Imagen en fondo blanco de un corazón con un estetocopio

¿Cómo rejuvenecer su corazón y mantenerlo saludable?

¿Cómo rejuvenecer su corazón y mantenerlo saludable?

Última actualización: 06-10-2018. Equipo Nutricioni

Los organismos mundiales encargados de las estadísticas en cuanto a salud, afirman que desde el año 1990 las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de mortalidad en el mundo.

Es bastante evidente la importancia del corazón para nuestro organismo y su contribución para una vida normal, entonces, ¿por qué no lo cuidamos más?

Podemos seguir “viviendo” aunque el cerebro sufra anomalías severas, pero no si el corazón dejara de funcionar.

Esa pequeña bomba en nuestro pecho es un ejemplo maravilloso de trabajo al enviar todo el día y todos los días la sangre a través de nuestro cuerpo.

Genera tanta energía a diario que con ella podríamos remolcar un carro grande varios kilómetros; digno de un Récord Guinness.

Cuando está saludable y a pleno funcionamiento, el corazón late entre cien y ciento veinte mil veces al día, y él mismo se ajusta a las necesidades corporales en un momento dado.

Tristemente, los efectos de un corazón enfermo no se notan sino hasta que llega un infarto o una angina de pecho.

Por ello, es fundamental ocuparnos del corazón y seguir algunas pautas para tenerlo y mantenerlo saludable con acciones preventivas.

Es un refrán popular que nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde, y en muchos casos no valoramos nuestra salud sino cuando estamos padeciendo de algo.

En el caso del sistema cardiovascular, dicho descuido puede costarnos la vida o un padecimiento importante durante los años que nos queden.

El sistema cardiovascular está compuesto no sólo por el corazón, sino también por la sangre y los vasos sanguíneos.

La prevención sigue siendo la asignatura pendiente; por eso hoy queremos presentarte algunos tips que te ayudarán en este sentido.

Imagen en fondo blanco de un corazón con un estetocopio

Buenos hábitos alimenticios y cardiosaludables

No es nada más procurar una dieta balanceada, sino construir buenos hábitos alimenticios para comer adecuadamente y de forma ordenada.

Altos niveles de colesterol, obesidad e hipertensión constituyen la materia prima de las principales enfermedades del corazón.

Unos pocos ajustes en este sentido provocarán efectos positivos a corto plazo en el sistema cardiovascular, y en la salud en general a largo plazo.

Ni siquiera es absolutamente imprescindible el seguimiento de una estricta dieta o un complejo conteo de calorías, sino un verdadero equilibrio.

Por ejemplo, alguien dijo “que la mitad de tu plato sea verduras u hortalizas, y haz lo que quieras con el resto”, una norma aparentemente sencilla.

No sé si esto sea una regla infalible, pero ciertamente refleja una grandísima verdad: consumimos muy pocas verduras y hortalizas.

Para optimizar el funcionamiento del sistema cardiovascular es importante el consumo de fibras, presentes en legumbres y frutas; principalmente fresas y arándanos.

El aporte de las grasas “sanas” contenidas en frutos secos, aceite de oliva y algunas clases de pescado son también un elemento a considerar en nuestras comidas diarias.

No menos importante es limitar el consumo diario de sal, las bebidas alcohólicas, y el uso del cigarrillo (esto incluye fumadores activos y pasivos).

En cuanto a esto último es importante destacar que fumar aumenta el riesgo de trombosis y tiene un efecto altamente nocivo sobre el sistema cardiovascular y el respiratorio.

El chocolate negro, en dosis moderadas, es recomendado para prevenir frecuentes enfermedades del corazón; no del alma, como algunos piensan.

Chocolate en cuadritos. Tableta

Un estudio publicado por la revista Heart, enfatiza la necesidad del consumo moderado de chocolate negro para minimizar el riesgo de patologías cardiovasculares.

Equilibrio es la palabra clave para nosotros hoy; supervisar el uso para evitar el abuso. Y no solo en la forma de alimentarnos, sino en todas las áreas de nuestra vida.

Tu corazón te lo va agradecer cada segundo que vivas, y en consecuencia, todo tu cuerpo.

A dormir, corazoncito

Un estudio realizado por la European Journal of Preventive Cardiology demostró la incidencia del dormir bien en un corazón fuerte, aun en personas de la tercera edad.

Se llegó a la conclusión de que el dormir siete horas durante la noche provoca un mejor almacenamiento de calcio en las arterias, evitando problemas en las arterias coronarias.

Dormir bien minimiza la aparición de la hormona del estrés: el cortisol, disminuye la presión arterial, y en definitiva nos hace sentir mejor a nivel general.

Malos hábitos a la hora de dormir alteran las funciones básicas del cuerpo y aceleran patologías relacionadas al corazón; nuestro humor tampoco es el mejor.

Las alteraciones del sueño, cuando se vuelven un hecho recurrente, provocan la reducción del flujo de oxígeno y el aumento del ritmo cardíaco, instando a la hipertensión.

No basta con dormir las horas necesarias (entre siete y nueve), sino hacerlo en un estado de relajación y en completa calma.

Es más, los expertos en el tema coinciden en las bondades de la una siesta corta después de comer para favorecer dicho estado de relajación. El proceso digestivo es más fluido y la tensión arterial se normaliza.

Hasta ahora, hemos visto dos consejos básicos para mantener un corazón sano, fuerte, y rejuvenecido: comer bien y dormir mejor.

¿Podrías adivinar el tercero? Es fácil, huir de cualquier forma sedentaria de vida, moviéndonos un poquito.

Ejercitarse es aprender a moverse

No es un ningún secreto que si queremos mantener un sistema cardiovascular óptimo es necesario ejercitarse con frecuencia y disciplina.

El problema es que a veces no tenemos el tiempo, el hábito, o no conocemos (ni queremos conocer) una cardiorutina adecuada para nosotros.

Pero ejercitarse es también aprender a moverse, sí, a moverse con inteligencia cardíaca.

No siempre necesitamos ir en automóvil, tomar el bus, o esperar el taxi, pues caminar tiene innumerables beneficios y reoxigena el corazón de una forma extraordinaria; nos mantiene activos.

No olvidemos que el corazón es un músculo, y como tal, necesita entrenamiento; de lo contrario, se va atrofiando de a poco.

Caminar algunas cuadras es maravilloso para el sistema cardiovascular ¡y es hacer ejercicio!

Habituarse a subir por las escaleras, evitando el uso del ascensor de vez en cuando, es una rutina cardio que podemos adoptar.

¡Muévase más y ejercítese mientras hace sus quehaceres diarios! Corra un poquito desde la cocina hasta la lavadora, trote desde su habitación hasta la puerta de la casa, ¡muévase!

Salga por la tarde a dar un paseo corto en bicicleta y vaya a bailar por la noche; eso es también ejercitarse de forma divertida y natural.

Nadar, andar en bicicleta, trotar, correr, caminar, bailar, constituyen ejercicios aeróbicos que nos obligan a respirar más profundamente; ni hablar de las calorías liberadas durante la relación sexual.

El corazón responde bombeando más sangre, aumentando la frecuencia cardíaca y quemando más calorías mientras nos mantenemos sanos.

Esto refuerza el corazón y alarga nuestros días, pues está documentado que solo en Estados Unidos se producen al menos 250 mil muertes a causa de la poca actividad física.

Mención aparte, mantiene a raya la adrenalina y el cortisol, popularmente conocidas como “las hormonas del estrés”.

El estrés tiene una incidencia negativa en el sistema cardiovascular como muy pocos factores hoy en día; es un verdadero rompecorazones en el peor sentido de la palabra.

Si el objetivo es mantener saludable el corazón, el manejo del estrés negativo o distrés es esencial, pero, ¿cómo lo hacemos?

Antes de explicarlo, es importante aclarar que no todo estrés es malo para el corazón, ¡vamos a derribar ese paradigma ancestral! Existe un tipo de estrés positivo, el eustrés, que viene a ser un estímulo para afrontar nuestros retos diarios, típicos de esta era postmoderna.

Grupo de jovenes realizando ejercicios en baile

¡No al distrés! ¡Bienvenido eustrés!

El tráfico, llevar a los niños al colegio, preparar la comida, un jefe gruñón, alto ritmo de vida, ¿cómo no estresarse?

Más bien parece una utopía no pasar del estrés positivo o eustrés al estrés negativo o distrés en cuestión de momentos.

A veces vivimos el día a día de forma tan acelerada que olvidamos las serias repercusiones que esto trae sobre el corazón.

Los músculos están más tensos que de costumbre, el corazón late más rápido, aumenta la presión arterial y la frecuencia cardíaca, y en resumidas cuentas, el sistema cardiovascular tiene trabajo extra.

Un dato interesante señala a los lugares de trabajo y los hogares como agentes estresores por excelencia; me explico.

Es en estos sitios donde se producen la mayor cantidad de infartos, probablemente porque es ahí donde más tiempo pasamos a diario y existen mayores situaciones de estrés negativo.

Para buscar normalizar el organismo, el sistema nervioso segrega mayores niveles adrenalina y cortisol, corriendo el riesgo de una arteriosclerosis.

De igual forma, el colesterol comienza a inundar nuestra sangre, pudiendo provocarnos un infarto o cardiopatías menores.

Entonces, ¿qué hacemos? Si eres un observador atento te habrás dado cuenta que el color predominante en la naturaleza es el verde, ¿por qué?

Porque es un color que nos ayuda a reoxigenarnos cerebralmente, al equilibrio corporal, la armonía y la paz; ¿colorterapia? Tal vez.

Un paseo acompañado de una buena meditación, inmediatamente actúa como un relajante corporal, nos ayuda a hacer “higiene mental” y nos coloca de buen ánimo. }

Es como un desfibrilador natural el cual normaliza nuestro ritmo cardíaco y nos mantiene sanos, física y mentalmente

Escucho a alguien decir “yo no tengo tiempo para paseos”, muy bien, leer un buen libro, socializar un poco, ver una buena película, también contribuye a mantenernos relajados.

Un ejercicio fácil de hacer en cualquier momento y lugar es sentarnos durante diez minutos en silencio y concentrarnos en la respiración.

Sonría, que la vida es bella

Está demostrado científicamente que la risa es analgésica y cardioprotectora; es gratis y además un hábito con superpoderes para mantenernos saludables.

Sonreír activa el sistema respiratorio, el neurológico, y también el cardiovascular a través de ¡cuatrocientos músculos!

Las personas felices generan más endorfinas (la llamada “hormona de la felicidad”) y esa actitud alegre, manifestada en un continuo sonreír, actúa como un vasodilatador natural.

Por otra parte, la capa interior de los vasos sanguíneos, se relaja y disminuye la presión arterial y la circulación.

Un importante centro de estudios norteamericanos hizo una investigación donde comprobó que las personas menos dadas a sonreír están más propensas a un infarto.

Salomón, un gran sabio de la antigüedad, afirma en uno de sus proverbios “gran remedio es el corazón alegre, pero el ánimo decaído seca los huesos”.

El estado anímico flemático, entonces, es caldo de cultivo no solo para enfermedades cardiovasculares, sino también óseas.

Incluso, un agradable sentido del humor refuerza el sistema inmunológico y controla los niveles de azúcar en la sangre.

La risoterapia es cada vez en mayor medida una alternativa buena, bonita, y barata para la prevención de un buen número de enfermedades a nivel mundial.

Hombre haciendo gestos en su cara, avisando que está feliz

El miedo y el enojo son emociones estrechamente ligadas a frecuentes problemas cardíacos y digestivos.

La risa neutraliza la ira y nos ayuda a liberar el estrés negativo; en estos tiempos, el reír prácticamente se ha vuelto algo pasado de moda y hasta tonto.

¡Sonría! La vida siempre nos tiene reservado algún motivo para disfrutar, para celebrar el hecho de estar vivos.

Todos los días, si nos fijamos bien, hay miles de razones para sonreír, aunque todo nos invite a llorar. Como bien dijo alguien “la risa es la medicina del alma”.

Renuncia a ser un “analgésicodependiente”

La mayoría de las veces estamos tan habituados a los analgésicos que casi por cualquier cosa recurrimos a ellos, no exagero.

Desde un mal día, un cliente impuntual, y hasta algún imprevisto, muchas veces son razones suficientes para buscar esa pastillita que calme “el dolor” de nuestra rutina diaria.

Somos más propensos a cardiopatías leves cuando nuestros amigos en caso de dolor se llaman ibuprofeno, diclofenaco, o ketoprofeno.

Si bien es cierto, es algo leve, las probabilidades aumentan (y mucho) si se es fumador o se padece de sobrepeso; yo no me arriesgaría.

La Universidad de Berna, en Suiza, investigó a más de cien mil personas consumidoras frecuentes de analgésicos que pueden adquirir sin receta médica.

En el caso de las personas mayores de sesenta y cinco años, el riesgo de complicaciones cardiovasculares puede duplicarse e inclusive triplicarse.

La Sociedad Interamericana de Cardiología aclara que existen ciertos fármacos que pueden exacerbar la insuficiencia cardíaca y precipitar la muerte.

La causa es su toxicidad e incidencia directa sobre el miocardio a través de la retención de sodio y agua.

El uso indiscriminado de analgésicos, repito, sobre todo los de venta libre, se asocia con un mayor riesgo de sufrir trombosis arterial.

Esto no incluye, obviamente, el tomar alguna pastilla de vez en cuando, sino un consumo excesivo y dependiente.

De todas formas, el órgano más afectado del cuerpo humano por el uso (y abuso) de analgésicos es el corazón, sin duda.

Queriendo aliviar un dolor, corremos el riesgo de provocarnos otro y mucho más serio; sería peor el remedio que la enfermedad, dice el adagio popular.

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