Clasificación de los músculos: más que fuerza y flexibilidad

Clasificación de los músculos: más que fuerza y flexibilidad

Última actualización: 25-08-2018. Equipo Nutricioni

No es de extrañar que la estructura muscular haya sido ampliamente estudiada, tal que hoy todos han escuchado hablar de los bíceps, el trapecio o del músculo cardiaco, pero más allá de estos simples nombres, existe una serie de  clasificaciones en base a su estructura, forma y funcionalidad

Los animales son los seres vivos de mayor diversidad es el planeta, existiendo alrededor de millón y medio de especies descritas, mientras que las plantas, a pesar de su abundancia y de que a primera vista parecieran estar en todas partes, son aproximadamente unas 315.000 especies conocidas.

Una de las razones de este éxito es la capacidad de locomoción, es decir, poder desplazarse de un lugar a otro. Si bien existen animales sésiles (que no pueden moverse), como ocurre con las esponjas marinas, el 95 % de los animales sí lo hace, lo que ha originado una gran variedad de organismos que pueblan casi todos los hábitats terrestres.

El hombre no es la excepción, pues como mamífero cuenta con más de 800 músculos, que le permitieron en sus comienzos no sólo el desplazamiento de un lugar a otro, sino la búsqueda activa de refugio, comida y por supuesto, pareja reproductiva.

En la sociedad actual, a esta capacidad se le sigue atribuyendo una gran importancia, pues se hace mucho énfasis en mantener una mente y cuerpo saludables, donde la actividad física es el eje de todo un estilo de vida y en muchas subculturas existe todo un culto al ejercicio.

Ya sea para los amantes del ejercicio, los que buscan un estilo de vida equilibrado o para quienes simplemente desean conocer cómo se maneja su cuerpo, tener conocimientos básicos sobre la musculatura, ayudará a ser más crítico con el propio organismo, cómo cuidarlo y los beneficios de mantenerlo activo.

Pero… ¿qué son y cómo funcionan?

Los músculos son estructuras especializadas y pueden ser consideradas un tejido, cuyas células se diferencian de otras estructuras similares por su capacidad de contraerse y expandirse, lo que hace posible el movimiento.

Las células musculares o miocitos, (del latín, mio de músculo y cito de célula) cuentan con una serie de proteínas como la actina y la miosina, que le brindan elasticidad y fuerza a las fibras musculares capacitándolas para actuar tanto en el movimiento como en un tejido de sostén para otros tegumentos, capas grasas, vasos y nervios.

Cada fibra muscular es una célula que al agruparse forma los distintos músculos del cuerpo, los cuales variarán en volumen, forma, capacidad e incluso función.

El diafragma. por ejemplo, se encarga de ayudar en la expansión y contracción de los pulmones y  juega un papel muy distinto al de los músculos oculares, que permiten mirar en distintas direcciones.

En todo caso, cuando se habla de musculatura se habla de movimiento, pues participan en procesos que aunque requieren cierta movilidad, ni siquiera se sospechan, como ocurre con el control urinario, la contracción de las pupilas, el parpadeo, los movimientos intestinales, entre muchos otros.

Como se puede intuir, no puede controlarse de forma voluntaria toda la musculatura, sino que músculos como los del corazón funcionan de manera automática, mientras que otros como los de las piernas o manos, sí obedecen las órdenes conscientes.

Existen también casos donde la musculatura puede funcionar de ambas formas, por ejemplo, se puede decidir contener la respiración o realizar respiraciones más o menos profundas, sin embargo, también se sigue respirando automáticamente al dormir, así como también continúan los movimientos peristálticos del intestino, por citar algún otro.

No todos son iguales

Con aproximadamente 840 músculos en todo el cuerpo, es imposible pensar que serían todos de un solo tipo, menos aún con toda la gama de funciones que lleva a cabo el organismo y con el grado de precisión y habilidad que demuestra el humano al realizar, incluso, las actividades más simples.

La clasificación más integral y aceptada por especialistas se refiere a su estructura y tipo de funciones, separándolos en músculos estriados, músculos lisos y la musculatura cardiaca, siendo esta última distinta a cualquier otro tipo de musculatura.

La musculatura estriada es también conocida como esquelética y es porque en su mayoría se trata de los músculos asociados a los movimientos voluntarios y a la locomoción, los cuales se encuentran anclados mediante tendones a los huesos. Existen unos 650 músculos estriados en el organismo, conformando por tanto casi el 70% de la masa muscular total.

Las células de los músculos estriados se caracterizan por tener numerosos núcleos y su nombre, se debe a la apariencia (observada al microscopio) que adoptan las células, gracias a las fibras de actina y miosina que las conforman, proteínas que permiten la contracción y relajación del tejido muscular.

La imagen clásica de un músculo, es la del paquete de fibras musculares con un tendón en cada extremo, pero muchos músculos se dividen posteriormente, como ocurre con los bíceps o tríceps o cuádriceps, que como indica su nombre, se dividen en dos, tres y cuatro paquetes de fibras, cada cual con un tendón al final.

Los tendones no son más que un tipo de tejido conjuntivo que permite la unión entre el sistema óseo y el muscular. Los músculos están además inervados por cientos de conexiones nerviosas, que transmiten las órdenes y reciben la información muscular, como puede ser la fatiga o el dolor.

Los músculos estriados aportan casi la mitad del peso total del cuerpo y moldean la forma corporal, además permiten tanto el movimiento como mantener la postura cuando estamos inactivos, por lo que hasta estar sentados requiere el uso de los músculos.

Lo que el cuerpo hace sin que se entere

Los movimientos involuntarios implican, en su mayoría, actos reflejos como puede ser la contracción de la pupila o movimientos viscerales asociados a los órganos internos,  tanto al tracto digestivo como al sistema traqueal, el útero, los vasos sanguíneos, el uréter, los órganos sexuales y en general, al tejido muscular asociado a órganos como el hígado o el páncreas.

De todos ellos se encarga la musculatura lisa que a su vez se encuentra ligada al sistema nervioso autónomo. Este tipo de músculo no se soporta en el sistema óseo y, por tanto, no presenta tendones en sus extremos.

Las células de esta musculatura visceral se diferencian de las estriadas por la disposición de la proteína actina, que se encuentra como cuerpos densos en lugar de fibras alargadas, por lo que bajo el microscopio se ven lisos, además de que cuentan con un único núcleo, a diferencia de las esqueléticas que son polinucleadas.

Los músculos lisos en general no sufren de fatiga, pero tampoco pueden ejercitarse de manera directa, como ocurre con los músculos esqueléticos.

En resumen, es una musculatura de apoyo a los órganos y no dirigida a la locomoción, aunque estudios aseguran que pueden ganar de manera indirecta cierta tonificación a través de un estilo de vida activo.

En el sistema traqueal, esta musculatura recubre los bronquios ayudando al tránsito del aire hacia los pulmones; en los vasos sanguíneos colabora con la circulación de la sangre; en el tracto digestivo ayuda a movilizar el bolo alimenticio a través de los intestinos, y en el aparato urinario regula el esfínter y la contracción de la vejiga.

Durante el embarazo también cumple con una función de protección y sostén, ya que su gran flexibilidad permite que el útero se adapte para albergar al feto durante su desarrollo, por dos mecanismos: hipertrofia, que es el crecimiento de las células, e hiperplasia, que es el aumento en la cantidad de células de un órgano.

Al momento del alumbramiento, el miometrio o tejido muscular uterino, emite las contracciones que propician el parto natural y la posterior expulsión de la placenta. Una vez que concluye este proceso, el útero vuelve progresivamente a sus dimensiones originales, gracias a la increíble elasticidad de los músculos lisos.

El corazón y su musculatura especializada

El corazón se compone de un tipo de musculatura distintiva que no se encuentra en ningún otro órgano y que, a pesar de ser estriada, se comporta de forma autónoma como lo hace la musculatura lisa de otras regiones del cuerpo.

Su estructura difiere del tejido estriado en que las fibras proteicas no se disponen en paralelo, sino que se entrecruzan y, adicionalmente, sus células cuentan con un solo núcleo. El corazón genera impulsos eléctricos de manera rítmica que contraen y dilatan la musculatura, logrando el bombeo continuo de la sangre.

En condiciones normales, el corazón emite entre 60 y 100 contracciones por minuto, pero en situaciones de estrés, excitación o peligro, este número puede aumentar produciendo lo que se conoce como taquicardia y da esa sensación tan familiar de sentir el corazón acelerado, ante una exigencia física abrupta.

El miocardio es un tejido único que mucho insisten en decir que es una mezcla entre la musculatura lisa y estriada. El hecho es que tal especialización ha permitido el desarrollo de una bomba orgánica altamente eficiente, siendo un músculo que no sufre de calambres y que, bajo condiciones uniformes, no se fatiga.

Resulta también interesante que las células del miocardio no se regeneran, sino que durante toda la vida se tiene prácticamente el mismo número de células cardiacas que aumentan de tamaño con el crecimiento pero no se multiplican, como puede ocurrir con otros órganos y tegumentos.

Esto hace que sea de gran importancia cuidar el corazón. Cuando se sufre un infarto, parte del tejido muscular queda muerto o inactivo, siendo sustituido por un tejido grueso como el de las cicatrices que no cumple las funciones del miocardio, por lo que su funcionalidad se ve deteriorada.

Aun con sus diferencias estructurales, el músculo cardiaco puede entrenarse como el resto de la musculatura estriada, haciéndolo más resistente, fuerte y constante en sus pulsaciones, por lo que los ejercicios como trotar o manejar bicicleta son excelente para la salud del corazón, pues facilitan además la eliminación de grasas en el tejido cardíaco y arterial.

Los músculos y sus agrupaciones

Los músculos también pueden clasificarse por su forma, funciones locomotoras o incluso por su asociación con otros grupos musculares, por lo que existen variadas maneras de referirse a la musculatura.

Según su forma se pueden encontrar músculos fusiformes, que son alargados y engrosados en la región media, como los bíceps. Pueden ser peniformes, si los haces musculares salen laterales al tendón, por lo que adquieren una forma de pluma.

También pueden ser planos, como los que se encuentran en los pectorales o cortos, como los que se encuentran entre las vértebras. El tamaño también puede variar ampliamente, teniendo desde los enormes músculos de las piernas, hasta los pequeños músculos oculares, donde existen además músculos orbiculares, que tienen forma de anillo.

De la misma forma se encuentra una serie de términos designados según el movimiento que propicia cada músculo. Se llaman músculos abductores aquellos que alejan a las extremidades del tronco del cuerpo y músculos aductores los que los acercan.

Los músculos flexores, flexionan o retraen un miembro, mientras que los extensores los estiran; también se cita a los músculos rotadores, como ocurre con el romboides y el trapecio.

Como puede observarse, son muchas las formas en que se puede clasificar la musculatura y es que es un tema que da mucho para hablar y estudiar. La musculatura es la base de cualquier rutina diaria, por pequeña que ésta sea, pues hasta sonreír requiere de la coordinación de numerosos músculos faciales.

Muchos músculos, muchos cuidados

Cuando se habla de musculatura, de inmediato se piensa en el ejercicio pero no todas las actividades físicas sirven para todos los músculos, más aún después de conocer toda su diversidad y funcionalidad.

Quienes llevan a cabo rutinas de ejercicio de forma frecuente, especialmente quienes trabajan la fuerza y resistencia de sus músculos estriados, deben saber que estas rutinas deben ser alternadas, tanto para dar descanso y no dañar los músculos como para desarrollar los distintos tipos musculares de manera uniforme.

Los ejercicios cardiovasculares, por el contrario, sí pueden practicarse a diario, aunque por supuesto aumentando su intensidad de manera progresiva y no abrupta. Saber cómo ejercitarse es tan importante como el ejercicio mismo.

La musculatura como el resto del cuerpo, requiere además de nutrientes, proteínas, vitaminas y minerales, para cubrir todas sus necesidades metabólicas, por lo que no solo se trata de hacer ejercicio, sino de tener una rutina de salud completa.

El consumo de proteínas por ejemplo, es excelente para ayudar a ganar masa muscular, así como a reponerse y ganar resistencia más rápidamente, mientras que minerales como el calcio y el potasio se vinculan directamente con la contracción y relajación de los músculos, y su capacidad de respuesta ante las exigencias físicas.

Los suplementos como Mueve Grasa proveen al cuerpo de sustancias naturales que movilizan la grasa, favoreciendo la circulación y la actividad muscular.

Las vitaminas como la D por su parte, previenen el deterioro muscular y mejoran el rendimiento físico, mientras que la vitamina C facilita la recuperación de los músculos, luego del entrenamiento. Esta importante vitamina está contenida en Mueve Grasa.

Existe mucha información acerca de cómo tonificar y dar la forma deseada al cuerpo, especialmente para quienes adelgazan rápidamente o por el contrario, están ganando peso y desean frenar esta tendencia. Para controlar la pérdida de peso, Mueve Grasa asegura un proceso natural y sin efectos colaterales.

Mueve Grasa está formulado para las personas que deciden hacer cambios en su estructura corporal y coadyuva esas rutinas de gimnasio o dietas que tienden a la quema de grasa y, por ende, al adelgazamiento.

En resumidas cuentas, entender cómo funciona el cuerpo y trabajar a favor de su óptimo estado es más una cuestión de disciplina y de rutinas que algo complicado, por lo que no queda más que invitar a conocer, cuidar y disfrutar del cuerpo.

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