Alimentos orgánicos: el regreso al origen

Alimentos orgánicos: el regreso al origen

Última actualización: 29-09-2018. Equipo Nutricioni

Los alimentos orgánicos, cuyo nombre se deriva del latín organicus, son productos obtenidos bajo procedimientos libres de químicos.

Son alimentos donde no se han realizado procesos de radiación, ni utilizado organismos genéticamente modificados o transgénicos, y donde el cuidado del entorno es sumamente importante para lograr su certificación definitiva.

Lo fundamental de este tipo de alimentos se refleja en los procesos, ya que implica una ruptura con las prácticas habituales de cultivo, lo que propicia mejoras en los proceso de producción.

Ni pesticidas, ni herbicidas, fertilizantes o abonos que sean sintéticos, intervienen en los métodos que van desde el inicio de la producción hasta la manufactura.

Claro está, que las granjas orgánicas utilizan pesticidas. La diferencia es que sólo usan de origen natural, por ende el riesgo será menor al comer alimentos orgánicos.

A la hora de ejecutar este emprendimiento los productores aceptan y acuerdan las estipulaciones de este tipo de cultivo y se comprometen para lograr pasar las pruebas con los más rigurosos estándares.

Contra el efecto invernadero

Una de las prácticas que se torna decisiva en el cuidado del suelo es la rotación de los cultivos, ya que no permite la degradación de la tierra y la pérdida de nutrientes. La producción agrícola orgánica también influye positivamente en la reducción del efecto invernadero, al trabajar sobre la retención del carbono en la tierra cultivada.

Se observan los tiempos de desarrollo de las plantas, cereales y frutas, logrando obtener mayores concentraciones de minerales y de vitaminas.

Muchos aspectos positivos encontramos en el ámbito pecuario. Se destaca el respeto al animal en crianza, al uso de forrajes orgánicos que están exentos de pesticidas, productos químicos y de residuos de otros animales como balanceados.

Los animales crecen sin estrés, evitando el excesivo encierro y la falta de movilidad, amén de la superpoblación, los antibióticos, etcétera.

En general, lo más ventajoso de los alimentos orgánicos es, sin lugar a dudas, la notoria ayuda al medio ambiente, impidiendo que se contaminen los suelos y los terrenos, la calidad del producto final y su incidencia sobre la salud humana.

El auge de los alimentos “no tóxicos”

A raíz de la globalización y el alcance de la información inmediata, los productos orgánicos se han vuelto más conocidos y consumidos.

Este comportamiento ha alcanzado picos de preferencia en las mesas de hogares y establecimientos. Innumerables restaurantes de comida orgánica en diferentes lugares del planeta han abierto sus puertas obteniendo fama por su estilo.

Entre los más conocidos están: Nat, en Alemania, que en vista de su buen resultado pretende extenderse por el resto de Europa con 34 franquicias; Whole Foods en Nueva York, Estados Unidos, ciudad donde el 65 por ciento de los habitantes sufren de sobrepeso, y donde esta cadena de restaurantes promueve de manera intensa la comida saludable con una multiplicidad de productos orgánicos.

También podemos mencionar Blynk, en Carolina del Norte, que además de comida orgánica contribuye con el medio ambiente, reduciendo el uso de desechos sólidos e implementando materiales verdes en el diseño del restaurante, con pisos de bambú y pintura natural sin tóxicos.

Obviamente no es fácil sustituir la comida rápida por la orgánica, sin embargo, en esta tendencia que busca maneras naturales de alimentación se pueden tener opciones diversas como: sándwiches, wraps, frutas, barras nutritivas, sopas, ensaladas, jugos, cafés y tes, que convertirán el hecho de comer sano, un placer.

El interés es cada vez mayor en el consumo de comida orgánica, por su variedad de platos y la cantidad de personas que se han unido a esta tendencia. Personajes reconocidos, como las actrices Vanessa Miller, Julia Roberts, Christina Aguilera, entre otros, se han unido a este estilo alimenticio.

Especialistas aseguran que gran parte de la responsabilidad del auge del consumo de lo natural, es la mala propaganda que recientemente han adquirido los alimentos convencionales. Estos últimos se han relacionado con enfermedades crónicas como diversos tipos de cáncer, diabetes, accidentes cerebro vasculares, insuficiencias orgánicas de diversa índole, además de la obesidad, como uno de los grandes males de la época actual.

Beneficios para la salud de la alimentación orgánica

Los beneficios de la alimentación orgánica van más allá de la moda. La salud, mermada por el consumismo de las décadas pasadas, se refresca con los nutrientes hallados en perfecta armonía en los productos libres de contenido sintético.

A pesar de que las cosechas, en el caso de las verduras, son más pequeñas, su composición es más pura e inocua. Su sabor, color y aroma que son de la mayor calidad están llenos de vida, lo cual permite redescubrir el verdadero gusto de los alimentos originariamente no procesados.

Situaciones similares suceden al criar ganado sin violencia, en libertad, lo cual genera una carne más magra porque tienen menos grasa intramuscular y con mayor cantidad de vitamina E.

No sufren de contaminación biológica, como puede ser el Mal de las vacas locas (encefalopatía espongiforme bovina), la fiebre aftosa, la intoxicación con Escherichia coli (famosa en hamburguesas industriales), ni salmonelosis (en huevos y aves), ya que las certificadoras controlan la trazabilidad en los ganados.

La trazabilidad es el conjunto de procedimientos técnicos que permite identificar y registrar a un animal desde su nacimiento hasta el final de la cadena de comercialización, en sus distintos cortes y subproductos.

Estudios, como por ejemplo el de la Soil Association, efectuados con seres humanos y animales alimentados con comida orgánica, demuestran efectos reales sobre la salud; y las terapias alternativas del cáncer han logrado buenos resultados basándose en el consumo exclusivo de alimentos orgánicos.

Las mayores ventajas de consumir alimentos orgánicos se reflejan en que tienen muchas más vitaminas, minerales y antioxidantes que los productos convencionales. Protegen tanto la salud del consumidor como la del agricultor. Son productos rigurosamente certificados, lo que asegura al consumidor una completa satisfacción.

Pero al final el gran beneficio de los alimentos orgánicos es que están absolutamente libres de residuos químicos. No están permitidos los aditivos y conservantes (salvo los naturales), plaguicidas ni fertilizantes, tienen menos o nulos residuos de medicamentos veterinarios, no contienen hormonas, ni metales pesados (presentes en suelos y aguas) y no pueden ser irradiados.

Es importante tomar en cuenta  que entre más larga sea la fecha de vencimiento de un producto empacado, mayor es la cantidad de preservantes que posee. Estos preservantes son químicos que alargan la vida de estos productos y que si podemos, debemos evitar.

La recomendación general es tratar de consumir estos productos en la medida de lo posible, y aunque tengan un costo más alto se deben considerar como una inversión en la salud de la familia a largo plazo.

Más calidad, mayor precio

En cuanto a la economía los alimentos orgánicos suelen ser más costosos, ya que no se producen a gran escala como en los cultivos convencionales.

Es muy difícil lograr producir alimentos que estén totalmente libres de pesticidas, debido a que en los suelos éstos permanecen largos periodos de tiempo en cantidades insignificantes o pueden contaminarse de suelos próximos a ellos.

Los procesos de selección de semillas para una mejor producción son mucho más lentos que el uso de transgénicos.

Conseguir alimentos certificados implica costos más altos y tiempos más largos.

No todos los rubros se encuentran a la disposición del consumidor, debiendo recurrir éste a lo convencional. Si bien en los últimos tiempos la oferta se fue ampliando, difícilmente se encuentre toda la gama de productos necesarios para una alimentación íntegramente orgánica.

Al no utilizar conservantes ni aditivos los productos tienen una menor duración, presentando signos de descomposición en tiempos sensiblemente más cortos que los elaborados tradicionalmente. Se necesita más mano de obra para cultivar plantas y criar animales sin la ayuda de fertilizantes, pesticidas y drogas.

Existe una menor oferta global puesto que el traslado de grandes distancias de un producto genera una contaminación ambiental, injustificada para las políticas orgánicas. En algunos casos la cadena de distribución también permite fomentar engaños, haciendo pasar un producto tradicional por uno más saludable.

Por todo ello tener un producto marcado como “no tóxico” implica costar el doble para el productor y el consumidor. Muchos agricultores que cultivan orgánico no pueden permitirse el lujo de que sus productos sean certificados, por el precio.

El valor añadido de comprar un producto auténtico, que cuide el ambiente, que  permita el bienestar de los animales, encarece los presupuestos semanales.

La legalización en países productores

En la actualidad se producen todo tipo de alimentos bajo protocolos orgánicos: carnes, huevos, miel, aceitunas, azúcar, yerba mate, te, café, legumbres, frutas, hortalizas, vinos, aceites, lácteos, con toda la variante de derivados y formas de comercialización, por ejemplo, congelados, conservas, dulces, etcétera.

Es decir, toda la producción agropecuaria y su correspondiente agroindustria.

Para obtener la certificación cada establecimiento debe seguir y respetar pautas específicas, entre otras:

  • Mantener la biodiversidad. El cauce de los ríos, la calidad del agua, la capa de carbono de la tierra, la flora y fauna originarias, es decir, las características y equilibrios naturales de cada lugar.
  • Libre de químicos sintéticos. No están permitidos los pesticidas, herbicidas ni los transgénicos; las hormonas y antibióticos.
  • Está prohibido el encierro y el maltrato animal.
  • Se usa fertilizante orgánico para los vegetales.
  • Producción sustentable. Se busca el equilibrio ecológico y un sistema de producción socialmente justo. El agente debe trabajar en un medio sano y con un mejor sistema de distribución de la riqueza.

Ahora, desde el punto de vista legal un producto orgánico es aquel que está certificado por una autoridad competente. En la mayoría de los países no hay leyes que regulen el uso de los alimentos orgánicos.

Esta ausencia de leyes y reglamentaciones tampoco le da al consumidor garantías de que el alimento que se vende como orgánico, realmente lo sea y también está expuesto a que comerciantes inescrupulosos vendan algo que realmente no lo es. En Argentina, la Cámara de Certificadoras nuclea a las empresas habilitadas por el estado para tal fin.

El gobierno de los EE.UU se encuentra en camino de promulgar una ley. Esta definiría los productos orgánicos en cuatro categorías:

  • Ciento por ciento orgánicos: son aquellos productos sin ingredientes no orgánicos.
  • Orgánicos: para los productos con un 95 por ciento de los ingredientes de tipo orgánico.
  • Hechos con productos orgánicos: para los productos realizados entre un 50 y 95 por ciento con ingredientes orgánicos.
  • Productos con menos del 50 por ciento de los ingredientes orgánicos: se deberá especificar en cada ingrediente que sea orgánico.

Ésta legislación permitiría clarificar los conceptos y el consumidor podría tener la opción de escoger.

Un ambiente más natural es más orgánico

Al consumir alimentos de tipo orgánico no sólo propiciaremos la baja de la tasa de mortalidad en nuestros países, sino que contribuiremos a tener un entorno más natural y limpio para disfrutar de esa calidad de vida.

Es una clara evidencia para lograr la certificación en un producto al que se le llame orgánico, el hecho de que ha sido cultivado con pautas ambientales que demandan un equilibrio ecológico.

La agroindustria debe ser sustentable y al mismo tiempo noble con la biodiversidad. Es por ello que las ventajas para el entorno natural son muchísimas, entre ellas:

No utilizan pesticidas, estos no van al suelo donde nacen los alimentos y, por lo tanto, no contaminan. Estos químicos pueden afectar de forma negativa la tierra ya que son difíciles de eliminar.

Ahorran agua, porque se utilizan sistemas de regadío inteligentes y no se desperdicia el vital líquido. Esto ayuda a repartir los recursos y a evitar sequías y otras consecuencias del uso indiscriminado del agua.

Mejoran la salud del suelo gracias a la rotación de cultivos, una práctica muy útil para evitar acabar con los minerales que utilizan determinados tipos de alimentos.

Contaminan menos, ya que para su producción no se necesita utilizar fuentes de energía no renovable, como pasa cuando se cultivan a gran escala.

No utilizan grandes explotaciones ni maquinaria contaminante para sembrar o recoger los frutos, sino que se hace a una escala más pequeña. Esto también contribuye a mejorar la economía de zonas menos beneficiadas y que, con el crecimiento de las empresas que explotan el suelo, han perdido oportunidades de negocio

Muchas prácticas utilizadas por la agricultura orgánica, como la labranza mínima, la devolución de los residuos de las cosechas al suelo, la utilización de cubiertas vegetales y la mayor integración de leguminosas contribuyen a la fijación del nitrógeno, incrementan la devolución de carbono al suelo, lo que eleva la productividad y favorece el almacenamiento del nutriente.

Fuentes consultadas:

https://www.helpguide.org/es/articulos/alimentos-saludables/alimentos-organicos.htm

http://www.alimentacion-sana.org/informaciones/novedades/organicos1.htm

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