Ansiedad y estrés ¿cuál es la diferencia entre ambos?

Ansiedad y estrés ¿cuál es la diferencia entre ambos?

Última actualización: 26-08-2018. Equipo Nutricioni

La ansiedad y el estrés son dos términos que se encuentran relacionados pero que no son lo mismo.

Existe una tendencia  frecuente a confundir ambas palabras, a continuación, verás las diferencias. 

Ambos conceptos tienen en común los síntomas de la activación fisiológica, pero se diferencian en la frecuencia, duración e intensidad de dichos síntomas. La ansiedad es una respuesta fisiológica de alarma que nos permite prepararnos para escapar o luchar cuando se nos presenta una amenaza.

Asimismo existe la ansiedad justificada, que es causada por estímulos que realmente nos demandan el escape o la huida, y la ansiedad patológica.

Por otra parte, podríamos definir el estrés como el proceso de activación fisiológica que tiene lugar, como consecuencia de la consideración de una demanda externa y la percepción que tenemos con respecto a los recursos que tenemos disponibles para afrontarla.

Si percibimos que los recursos que tenemos disponibles son insuficientes para cubrir la demanda, entonces surge el estrés.

Cabe acotar, que en este caso nos estamos refiriendo al estrés patológico, ya que también hay un tipo de estrés que es normal y adecuado. Este se produce en situaciones en las cuales realizamos la evaluación que acabamos de describir, pero el resultado de la valoración es positivo.

En estos casos, el estrés es una activación que lejos de ser perjudicial, produce inclusive una potenciación de conductas que nos ayudan a afrontar las demandas del contexto.

En el caso de la ansiedad adecuada, la intensidad de la misma es acorde a la situación y termina con la misma. Sin embargo, cuando hablamos de ansiedad patológica, nos referimos a interpretaciones de peligro que no son reales, en las cuales los niveles de ansiedad son altos. Cuando la ansiedad es muy intensa, se puede llegar a padecer de ataques de pánico.

La duración de la ansiedad patológica también llega a ser alta, manteniéndose aún después de que la situación ha acabado.

En el estrés, la intensidad del mismo, es acorde con la relevancia de la demanda y es inferior a la de la ansiedad patológica. El estrés tiende a finalizar cuando la demanda externa ha terminado, lo que nos permite volver a nuestro estado normal.

¿Por qué razón tengo ansiedad? Descubre las causas que originan la ansiedad

A continuación, mencionaremos algunos de los factores que pueden explicar la ocurrencia de los ataques de ansiedad.

Las causas son variadas. Sin más preámbulo hablemos sobre ellos. 

La influencia genética es uno de estos factores. Puede existir una predisposición genética que haga que tengamos una mayor tendencia a ser más ansiosos. Esto no quiere decir que si tenemos familiares que sufren de ansiedad, seremos obligatoriamente ansiosos.

Lo que quiere decir es que en caso de tener familiares cercanos que padecen de ansiedad, hay una probabilidad más alta de que se desarrolle en nosotros.

Otro de los factores que puede ser un causante de la ansiedad tiene que ver con un estilo educativo sobreprotector. Cuando un individuo es sobreprotegido durante la crianza, se desarrolla en el mismo una mayor vulnerabilidad.

Uno de los factores que puede influir en la manifestación de la ansiedad, es la susceptibilidad de la persona a este trastorno. Hay personas que son más propensas a desarrollar ansiedad, ya que su estilo perceptivo y sus moldes de pensamiento tienden al temor y al fatalismo.

Las interpretaciones apocalípticas de los hechos que suceden en la cotidianidad, aumentan la probabilidad de ocurrencia de la ansiedad. Acá cabe bien el dicho “pensar bien… sentirse bien”.

El pensamiento negativo tiene una relación bastante estrecha con la preocupación y los ataques de ansiedad.

La ocurrencia de eventos estresantes también puede disparar la ansiedad, sobre todo si la situación generadora de estrés ha sido mal manejada. El ataque de ansiedad puede producirse durante el evento o inclusive después del mismo.

La falta de estrategias para el afrontamiento de situaciones estresantes, puede ocasionar que poco a poco se vayan elevando los niveles de preocupación. Hasta llegar al punto en el cual se pierde el control de la misma, provocando ansiedad en el individuo.

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¿Cuáles son los síntomas de la ansiedad?

Los síntomas de la ansiedad pueden manifestarse a nivel fisiológico, a nivel cognitivo y a nivel conductual. Por lo general, estos signos se presentan de forma combinada.

A continuación, te damos a conocer dichos síntomas. Esperamos que la información que encontrarás en las siguientes líneas te sea de utilidad.

A nivel fisiológico, los signos que se presentan son: sudoración palpitaciones aceleradas del corazón, tensión muscular, sequedad en la boca, náuseas, mareos, dolores de cabeza, alteraciones del sueño (dificultad para dormir o dormir demasiado), cansancio y reacciones de sobresalto.

El individuo puede manifestar cuadros de diarrea o estreñimiento y malestar de estómago, problemas sexuales, tensión en el cuello y la mandíbula, dificultad para tragar, cansancio y fatiga. También puede producirse un aumento de peso o pérdida del mismo.

A nivel conductual, el individuo tiende a mostrarse agitado y nervioso (intranquilo con movimientos repetitivos como rascarse, tocarse, entre otros) verbaliza la causa de su preocupación de forma reiterativa, se muestra acelerado e irritable.

En ocasiones puede llegar a llorar o a mostrarse desesperado y maldiciente, puede quedarse paralizado y tartamudear. Caminar de un lado a otro sin una motivación precisa, evitar las situaciones temidas, fumar, comer o beber en exceso.

Es común en algunos individuos, el uso del alcohol o drogas para relajarse.

A nivel cognitivo, los signos más comunes son sensación de no poder concentrarse, pensamiento enlentecido, dificultad para tomar decisiones, pensamientos negativos hacia sí mismo y hacia los demás.

También se manifiesta temor a la pérdida de control, pensamientos reiterativos de preocupación, temor, miedo, entre otros.

Conociendo el trastorno por ansiedad generalizada

El trastorno por ansiedad generalizada es conocido por varios nombres: Ansiedad, neurosis por ansiedad o ansiedad crónica, son algunos de ellos.

Este trastorno se presenta cuando hay una ansiedad excesiva, temor y preocupación durante la mayor parte del tiempo y de manera continua durante un periodo de al menos 6 meses.

Este malestar viene acompañado de al menos 3 de los siguientes síntomas: inquietud, irritabilidad, alteraciones del sueño, dificultad para concentrarse, fatiga y tensión muscular.

En muchas ocasiones, la ansiedad coexiste con la depresión mayor, compartiendo a la preocupación como principal conector.

En la actualidad se están realizando estudios para encontrar la razón de dicha conexión y saber si es posible diferenciar ambos desórdenes de forma evidente y puntual.

En la población en general, hay una prevalencia del 5% a lo largo de la vida, encontrándose que las mujeres tienen una mayor tendencia a verse afectadas por este trastorno, pero se ha encontrado que la mayoría de ellas, no acude a consulta a tratar su condición.

30% de los pacientes refieren sus síntomas antes de los 11 años y  50% de los pacientes refieren sus síntomas antes de los 18 años. Estudios genéticos indican que la herencia determina la manifestación de este trastorno en un 30%.

No se reconoce una etiología clara, sin embargo, se utilizan varias hipótesis enfocadas en los neurotransmisores (catecolaminas, indolaminas) y la psicología del desarrollo.

Se dice que los factores de riesgo asociados a este trastorno tienen que ver con los antecedentes familiares, el aumento del estrés, presencia de trauma físico y emocional y enfermedades médicas.

Sus síntomas y signos son los siguientes. Los pacientes manifiestan trastornos de sueño, especialmente insomnio. También afirman sentirse preocupados y ansiosos todo el tiempo, al punto que su preocupación llega a tornarse excesiva.

Se presenta mucha tensión muscular, sobre todo en el área de los hombros y el cuello. Hay dificultad para concentrarse, fatiga, dolores de cabeza frecuentes, desórdenes gastrointestinales.

Con una frecuencia bastante alta, tienen otros trastornos como distimia o depresión mayor y abuso de sustancias.

¿Sabías que hay varios tipos de estrés?

Cuando hablamos de estrés, es posible distinguir la existencia de distintos tipos del mismo. Sigue leyendo para que conozcas cuáles son y cuáles son sus características.

Hay 2 tipos diferentes de estrés. El estrés agudo y el estrés crónico. 

El estrés agudo es aquel que ocurre en un plazo corto y desaparece en poco tiempo. Suele darse en situaciones de emergencia y peligro, en las cuales es necesaria una reacción rápida. También se le conoce como estrés normal.

El estrés crónico se manifiesta cuando el estrés agudo se prolonga en el tiempo. La intensidad va reduciéndose poco a poco, pero la duración se extiende, lo que provoca problemas notorios en la salud del individuo que lo padece. También se le llama estrés patológico.

Aparte de estos tipos, el estrés también puede clasificarse en positivo o negativo. Esta clasificación se hace de acuerdo con las sensaciones y emociones que tienen lugar.

Así, podemos hablar de distrés para referirnos al estrés negativo, en el que se presentan respuestas negativas. Suele darse cuando el individuo realiza interpretaciones en las que no vislumbra la posibilidad de superar la situación por no poseer la capacidad.

Esto produce irritabilidad y aumenta los niveles de ansiedad.

Por otra parte, hablamos de eutrés, que es el tipo de estrés que evoca una respuesta positiva y sensación de bienestar. Se manifiesta cuando el individuo realiza interpretaciones en las que vislumbra la posibilidad de superar una situación y percibe que esta le es favorable.

Otro tipo de estrés que puede encontrarse en la bibliografía, es el estrés post-traumático, que es aquel que sucede luego de que una persona ha experimentado algún tipo de acontecimiento traumático y/o aterrador, como un desastre natural o un accidente.

Como consecuencia de estas experiencias negativas, el individuo comienza a tener de manera frecuente, cadenas de pensamientos de miedo, temor y preocupación, relacionados con la situación que vivió.

Este tipo de estrés tiene prevalencia en individuos de todas las edades. Los niños y las mujeres tienen una mayor tendencia a sufrirlo.

Además, en la bibliografía se encuentran reseñados los casos de estrés laboral, los cuales están asociados al síndrome llamado burnout.

¿Qué problemas de salud puede desencadenar el estrés?

El estrés negativo, patológico, mejor conocido como distrés, puede desencadenar una variedad amplia de problemas de salud. Ahora veremos cuáles son esos problemas y las diferentes áreas en las que se manifiestan.

Los síntomas y signos del estrés afectan la salud de forma real. La magnitud del daño, es directamente proporcional al nivel de estrés que padezca la persona y a sus características individuales.

A mayor duración e intensidad del estrés, mayor daño a la salud general del individuo se producirá. El daño tiene lugar, aunque el individuo no se dé cuenta de ello.

La persona puede pensar que la culpa del insomnio frecuente, el dolor de cabeza persistente o la disminución de su productividad y eficiencia laboral sea una enfermedad distinta al estrés. Pero en realidad, éste es el responsable real que está detrás del o los malestares que se presentan.

Los síntomas del estrés pueden afectar el cuerpo, los pensamientos, las emociones y la conducta. El reconocimiento de los signos asociados a la presencia de estrés es una herramienta de gran utilidad para afrontarlo.

En el cuerpo, el estrés puede producir dolor de cabeza, dolor de pecho, malestar estomacal, desórdenes gastrointestinales, tensión y dolor muscular. Así como fatiga, disminución del deseo sexual, trastornos de sueño, aumento de la presión arterial.

A nivel cognitivo, suelen presentarse pensamientos fatalistas y catastróficos, desesperanza, pensamientos de temor e incapacidad y frustración.

En el estado de ánimo, el estrés puede ocasionar ansiedad, falta de concentración, falta de motivación, irritabilidad, ira, agitación, agobio, tristeza y depresión.  

En cuanto a los efectos del estrés en la conducta, podemos encontrar los siguientes comportamientos: arranques de ira, retraimiento social, verbalización frecuente de quejas y temores, abuso de alcohol y drogas.

Además de eso, pueden presentarse signos como consumo compulsivo de tabaco, aumento o disminución abrupta de las porciones de comida, disminución de la respuesta sexual.

La solución a la problemática planteada se refleja en un cambio de estilo de vida. Mejorar los hábitos de descanso, realizar ejercicios, vigilar nuestros pensamientos, y tener una dieta saludable, ayuda a reducir los niveles de estrés.

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