Actividades para el estrés: ¡a renovarnos y desestresarnos!

Actividades para el estrés: ¡a renovarnos y desestresarnos!

Última actualización: 17-01-2019. Equipo Nutricioni

Nuestro trabajo, los compromisos sociales, ejercitarnos, respetar nuestros ratos de ocio, complacer las expectativas de nuestros padres, la presión social… Uff, estas actividades para el estrés, ¿lo generan o se supone deben combatirlo?

Definitivamente, nuestro ritmo de vida puede ser muy agobiante, y en ocasiones, lo que hacemos para contrarrestar el estrés, puede terminar generándolo.

Es algo así, como cuando nuestras vacaciones son tan intensas, que necesitamos unos cuantos días de descanso, para reponernos de todo lo que hicimos durante ellas, antes de volver a trabajar.

¡Así de acelerados somos!

Sabemos que el estrés es una sensación de tensión o sobrecarga emocional o física, a veces de ambas, que nos afecta sobre manera, dependiendo de las demandas de la circunstancia, y de los recursos con los que contemos para enfrentarla.

Puede ser causada por infinidad de situaciones, pensamientos o acciones que nos enfurezcan, nos pongan nerviosos o nos frustren.

Ante ellos, cualquier desafío o peligro inminente, nuestro cuerpo reacciona positivamente para resguardar la integridad.

Reaccionamos ante el estrés liberando hormonas, que mantienen nuestro cerebro alerta, tensionando los músculos, y acelerándonos el pulso.

Para que el riego sanguíneo permita a las células, tomar la energía que necesite y huir al peligro.

Al tratarse de eventos de poca intensidad y corta duración, resulta positivo que aprendamos a enfrentarnos a estas circunstancias adversas, protegernos, y salir fortalecidos.

Debemos ser capaces de adaptarnos a múltiples condiciones, pero si no contamos con herramientas para solventar los desafíos, éstos no superarán.

Nos estresaríamos de tal forma, que nuestro cuerpo y mente reaccionarían negativamente.

Otra versión muy diferente, es cuando esta condición perdura en el tiempo, ya que la tensión constante perjudica enormemente nuestro bienestar, si estamos alerta incluso cuando nada nos amenaza.

El constante estrés, puede subirnos la tensión arterial, causarnos diabetes, generarnos insuficiencia cardiaca, ansiedad que a su vez nos impulsa a comer demás.

Aumentamos de peso, lo que puede deprimirnos y bajar la autoestima.

Por si fuera poco, al estar estresados nuestra piel se desluce, nos surge el acné, las mujeres pueden ver alterada su menstruación, y si sufrimos alguna enfermedad puede empeorar.

Tipos de estrés

Como podemos apreciar, existen dos tipos de estrés basados en su duración e intensidad, con efectos diferentes en nuestro organismo.

Inicialmente contamos con el estrés agudo, que se presenta a corto plazo, desapareciendo rápido y sin mayores repercusiones.

¿Quiénes no lo han sentido al discutir con su pareja, frenar el auto de forma repentina, o tener que cumplir con una fecha límite en el trabajo?.

Con ello aprendemos a sobrellevar, y controlar situaciones de conflicto, aunque también podemos estresarnos ante algo emocionante o nuevo.

Pues en definitiva, todos en muchos momentos de nuestras vidas, hemos estado levemente estresados, y siempre respondemos de maneras diferentes.

El otro tipo de estrés, es el de larga data y mayor vehemencia, apareciendo cuando por ejemplo, vivimos en peleas frecuentes con nuestra pareja, tenemos dificultades laborales, o nos falta el dinero.

Al permanecer estresados por varias semanas o meses, padecemos un estrés crónico, y podemos acostumbrarnos de tal manera a ello, que no nos damos cuenta de que es un verdadero problema.

La buena noticia, es que no todo es siempre negativo,  según las impresiones o emociones que estimula, el estrés puede clasificarse como distrés o eustrés.

El primero nos genera una reacción adversa, cuando creemos que no somos capaces de sobresalir a la amenaza, lo cual nos irrita y nos pone ansiosos.

Pero el eustrés, impulsa nuestras reacciones positivas, con sensaciones de bienestar y satisfacción, pues estamos convencidos de que la circunstancia nos favorece.

Lamentablemente, el patrón actual de estructura social, económica y profesional, está cambiando la cronicidad del estrés, en una contrariedad demasiado usual.

Su incidencia, es aproximadamente de uno de cada 3 habitantes de países desarrollados, o en vías de desarrollo, que ven afectada su salud a causa de este mal moderno.

Realmente, una estadística demasiado alarmante, tomando en cuenta el perjuicio a nuestro bienestar.

Cuando nuestro cuerpo se queja

Es muy factible, que el estrés altere nuestra salud emocional, física y conductual, aun cuando estemos tan inmersos en esas circunstancias, que no asociemos los trastornos al estrés.

Así entonces, comenzamos a notar fallas en nuestra memoria, estamos dispersos con dificultad para concentrarnos, nos duele la cabeza con regularidad, pero creemos que todo esto se debe a dormir mal, o debemos usar anteojos.

Identificar los signos de estrés correctamente, nos permite actuar sobre su manejo y control.

Por ejemplo, si no padecemos alguna enfermedad que normalmente cause tensión, o dolor muscular, fatiga, y dolores en el pecho, debemos considerar el estrés y sus secuelas.   

Fisiológicamente, también notamos periodos con estreñimiento o diarrea, nos duele el estómago, sentimos dolencias generalizadas y habituales, perdemos o ganamos peso.

Nuestra mandíbula y cuello se tensan, nos duele la cervical por la rigidez cumulada, comenzamos a tener problemas sexuales, como baja libido o falta de erección.

Padecemos de insomnio o por el contrario, dormimos demasiado, tenemos un sueño muy ligero que no nos recarga las energías perdidas.

Sus efectos sobre nuestro estado de ánimo, agrupan la agitación, sentirnos cansados, con muy poca voluntad, nuestro humor se torna muy irritable, ansiosos, agobiados e iracundos.

La tristeza y depresión se hacen latentes, y nos mantenemos desmotivados a realizar las actividades que solíamos disfrutar.

Inclusive, como una manera de escapar a los problemas generadores de estrés, es probable que optemos por el consumo de alcohol y algunas drogas, que nos permitan relajarnos.

De esta forma, nuestro comportamiento indica que no contamos con los recursos necesarios, para manejar el trance.

Tendemos a comer en exceso, comidas muy procesadas, grasosas y altas en azúcares, como una forma de obtener energía de las calorías, pero éstas resultan vacías, y sólo nos hacen ganar peso, con las consecuencias negativas que todos conocemos.

En ocasiones por el contrario, la angustia nos quita el apetito, nos alimentamos mal y mantenemos un círculo vicioso de falta de voluntad y ánimos para ejercer nuestras tareas cotidianas.

Nos retaremos socialmente, dejamos de ejercitarnos con frecuencia o por completo, comenzamos a fumar, o lo hacemos con mayor asiduidad.

¿Qué nos estresa?

Podríamos decir, que las causas del estrés pueden catalogarse como personales, debido puntualmente, a que todos respondemos de diferentes maneras ante las circunstancias estresantes.

Tantos escenarios positivos como negativos, tienen la facultad de alterar nuestra tranquilidad física, mental o emocional.

Los estresores, son estímulos, escenarios, contextos o situaciones que nos causan estrés, impactando nuestra cotidianidad.

Existen entonces, los llamados sucesos vitales menores: contrariedades diarias que perturban nuestro acontecer, promoviendo nuestras emociones negativas.

Un claro ejemplo de ellos, es un accidente automovilístico menor, que amerite dejar el auto en el taller, complicándonos la ida al trabajo.

La virosis de un hijo, que nos obligue a buscar una niñera o alguien que lo cuide, para poder cumplir nuestros compromisos, es otra clara muestra.

Mientras los sucesos vitales mayores, son condiciones que cambian drásticamente nuestras vidas, como el matrimonio, divorcio, una grave enfermedad, un nuevo bebé, o perder un ser amado.

Los estresores crónicos menores, por lo general suelen desatar nuestra tensión, pese a ser elementos inocuos y normales.

Tal es el caso, de los ruidos originados por una obra cercana a nuestra casa u oficina, temperaturas extremas en nuestro sitio de trabajo, o un interminable atasco en el tránsito.

Otra clasificación es el estrés traumático, abarcando condiciones en las que nuestra supervivencia, o la de quienes nos rodean, corre peligro tácito.

Esto puede suceder en una guerra, una catástrofe natural, o una epidemia.

Una misma circunstancia, no necesariamente representa un estresor, o nos afecta con igual magnitud a todos, ni siquiera en todos los contextos o periodos de nuestras vidas.

Son varios los componentes, que determinan si un hecho es desencadenante del estrés: la manera en que enfrentamos los problemas o los negamos, si los aplazamos o nos auto controlamos, resiste varias secuelas en la apreciación del estrés.

Como evaluamos un evento, y los recursos que tenemos para enfrentarlo, nuestro estilo para reaccionar ante lo que nos exige esforzarnos.

La cantidad y calidad de las relaciones con las que contamos, nos permiten amortiguar o amplificar el efecto de los estresores, y dado el caso, pedir ayuda o consejo.

Actuemos para controlarlo, no para avivarlo

Una vez identificamos lo que sucede, y acertamos a catalogarlo como estrés, debemos tomar medidas contundentes para controlarlo, y no permitir su avance.

Sondear varias estrategias para manejarlo, y ver las que mejor nos funcionan, de seguro repercutirá en beneficios a nuestra salud.

Cabe señalar, que debemos consultar a un especialista si nos sentimos abrumados por la tensión, o nuestro bienestar se ve afectado: sentimos vértigo, palpitaciones, respiración acelerada, no controlamos el miedo, o nuestro desempeño se anula, entre otras señales.

Pero cuando no llegamos a esos extremos, hay sencillas actividades y actitudes que podemos adoptar para relajarnos, según de la disposición que tengamos para lograrlo.

Entre las tantas maneras que tenemos para des estresarnos, el soñar despiertos o pensar en nuestras metas y sueños, para tomarnos un instante de relajación, mitigará nuestro estrés.

La medicina alternativa, beber infusiones de manzanilla, pueden aligerarnos la tensión del cuerpo y la mente.

Dedicar un fin de semana a desconectarnos de todo: leer un buen libro, un baño con agua tibia y burbujas, consentirnos con una larga siesta, reunirnos con amigos o ver una película.

Reírnos un largo rato, escuchar buena música, bailar como si nadie nos viera, cantar a rienda suelta aunque desafinemos, son simples acciones que liberarán nuestra tensión acumulada.

Otra efectiva actividad, es atender nuestra mascota o jardín, el centrar nuestra atención en ellos, nos hará olvidar nuestros problemas, o tal vez apreciarlos desde otra perspectiva.

Escribir una lista de cosas, que deseamos realizar a mediano y largo plazo, promoverá la jerarquización de prioridades, organizar nuestra vida y liberar estrés.

Dejar de lado el computador, o cualquier equipo electrónico que nos robe el tiempo y la ecuanimidad es primordial, aunque sólo sea por un par de horas.

Aunque podemos usar la tableta o el teléfono, para jugar un rato con nuestra app preferida, o ser de la vieja escuela y resolver crucigramas, sudoku o sopas de letras.

Las manualidades también son una excelente opción, si no sabemos dibujar podemos tomar clases, o dedicarnos a la carpintería, todo lo que nos permita despejar nuestra mente, y regocijarnos con nuestros logros.

Cuando el trabajo nos angustia

Permanecer sentados, o cumplir con nuestra rutina por 8 horas continuas, es cosa de locos.

Nuestro régimen mental, emocional y físico, debe renovarse cada hora y media como mínimo, para evitar que el estrés se muestre de diversas y desagradables maneras.

Así, ¡no terminaremos lanzándole el pisapapeles a nuestro jefe!, pues nuestro humor será irritable, nos mostraremos aletargados, confundidos, indecisos, o actuaremos como robots.

Por ello, muchas empresas han adoptado una tendencia a crear salas de juego, actividades relajantes, reposo o pausa activa, o eventos al aire libre donde participan todos sus empleados.

Para poder rendir en nuestras labores profesionales, podemos usar audífonos para escuchar nuestras canciones favoritas, e incluso tararearla en voz baja.

Realizar una pausa activa, en la cual, durante pocos minutos, estiremos nuestros músculos, respiremos profunda y lentamente con los ojos cerrados, y nos conectemos con nuestro yo interior.

Durante esa pausa, podemos también visualizar la culminación del importante proyecto, la celebración de un ascenso, o lo que estimule nuestra motivación por el trabajo.

En nuestro tiempo para comer, salgamos de la oficina y respetemos el tiempo de descanso, si nos es posible vayamos al parque o plaza más cercana, para ver algo más que las paredes de la oficina.

De hecho, la simple acción de comer reduce nuestro nivel de estrés, más aún si se trata de un alimento que nos encante, siempre que no sea comida chatarra.

Al estar agobiados y no sentir que avanzamos en nuestra tarea, practiquemos un vaciado mental, borremos nuestra mente, reseteemos nuestro cerebro y comencemos de nuevo.

Tratemos siempre de tener la mente abierta a nuevas perspectivas, para no centrarnos en aquello que nos estanca y nos frustra.

De practicar estas recomendaciones, notaremos que el cumplir con nuestras labores cada día, será una experiencia agradable, y alejaremos el estrés de nuestro lugar de trabajo.

Nuestro hogar, zona libre de estrés  

Luego de un arduo día de trabajo, traspasamos la puerta de nuestra casa, nos quitamos los zapatos, dejamos las llaves en cualquier lugar, y nos tumbamos en el sillón.

Exhalamos fuerte nuestra tensión, y apreciamos todas las oportunidades que tenemos por delante, para descansar, divertirnos y relajarnos antes de dormir, ¡mañana será otro día!

¿Qué tal una sesión de yoga o taichi?, seguramente en internet podemos encontrar una clase para seguirla sobre nuestra alfombra.

El meditar sobre lo bueno y lo malo que nos pasó durante el día, puede facilitarnos el superar la ansiedad, equilibrar nuestras emociones, y aumentar la creatividad.

Además, podremos medir la verdadera magnitud de los eventos, tal vez exageramos nuestra reacción, o le dimos más importancia de la que en realidad tiene.  

Nada mejor que un masaje para distender nuestros músculos, sintiendo como la tensión abandona nuestro cuerpo, y si nos lo da nuestra pareja, puede ser el preludio de una excitante velada.

Miremos fotografías o videos de esos momentos tan felices, mientras comemos chocolate o cotufas, recordemos anécdotas, ¡riamos a carcajadas!, cambiemos nuestro ánimo.

Reírnos de lo que nos ocurre, es una terapia para separarnos emocionalmente de los problemas, nuestro cerebro libera oxitocina, la hormona de la felicidad, y tendremos una agradable sensación de bienestar.

Una rutina previa a acostarnos, que involucre un baño, aplicarnos cremas para humectar nuestra piel, un vaso de leche tibia o una copa de vino, puede ser muy acogedora.

Claro está, dormir toda la noche logrando un sueño reparador, nos recargará las baterías, y si en la mañana tomamos un nutritivo desayuno, estaremos listos para enfrentar el día.

¿Y si nos vamos a la playa, la montaña, o un parque?, contemplar la naturaleza, respirar aire puro, dar largas caminatas, nos dispersará las cosas agobiantes de la mente.

Escojamos un lugar donde nos sintamos libres, que nos deje conectarnos con la belleza del paisaje, y respirar tranquilidad, para que nuestro organismo metabolice la paz.

Podemos además, acompañar la equilibrada nutrición con un suplemento como SupraEnergía, para ayudar a que nuestro metabolismo, se adapte a los estresores y reaccione favorablemente.

La herramienta natural y efectiva

Debemos procurar mantener nuestro cuerpo en condiciones óptimas, que le permitan resistir los embates de la angustia o ansiedad.

Si lo hacemos mediante las propiedades de elementos naturales, como vitaminas, minerales, y aminoácidos provenientes de hierbas y plantas, potenciaremos sus efectos.

Por ello consideramos que los ingredientes de SupraEnergía, nos proporcionan variados beneficios que directa e indirectamente, nos permiten contrarrestar los dañinos efectos del estrés en nuestra salud.

Entre sus componentes encontramos la L-tirosina, un aminoácido relacionado con la estructura de casi todas las proteínas que nuestro cuerpo utiliza.

Resulta imprescindible para optimizar la calidad de nuestras proteínas, y el estrés, la falta de sueño, intenso trabajo, o una alimentación deficiente, promueven su deficiencia.

Muchos son sus aportes a nuestro bienestar, pero destacan su potencial para aliviarnos la depresión, mejorar nuestro ánimo, memoria, concentración y rendimiento muscular.

La tirosina interviene en la producción de la adrenalina, combate el estrés, vigoriza nuestro rendimiento, y nos ayuda a conciliar el sueño.

Además de ella, SupraEnergía incluye la raíz de Astrágalo en su fórmula, cuyas propiedades han sido aprovechadas desde hace muchas décadas, por sus efectos antioxidantes.

Esta planta es ideal para combatir el cansancio, la fatiga, mejorar los trastornos cardiacos, fortalece nuestro sistema inmunológico, alivia los dolores estomacales y las alteraciones intestinales, entre tantos otros aportes.

Como hemos reiterado, el estrés puede generar diversas enfermedades muy peligrosas, por lo que este suplemento incluye la albahaca sagrada, reconocida por sus cualidades anti estrés y adaptogénicas.

Mientras que se encarga de reducir el estrés, previene sus patologías asociadas, como la fatiga crónica, o la hipertensión.

Igualmente fortalece la salud cardiovascular y respiratoria, nuestro sistema digestivo, contrarresta el resfriado común u otras virosis, el funcionamiento del tracto urinario, entre otros beneficios.

Otra extraordinaria sustancia hallada en SupraEnergía, es el panax gingseng con infinidad de aportes a nuestro bienestar.

Por sólo nombrar algunos, nos promueve la concentración y la coordinación de movimientos, reduce el azúcar en sangre, regula nuestra respuesta al estrés emocional, mental, físico, y la química cerebral.

Nos reduce la ansiedad, estabiliza la fabricación de las hormonas suprarrenales, nos desintoxica el hígado y acrecienta nuestra resistencia a las gripes y resfriados.

Para finalizar, no nos queda más que relajarnos, pues nos merecemos disfrutar la vida a plenitud.

Los días rudos no pueden quitarnos la sonrisa, así que des estresarnos depende de nosotros, y practicar las herramientas que aprendimos hoy, es una excelente estrategia para lograrlo.

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