Cetogénesis, proceso maravilloso del cuerpo humano

Cetogénesis, proceso maravilloso del cuerpo humano

Última actualización: 11-10-2018. Equipo Nutricioni

La buena nutrición se traduce en buena salud, por ello es necesario preguntarnos si el fin justifica los medios y el verse bien está por encima del cuidado del cuerpo. Conozcamos un proceso muy peculiar de nuestro organismo denominado cetogénesis.

Las células de nuestro cuerpo necesitan de la glucosa para obtener energía y llevar a cabo normalmente sus funciones a diario, ¿qué pasaría, entonces, si nos quedáramos sin reservas de glucosa en la sangre?

El cuerpo activaría un “Plan B” de emergencia para poder mantener los niveles, al menos mínimos, de glucosa en el cuerpo, produciéndose la mencionada cetogénesis.

En palabras sencillas, el proceso es más o menos así: el hígado se da cuenta de los bajos niveles de glucosa y comienza a producirla por gluconeogénesis usando aminoácidos del tejido muscular y liberando cuerpos cetónicos para mantener activos el corazón y el cerebro.

Cuando el cuerpo entra en cetosis las grasas acumuladas en el organismo también sirven como recurso para generar combustible de emergencia.

Obviamente da la sensación de que esto es sólo un recurso del cuerpo para paliar una necesidad momentánea del cuerpo; no una estrategia del fitness, ni una novedosa oportunidad para quemar grasa y venderla como la dieta del momento.

Los cuerpos cetónicos son muy ácidos y aunque pueden temporalmente suplir la urgencia de mantener vivos nuestro corazón y cerebro, se corre el gran peligro de “acidificar” la sangre y causar daños permanentes en los tejidos y en el sistema nervioso central.

¿Qué tal si usamos un ejemplo cotidiano para clarificar todo este proceso?

Mi carro se quedó sin combustible

Usted puede tener un automóvil último modelo o uno de de viejo diseño, pero tanto uno como el otro necesitan de combustible. Sea gasolina, diésel, energía solar o eléctrica, es un hecho que sin este recurso no irá a ningún lado.

Si llevamos esta situación al concepto de cetogénesis el cuerpo humano sería el automóvil y la glucosa el combustible. Si el tanque se está vaciando, un mecanismo automático activará la reserva de gasolina como una forma de advertirle que urgentemente necesita recargar.

En este caso, dicho mecanismo sería el hígado y al activarse la reserva diríamos que empezó el proceso de cetosis en el cuerpo, suministrando más combustible a través de la cetogénesis.

Pero repito, este es el “Plan B” de las maravillas del funcionamiento del cuerpo humano, no un proceso para inducirlo a voluntad o para depender siempre de él.

Por eso es lamentable ver cómo hoy en día los gurús del fitness y de las pseudo dietas utilizan muchas veces estos procesos como un método para perder peso “rápido y fácil”.

Desde el punto de vista del marketing es bueno, bonito, y barato...Desde el punto de vista médico, es necesario sopesar los riesgosos efectos secundarios de dicha práctica.

Actualmente muchos expertos en el tema recomiendan dietas cuya base es la ausencia total de carbohidratos para obligar al organismo a buscar energías en la grasa acumulada en el cuerpo.

Esto provoca que el cuerpo entre en una “cetosis controlada” y empiece a perder peso rápidamente; sin embargo, es momento de preguntarnos: ¿y los efectos secundarios?

Dietas milagrosas ¿Mito o realidad?

Seamos honestos, buena parte de la sociedad de hoy es esclava de lo instantáneo. Comida instantánea, dinero instantáneo en los cajeros automáticos, bebidas instantáneas, y ese frenesí ha llegado también al sector salud: dietas instantáneas.

Cuando el hígado no encuentra glucosa empieza a producir cuerpos cetónicos para dirigir hacia el cerebro la poca glucosa que pueda recabar.

El problema se produce cuando el corazón y los músculos, en vez de nutrirse de glucosa, lo hacen de estos cuerpos cetónicos liberados por el hígado.

En dicho estado cetónico, paradójicamente, los ácidos pueden quemar de forma bastante efectiva el excedente de grasa, pero al mismo tiempo dañar el sistema nervioso central y dificultar la fijación del oxígeno en la hemoglobina.

Tristemente, algunos de estos casos se traducen en la muerte porque la sangre se ha acidificado de una forma irreversible.

No es esta una afirmación exagerada, incluso a partir del tercer día con una ingesta menor a 15 gramos de hidratos de carbono, el cuerpo comienza a reaccionar: mal aliento, constantes arritmias, náuseas, pérdida de calcio, olor corporal notablemente fuerte, entre otras. En términos de mantenerse saludable esto es muy serio.

El mediático nutricionista Fernando Díaz en su página de Facebook “Dietética Avanzada”, en cuanto al proceso de cetogénesis afirma con toda razón que esto no constituye la principal fuente de energía del cuerpo humano, sino un inteligente recurso del mismo.

Sólo en caso de enfermedad grave, muy mala alimentación, o algún otro caso de necesidad extrema, el mismo organismo actúa en consecuencia.

¿Dietas cetogénicas?

Con sus pros y sus contras, defensores y detractores, la dietas cetogénicas cada vez son más populares en el mundo del fitness y el deporte de alta competencia.

El objetivo es que el cuerpo dependa cada vez menos de la glucosa para generar energía y la procure en el excedente de grasa corporal; esto reeducaría el proceso metabólico entrenándolo para quemar más grasas en menor tiempo al entrar el organismo en cetosis.

¿En qué se basa una dieta cetogénica? Básicamente en minimizar la ingesta de hidratos de carbono y maximizar el consumo de grasas “saludables”.

Por ejemplo, el aguacate es una excelente fuente de grasa natural, o el coco en todas sus presentaciones.

De esta forma el cuerpo se ve obligado a usar de nuevo dichas grasas como principal recurso energético y va memorizando dicho proceso. Los defensores de este tipo de dieta afirman que no se practica solo para perder peso, sino para que el organismo desaprenda” y se reeduque, metabólicamente hablando.

Incluso van más allá al afirmar que las dietas cetogénicas son usadas con frecuencia para tratar con enfermedades como la epilepsia. Y hablo en plural porque existe una multiforme variedad de dietas cuyo fundamento es lograr que el cuerpo entre en cetosis para perder peso “de forma natural”.

Unas más estrictas que otras. Unas centradas en frutos secos, otras en hojas y brotes; las hay para todos los gustos y colores.

Sea como sea, la cetogénesis liberará cuerpos cetónicos en la sangre trayendo como consecuencia la disminución de la ansiedad y la sensación de hambre.

Glucosa vs grasa ¡Guerra energética!

La capacidad de adaptación del ser humano es sencillamente sorprendente.

Como regla general hemos acostumbrado nuestro cuerpo al dulce, que genera glucosa y esta a su vez, energía para el organismo. Sin embargo, ¿por qué no probar una alimentación rica en grasas naturales, frutos secos y readaptar al organismo a buscar otras fuentes energéticas?

A menos que tengas una carga anaeróbica diaria muy fuerte, la dieta cetogénica sin duda te ayudará a perder peso sacando la grasa de tu cuerpo de cualquier resquicio donde la encuentre.

Esa grasa se transformará con el paso de los días en tu nueva fuente de energía y tu cuerpo empezará a responder positivamente, siempre y cuando este sea un proceso controlado bajo la supervisión de un experto.

Esto no significa la exclusión y expulsión definitiva de los carbohidratos en nuestra vida, sino la reorganización del proceso metabólico para que este se convierta en nuestro aliado en vez de en un enemigo.

Es muy interesante el hecho de poder ampliar la capacidad de adaptación de nuestro cuerpo: si por una razón u otra mi ingesta de hidratos de carbono ha aumentado, que la glucosa aporte las energías necesarias.

En el caso contrario, si he reducido en buena parte el consumo de carbohidratos, que las grasas naturales me suministren lo que necesito para funcionar a tope.

Me seduce la idea de un organismo adiestrado para adaptarse a cualquier situación alimenticia que se le presente, quizá sean delirios nutricionales míos, pero ciertamente vale la pena intentarlo.

Cetogénesis, cetosis, cetonas, ¿esto es un trabalenguas?

Simplifiquemos esto sin volverlo un trabalenguas: mi corazón, mi cerebro, los músculos de mi cuerpo, necesitan diariamente una carga energética importante para funcionar correctamente; por ejemplo, solo el cerebro consume el 20 por ciento de toda la energía corporal de nuestro organismo.

Si el hígado no recibe las glucosas provenientes de los hidratos de carbono que ingresan al cuerpo producto de lo que comemos, comienza a proveérsela a través de la gluconeogénesis produciendo cetonas mediante la cetogénesis. Si esa situación persiste, el organismo entra en cetosis.

Fuentes expertas afirman que de hecho la cetosis es “el estado fisiológico ideal del cuerpo”, al no tener que depender exclusivamente del azúcar ingerido y proveer recursos de auto adaptación para el organismo.

Esto, en casos de enfermedades como la diabetes, o en situaciones de limitado acceso a los alimentos, es fundamental.

Paradójicamente, las bondades profesadas por los nutricionistas pro-cetosis no han sido comprobadas científicamente del todo y las ya verificadas no marcan una importante diferencia en cuanto a las dietas basadas en un alto consumo de carbohidratos.

Es innegable la cantidad de personas que testifican cuánto les ha ayudado la dieta cetogénica: pierden peso, controlan mejor el consumo de azúcar, se sienten más enérgicos, y en resumidas cuentas ha funcionado para ellos.

Posiblemente Otto Warburg, fisiólogo alemán acreedor del Premio Nobel por allá en los lejanos años 30, pueda ayudarnos a través de sus estudios a tener una mejor perspectiva desde el punto de vista médico de este proceso metabólico y su influencia en enfermedades de alta gravedad como el cáncer.

Cetogénesis y el “Efecto Warburg”

Warburg sugirió en sus investigaciones un postulado impactante: las células cancerígenas producen una energía de una forma diferente al resto de las células.

Por ello, una dieta alta en grasas y baja en hidratos de carbono, siempre según Warburg, podría provocar la parálisis y posterior destrucción de cualquier célula cancerígena.

En su hipótesis afirma que las células malignas necesitan doscientas veces más glucosa para sobrevivir en comparación al resto de las células, las benignas.

Cuando la glucosa comience a escasear en el cuerpo, estas células se debilitarían hasta desaparecer en una especie de quimioterapia natural; absolutamente sorprendente.

En ese mismo orden de ideas, el Dr. Jeff Volek, profesor en el Departamento de Ciencias Humanas de la Universidad del Estado de Ohio, afirma que: “esa es la siguiente frontera de las dietas cetogénicas, puesto que muchos tumores se alimentan es justamente de glucosa”.

Lamentablemente y por ahora son simplemente teorías; sin embargo, el estudio de las dietas cetogénicas brindan un hálito de esperanza para millones de personas en todo el mundo que poseen dicha patología.

Es indispensable seguir avanzando en estas investigaciones para corroborar en la práctica algo que teóricamente es un hecho: es posible la cura del cáncer a través de un plan alimenticio bajo en carbohidratos.

Es por eso que seas o no un amante del fitness, un atleta de alta competencia o una ama de casa, es necesario aprender a repensar la forma en cómo nos estamos alimentando. Lo ingerido hoy será nuestra sangre mañana y esa sangre es la que nos mantiene vivos; no nada más existiendo sino viviendo a plenitud.

Cetogénesis: el instructor del metabolismo

Entendiendo la cetogénesis como un proceso metabólico, es menester, entonces, aprender a usar nuestro metabolismo como un amigo de nuestra buena alimentación.

Pasar de quemar glucosa/azúcar a recurrir a los lípidos como fuente de energía, y además que lo haga de forma natural.

Si le suministramos a nuestro cuerpo el combustible correcto, el metabolismo actuará en consecuencia, el cuerpo se irá adaptando y las expectativas de vida sin duda aumentarán.

En este sentido, sea una dieta cetogénica o no, lo recomendable es lograr un equilibrio entre el consumo de hidratos de carbono y grasa natural.

En conclusión, dicho equilibrio siempre es un buen consejero, mucho mejor que las modas de la dieta del momento o de lo que le funcionó a tal o cual persona. De la mano de un experto, asesórese en cuanto a cómo comer para vivir y no vivir para comer.

¿Qué es lo que funciona para mí?, ¿cómo se siente mi cuerpo al disminuir los hidratos de carbono? Son preguntas obligadas para aquellos deseosos por alimentarse de mejor manera. Nuestro cuerpo nos lo va agradecer y tendremos derecho a vivir mucho. Un pensamiento final a manera de reflexión: “comer bien es también respetarnos a nosotros mismos”.

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