviles que permiten una serie de movimientos restringidos. Las móviles que dan amplio rango de movilidad entre los huesos conectados.

El cuerpo humano contiene más de seiscientas articulaciones y cada una de ellas reviste importancia. Esto debido a que sus funciones forman parte del frágil equilibrio que mantiene la postura y la locomoción.

Un dato interesante es que la fractura del dedo pulgar de cualquier pie puede daña la habilidad para caminar y correr.

Cada articulación está formada por una serie de elementos que al ensamblarse constituyen el engranaje articular. El cartílago es un tejido que se encuentra en los extremos de los huesos y cumple la función de reducir el desgaste por el roce.

La membrana sinovial envuelve la articulación formando la cápsula articular. Esta membrana produce líquido sinovial que es un fluido viscoso y transparente que lubrica la articulación.

Los ligamentos y los tendones, a pesar de encontrarse fuera de la articulación también son parte del sistema mecánico. Los ligamentos son bandas de tejido conectivo muy resistente que cumplen la función de sostener la articulación y limitar los movimientos.

Los tendones están formados principalmente por colágeno. Estos son los encargados de hacer que los músculos relacionados con los huesos de la articulación apliquen la fuerza necesaria sobre estos para moverlos.

Entre los huesos y los ligamentos se encuentran bolsas de membrana llenas de fluidos llamados bursas. Estos son mecanismos de amortiguación para golpes, caídas y movimientos bruscos.

Cada uno de estos elementos que forman la articulación funcionan armónicamente y nos dotan de movimiento.

Además de la clasificación mencionada anteriormente, las articulaciones pueden clasificarse según el tipo de movimiento que permiten.

Las enartrosis permiten movilidad hacia adelante, hacia atrás, hacia los costados y también la rotación. Las articulaciones de bisagra solo permiten la extensión y flexión.

Las articulaciones rotatorias habilitan movimientos de giro limitados. Por último las elipsoidales que tienen movilidad amplia limitada solo por no poder ejecutar rotación.

Enfermedades de los huesos y articulaciones

Las enfermedades que pueden afectar a los huesos y a las articulaciones pueden ser de naturaleza metabólica o una lesión por movimiento brusco.

Cada una de ellas tiene tratamientos propios que permiten recuperar la movilidad en su totalidad, en la mayoría de los casos.

Los huesos pueden sufrir alteraciones morfológicas como fracturas y resquebrajamientos. Pero, además pueden verse afectados por infecciones y problemas metabólicos que alteran algunas de las funciones que cumplen.

A finales de la infancia y durante la adolescencia los huesos corren el riesgo de ser víctimas de una gran cantidad de lesiones debido a que es el momento de mayor movilidad.

Es por esto que los hábitos alimenticios que fortalecen los huesos deben adoptarse desde los primeros años para que los huesos del adulto sea sólidos y resistentes.

Además de las fracturas ocasionadas por caídas y golpes existen otras enfermedades que debilitan a los huesos. El cáncer que afecta al esqueleto, osteoporosis es una de ellas pero de igual forma la deficiencia de calcio.

Puede ser originada por problemas metabólicos como la osteogénesis imperfecta la enfermedad de Paget.

Las infecciones en los huesos pueden ocasionar la osteomielitis si es bacteriana. El mal funcionamiento de los riñones es causa de la osteodistrofia renal.

Los síntomas de cada uno de estos males son muy similares. La debilidad de los huesos se evidencia en fracturas que se producen por pequeños golpes.

Fractura oblicua de la tibia - Anatomía de la pierna herida - Ilustración 3D en fondo blanco

El retardo en la reconstrucción de los huesos fracturados, la debilidad o fatiga después de grandes esfuerzos mecánicos son aspectos que deben llamar la atención. Para así, asistir a una revisión de los huesos.

Para el diagnóstico de las enfermedades de los huesos los especialistas sugieren la realización de pruebas de laboratorio. Relacionadas con la sedimentación, los niveles de creatinquinasa además del estudio de las células sanguíneas.

Los rayos X se usan para evaluar el estado de las partes sólidas de los huesos.

La artrografía es un tipo de examen radiológico por medio del cual se inyecta una sustancia opaca para ver el estado de los ligamentos y cartílagos.

La densitometría ósea es un examen que se encarga de detectar el nivel de la densidad de los huesos, es decir, su fortaleza y solidez. Esta prueba implica muy poca radiación y no produce dolor.

Además, se pueden diagnosticar los males óseos a través de una tomografía computarizada o una resonancia magnética nuclear.

Por medio de las cuales se evalúan músculos, ligamentos, tendones y todo tejido blando involucrado en la enfermedad.

Como innovación tecnológica otro método de diagnóstico es la gammagrafía ósea que utiliza una sustancia radiactiva (tecnecio 99 marcado con pirofosfato). Esta permite diagnosticar fracturas mínimas además de ser útil en el diagnóstico de tumores e infecciones.

Fractura de Fémur, Rayos X real con fondo negro

Por otra parte, las afecciones más comunes de las articulaciones son la artritis, la bursitis y las dislocaciones. La inflamación de las articulaciones se conoce con el nombre de artritis.

Entre las posibles causas de la artritis se encuentran las fallas metabólicas,los factores hereditarios, las infecciones virales o bacterianas y problemas con el sistema inmunológico.

Los síntomas son dolor, inmovilidad e inflamación visible de la zona afectada.

La bursitis es la enfermedad causada por la inflamación de la bursa. Sus causas son difíciles de determinar ya que puede ser producto de un golpe, infecciones o afecciones como la gota o la artritis reumatoidea. Es un mal muy común en el hombro, la cadera, el codo o la rodilla.

Sus síntomas son similares a los de la artritis y por ende solo se diferencian a través de los exámenes de diagnóstico.

En cuanto a las dislocaciones, este nombre lo recibe la alteración de la estructura articular. Es decir, que los huesos que forman parte de la articulación se desplazan fuera de la misma.

También conocidas como luxaciones, pueden ser causadas por traumatismos o caídas.

Los síntomas evidentes son la deformidad estructural visible, la inmovilidad absoluta inmediata, y el fuerte dolor permanente. Si hubo ruptura de vasos sanguíneos se presenta un hematoma que puede ir aumentando de tamaño.

Para el diagnóstico de las enfermedades de las articulaciones se usan los análisis de líquido sinovial, la artografía (radiografía de las articulaciones) y la artroscopia (estudio interno de la articulación con microcámara). Además de exámenes generales de sangre.

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